Julio

Cumplidos apenas los 5 años ya sabía muchas cosas. Bien porque sus padres sostenían buenas relaciones, bien porque la escuela estaba al lado de su casa, desde donde podía oírse nuestras voces estudiando a coro los ríos, los faros, las ciudades.
A la escuela no se podía ir hasta los 6 años. La ley es la ley. Más Julio, debido a la vecindad, algún rato se colaba en las clases para saludar al maestro, que por cierto se llamaba también Julio, Don Julio. Julio era entonces un niño rubio, espigado, muy lúcido de piernas y brazos, y por sus ojos claros asomaban siempre la luz y la sonrisa. Trataba muy bien los cuadernos y los libros, no porque supiera leerlos, sino porque ya se daba cuenta de que en el corazón de ellos había dibujos y renglones con algo de musicalidad. Le gustaba, sobre todo, aquello de los sistemas bético y penibético, ríos y carreteras, no porque supiera discernir unos de otros, que no lo sabía, pues sabido es que a los cinco años, sin haber asistido a las clases, el cerebro, por muy despierto que se halle, no da para tanto. Sin embargo, él gozaba, tieso delante de la muchachada, explicándonos aquellas cosas que él sabía de memoria; y cuando más hablaba, más adentro se metía en aquello que, además de contar, cantaba.
Era gozoso oírle decir a viva voz, erguido y algo embarullado, como si estuviera leyendo, los cabos de la Península. Los sabía de carrerilla; más, al llegar a los gallegos, cuatro en aquellos libros de hojas pálidas por el tiempo, se olvidaba siempre de Toriñana y Finisterre. Pero no de la música, espacio que el tarareaba, complementaba, en forma de sonsonete por aquel viaje sentimental que era una delicia y más cuando llegaba mundo adelante a San Martín y “La Abuela” en Alicante.
Nuestras ruidosas y nunca malintencionadas carcajadas no conseguían desbaratar el itinerario que él contemplaba con sus ojos estallando de felicidad, seguro y solitario por aquella costas desconocidas.

Raimundo Lozano Vellosillo

Imágenes para un retablo

Actividades Agosto del 2017

Estimados socios, volvemos a ponernos en contacto para comunicaros los actos que tenemos previstos realizar en el mes de Agosto. Desde la junta directiva de la Asociación Cultural y Gastronómica “Club Barderas del Moncayo” deseamos que sean de vuestro agrado y pedimos la máxima participación para fortalecer los lazos de unión y amistad entre nuestros asociados. También pedimos a los interesados en participar que aviséis con antelación a la Junta de vuestra asistencia a los actos programados al teléfono 644 13 55 26 o al correo de la Asociación barderasdelmoncayo@gmail.com
Estas actividades se realizaran siempre que haya un mínimo de personas inscritas.
Se pide a las personas que tengan intención de asistir a la excursión a San Millán de la Cogolla y Logroño que lo comuniquen lo antes posible a la Junta Directiva para así poder hacer las reservas pertinentes.

 

Entrevista a Eva Martinez en El Heraldo de Soria

El pasado  día 9 de Junio publicamos el documental sobre Torrubia de Soria, realizado por la socia Eva Martínez. En la edición de ayer, 10 de Julio, en la sección La Contra de El Heraldo de Soria, sale publicada una entrevista que le hicieron a Eva, entre otras cosas habla de que es lo que le vincula a  Torrubia de Soria y las motivaciones que tuvo para la realización del documental.

Esta es la entrevista integra realizada por Alba Jiménez Aranda.

“Un día es como otro día, hoy es lo mismo que ayer. Estos versos del poema “Hastío” de Antonio Machado inspiraron a la catalana Eva Martínez Aguayo a realizar un documental en el que ha querido mostrar el paso del tiempo en el municipio de Torrubia de Soria comparando fotografías antiguas de diferentes puntos con planos actuales.

<<El objetivo es que cada uno saque sus propias conclusiones>>, explica Martínez, una joven de 23 años que cursa cuarto de Comunicación Audiovisual en la Universidad Autónoma de Barcelona y que `veranea´ en Torrubia de Soria al proceder su padre del municipio.

Con imágenes antiguas de los años 50 hasta los 80 que los vecinos habían digitalizado, Martínez realizo este documental en Semana Santa.  <<Tras la recolecta de fotografías hice un circuito que comienza en la carretera para después adentrarse>>, destaca. En los cuatro minutos de documental puede apreciarse la antigua parada del tren y otros lugares característicos como la iglesia de San Miguel Arcángel.

A los planos les acompañan los sonidos típicos del pueblo que pueden escucharse cada día, desde los cantos de los gallos hasta las campanas. <<Quería utilizar el sonido propio del lugar para que el espectador saque sus propias conclusiones y se fije en lo que se está diciendo de forma fiel a la realidad. Además, al ser de Barcelona es lo que más contraste me genera>>, comenta.

El documental puede verse en el canal de YouTube de Martínez, `Eva Maag´ bajo el titulo `Documental Torrubia de Soria. Un día es como otro día; hoy es igual que ayer´. En esta plataforma la catalana comparte <<un poco de todo para ir mejorando>>, aunque suma más de 17.060 visualizaciones a sus contenidos entre los que también hay otros videos sobre la localidad soriana rodados en verano.”

ALBA JIMÉNEZ ARANDA

A Serafín

Serafín se ha marchado. La vida está siendo muy cruel con los amigos. Vaya racha. Cuántas vivencias hemos tenido juntos en Torrubia de Soria, en nuestro pueblo. Para mí eras algo más que un amigo eras parte de mi familia. Cuánto has trabajado siempre en el campo y cuantas horas has dedicado a tus ocupaciones favoritas.  Es difícil encontrar más dedicación, ya desde niño, al campo y a tus ovejas.

Todo ello, es una parte que se completa con el cariño dedicado a tu mujer Pili y a tus hijos Javier, Ana y Sergio. A ellos queremos abrazar en éste muy duro momento y decirles que no te has marchado. Que tu espíritu está aquí junto a ellos y que desde el cielo estás guiando sus esfuerzos y apoyándoles cómo has hecho siempre.

En la Asociación Barderas del Moncayo perdemos un miembro muy querido y rogamos por ti, para que siempre nos acompañes y puedas ayudarnos a defender todos los valores que representamos. Queremos trabajar para potenciar y mantener nuestra cultura e historia del pueblo  que nos vio nacer, crecer, enamorarnos y  tener unas hermosas familias. Siempre perdurarás en nuestra memoria y verás que nuestro cariño hacia ti es grande. Descansa y disfruta de una merecida paz.

 Avelino Gaya

LA HISTORIA DE NUMANCIA PARA FORASTEROS

Gracias a los amigos de “Sorialeaks” podemos entender de una manera clara, amena y sencilla la historia de Numancia.

“Numancia era la capital de la Celtiberia, que era una región de cuando todo esto era campo. Que los sorianos no nos independizamos porque nos da pereza hacer un referéndum y ponernos a contar papeletas pero esto ya era una nación mucho antes de que los reyes católicos empezaran la catequesis. Nos llamaron celtiberos porque estábamos entre los celtas y los íberos, que es como si ahora a los de Zamora les llamásemos “portuñoles”, pero es que en aquella época eran más prácticos y no se comían la cabeza poniendo nombres.

Vivíamos tranquilos a nuestras cosas de numantinos como era cuidar el ganado, pintar en vasijas o meterle tres goles al Barça en cuartos de la copa del rey, y de vez en cuando también nos íbamos por ahí por Hispania buscando bronca porque en aquella época era lo que se estilaba para pillar cacho; que tu le llevabas a una celtíbera una rosa roja y te la estampaba en la cara pero te plantabas en la puerta de su casa con tres o cuatro cabezas de enemigos y se ponía más contenta que el barbas de bricomania con un cheque regalo en Leroy Merlín .

Y nada, ahí andábamos los numantinos a a nuestras cosas hasta que a los de Segeda, que eran vecinos nuestros, les dio por hacer bricolaje en la aldea pasándose por el arco del triunfo el tratado que se había firmado con Graco, y claro los romanos, que eran muy especialitos con esto de las reformas, empezaron: que si no son formas, que a quien le habéis pedido el permiso de obra, que si esta muralla no cumple con la normativa ISO MXII… y se cabrearon y decidieron castigar a nuestros primos de Segeda que de buenos eran tontos y que vinieron llorando a nuestra casa.

Claro, nosotros que éramos como el primo macarra que fuma porros y va con moto, dijimos que a ver qué era eso de tocar a la familia y que si tan chulos eran que nos veíamos a las tres y cuarto a la salida del cole y ahí empezaron las famosas guerras celtibéricas.

Por culpa de esta movida ahora todo el mundo celebra el año nuevo en enero, porque antes los romanos empezaban el año en marzo que era cuando nombraban al cónsul, pero como se conoce que no tenían madres que les dijeran “Llévate una rebequita por si refresca” cuando sus tropas llegaban aquí se jodían de frío. Por eso decidieron hacerlo el 1 de Enero para llegar cuando hacía bueno y a tiempo para los sanjuanes.

Al primero que mandaron desde Roma a intentar ponernos firmes fue a Nobilior, y como los romanos tenían perras se trajeron hasta elefantes para eso del factor sorpresa. Que nosotros cuando los vinos llegar pensábamos que eso era el famoso circo romano porque tenían payasos, elefantes y además entre que Nobilior era bajito y que al lado tenía a uno con plumas dijimos “pues mira, Ángel Cristo y Bárbara Rey”. Pero no, se conoce que ese despliegue era para lo de la conquista.

De los diez elefantes que traían les matamos a tres. El primero nos costó, todo hay que decirlo, porque matar un bicho de 6500 kilos a pedradas te cansa más el brazo que quedarte sólo en casa con 15 años y el canal playboy en abierto, pero ya luego le cogimos el truco y vimos que con dos piedras valía. Lo que hacíamos era apuntar a los agujeros de la trompa, tapárselos, y al rato el bicho se ponía morao y caía.

Esto en Roma nos les hizo mucha gracia, no porque fueran ni animalistas, ni veganos, ni nada de eso, sino porque no estaban acostumbrados a que les tosiera nadie y menos unos de un pueblo que no sabían ni donde estaba.

Como lo de Nobilior no había cuajado le dieron la baja y mandaron a Claudio Marcelo, que como lateral derecho dejaba mucho que desear, pero que era más majo que las pesetas y llegó en plan: “pero hombre, que tampoco hay que ponerse así, que las cosas se solucionan hablando, que es que vosotros los numantinos tenéis más peligro que el bautizo de un gremlin…” y como nos pilló en el día bueno, nos fuimos a tomar unas caelias y acabamos todos abrazados, cantando el “Uxama patria querida” y firmando la paz.

El buen rollo duró unos años pero un día tonto de estos que los niños están revoltosos y tu abuela está todo el rato “pues fíjate estos romanos que al final se salen con la suya… que mira lo que van diciendo por ahí de vosotros… pues tu prima está casada con un lusitano y eso sí que son hombres de verdad, que les han plantado cara y además su jefe el Viriato ese sí que es guapo, tiene pelazo, y dicen que le van a hacer una serie de televisión y todo” y, claro, se nos peló el cable y volvimos a la gresca.

Entonces empezaron a desfilar generales y ejércitos romanos por aquí que esto parecía el casting de Ben-Hur un día que hace bueno, pero entre que nos llegaban cansados del viaje, que jugaban fuera de casa y que nosotros éramos los messis de la bofetada… pues no nos duraban ni un asalto.

Todo iba normal hasta que en el año 134 A.C., como en el senado romano estaban más decepcionados con sus tropas que Maradona cuando fue a visitar el Castillo de Coca, decidieron volver a nombrar cónsul a Publio Cornelio Escipión Emiliano que, además de un dni muy largo, tenía fama de buen estratega y que había sido campeón de Risk del Imperio Romano cuatro años seguidos.

Cuando Escipión llegó a la Celtiberia los puso firmes a todos, contrató un preparador físico italiano muy bueno, y echó a Casillas que se estaba cargando el vestuario, pero como aun así no las tenía todas consigo pensó que la mejor manera de derrotarnos era rodear la ciudad de campamentos romanos, no dejarnos ir a comprar al Carrefour de la época (que pillaba en las afueras) y así, cuando estuviéramos desmayados de hambre ya nos entregaríamos nosotros solos sin correr el riesgo de que le calentásemos el hocico.

Aguantamos casi un año tirando de lo que teníamos guardado en la despensa y comiéndonos hasta el brócoli del hambre que teníamos, pero al cuarto bote de melocotón en almíbar que tuvimos que abrir dijimos que esto no podía ser y que había que hacer algo.

Como la campaña “apadrina un numantino” no dio sus frutos entre los otros pueblos de la zona porque decían que el dinero luego no llega, que se lo quedan las ONGs y, que “a ver si se van a enfadar los romanos estos conmigo”, tuvimos que tomar una decisión drástica.

Quedamos todos en la plaza del pueblo y decidimos que eso de los romanos de no querer pelear estaba muy feo, que a chulos no nos ganaban los ‘sorbespaguetis’ esos y que, como lo de ser esclavo estaba muy mal pagado, que una mierda pa’ ellos. Así que quemamos la ciudad para que no le pudieran llevar al emperador ninguna vasija de “estuve en Numancia y me acordé de ti” y nos fuimos matando nosotros mismos que había más confianza.

Luego se conoce que fue portada de todos los periódicos de la época y los romanos alucinaban contando nuestra historia, y así fue como Numancia pasó a ser la segunda ciudad más nombrada en los textos romanos después de la propia Roma.

De eso ya hace 2150 años, o lo que es lo mismo: dos Jordis Hurtado, pero el espíritu de aquellos numantinos sigue vivo y, aunque ahora también nos tengan aislados e incomunicados, seguro esta tierra resurgirá otra vez de sus cenizas. Las cenizas de Numancia.”

A mi amigo Pin

Hace ahora un año que nos dejaste y todos los que te conocimos, sentimos una enorme tristeza, porque tu ausencia es difícil de llenar y de llevar. Todos sabíamos de tu enorme bondad y amor, por tu familia, por tus amigos, para los que siempre tenías tiempo, para pasar un buen rato.

Bajar del coche y pararte a hablar, en la calle Real, en la calle del Medio, en la Plazeta o en el huerto de las chicas de Soria, donde siempre somos bien recibidos y hacer una pequeña pausa en el quehacer diario, para contar anécdotas de la infancia, de la escuela, del maestro, del cura, incluso haciendo planes de futuro que tan trágicamente se han truncado y con ellos se han ido, tantas ilusiones…Muchas veces me pregunto porque suceden tantas injusticias, como la de perder a un buen amigo.

Por eso te pido que nos guardes un lugar, para que en un futuro, a fin de cuentas todos somos tiempo, nos volvamos a reencontrar, con tu alegría, tu cariño, tu amistad.

Resérvanos un sitio a tu mesa, donde poder almorzar unos huevos fritos con torreznos, que desde que te fuiste, los almuerzos no saben igual.
Cuida especialmente de tu mujer, hijos, nietos, y a todos tus seres queridos, para que puedan seguir el duro camino que la vida les ha puesto por delante.

Tu recuerdo es algo que pervivirá en nosotros para siempre, nunca nadie nos lo podrá arrebatar, gracias por tu amistad solo podemos decir que rogaremos al señor para que nos guarde un lugar a tu lado.

 

Yolanda y José Carlos

SORTEO DEL VERANO 2017

Y este año, rifamos “una bicicleta eléctrica plegable”. El sorteo se hará en combinación con las tres últimas cifras del sorteo de la ONCE del próximo día 20 de agosto de 2017.

La bicicleta es como la de la fotografía y está valorada aproximadamente en 500 €. Las participaciones las podéis solicitar a los miembros de la junta directiva. Cada participación lleva tres números para el sorteo y cuestan 5 €, que irán destinados a actividades de la Asociación y a mejoras en nuestra Parroquia.

Mucha suerte a todos.

 

Modelo Kruger

Plegable.
Batería de 24V 10A.
Autonomía de 25 a 30 km.
Cuadro de acero.
29,5 kg de peso.
145cm de largo.
Diámetro de las ruedas: 40cm

Equipamiento: Portaequipajes, guardabarros, luz delantera, reflector trasero, timbre y cuadro de amortiguación.

 

Un día es como otro día; hoy es lo mismo que ayer

Queremos compartir con vosotros este documental que ha realizado la socia Eva Martínez Aguayo, con el título “Un día es como otro día; hoy es lo mismo que ayer”.
Documental realizado en Torrubia de Soria sobre el paso (o no) del tiempo.

 

9 cosas que solo entenderás si has vivido en Soria

Soria, vivir en SORIA por Aprendizaje Viajero.

Con solo 18 años y sin apenas haber salido de casa, mi destino para los próximos 5 años iba a ser Soria. (Nota mental: ¿Soria? ¿De verdad? Pero, ¿quién vive ahí? ¿En serio tiene universidad? ¡¡SE HA ACABADO MI VIDA SOCIAL!!)

Lo primero que me dijeron al llegar fue que “a Soria se va llorando y se vuelve uno llorando”. LOCO, esa fue la primera palabra que me salió al ver al hombrecillo que me dijo estas palabras a mi llegada a la residencia cargada de maletas y cagada hasta las patas.

1-Soria, ciudad de poetas

Tan mal no debe de estar Soria cuando Gerardo Diego, Bécquer o el mismísimo Machado se enamoraron de sus calles, de sus secretos y misterios y de sus gentes.

2-El Duero pasa sin prisa entre árboles y ermitaños

Uno de los muchos lugares que merecen una parada en la ciudad de Soria es el camino que va hacia la ermita de San Saturio.

3-Ciudad de fantasmas

Bécquer situó su monte de las ánimas justo a las afueras de esta ciudad. Se dice que en la noche de difuntos todavía se pueden oír los choques de espadas y el arrastrar de cadenas

4-En Soria es muy fácil tocar el firmamento

Nunca tendrás más fácil ver un manto de estrellas tan cerca de una ciudad. Consejo: abrígate bien que la rasca soriana también es difícil de encontrar en otros sitios.

5-Soria = buena comida

Ya seas amante de los torreznos, muy típicos en cada bar, o de un buen revuelto de setas, Soria es tu ciudad. Pero, si prefieres algo rápido te recomiendo el Capote. Este era nuestro lugar de reuniones casi cada tarde.

6-Su gente

Si a ti no te han saludado con un “qué vida llevas” es que tienes que volver. Tienes que volver para que se te pegue el JODO. Muletilla que puedes utilizar en cualquier situación, ya sea sorpresa, abundancia o _______ (insertar situación).

7-Un verano no es un verano sin la Dehesa

Para mí es la Dehesa, para los forasteros, la Alameda de Cervantes. Todo un oasis verde en medio de la ciudad.

8-En Soria si no hay fiesta se la inventan

Si has vivido en Soria, las palabras “la zona” te traerán grandes recuerdos. Las noches de los jueves de bar en bar calle arriba, calle abajo. Pero, una de las cosas que más se recuerdan son las fiestas como las de San Saturio, el jueves lardero, el catapán y como no, los sanjuanes que merecen un punto aparte.

9-Los sanjuanes, la FIESTA

Y es que no eres un buen soriano o soriano adoptivo si no ensalzas los sanjuanes allá donde vas. Si no te metes en la página de sanjuaneando para ver cuánto queda exactamente para los próximos, cuántas horas con sus segundos. Si no cantas las sanjuaneras incluso estando de vacaciones en Murcia con tus padres. Porque todo el mundo sabe que es la mejor fiesta de España. Otras como los sanfermines o la tomatina no le llegan ni a la suela de los zapatos. Pero esto mejor que quede entre tú y yo que ninguno queremos que se masifiquen.

Y con esto me despido y te digo que yo voy camino a Soria, ¿tú, hacia dónde vas?

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Nada nuevo bajo el sol

Ólvega, Ágreda y la Mancomunidad de los 150 Pueblos se quedan sin los fondos Dusi

Noticia del Diariodesoria.es

23/05/2017

El Gobierno, a través de la Secretaría del Estado de Presupuestos y Gastos, ha tumbado la petición que presentaron los ayuntamientos de Ágreda, Ólvega, Noviercas, Matalebreras, Borobia y la Mancomunidad de los 150 Pueblos, dentro la convocatoria para la selección de Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible e Integrado (Edusi) mediante el que optaban a una subvención de cinco millones de euros, cofinanciada con el Programa Operativo Feder del periodo 2014-2010.
Los pueblos de la comarca del Moncayo sumaron fuerzas con los pueblos que conforman la Mancomunidad de los 150 Pueblos, con el fin de alcanzar el ratio de los 20.000 habitantes, uno de los requisitos de la convocatoria para poder optar a los fondos Feder.

Esta agrupación de pueblos presentó a la convocatoria proyectos relacionados con eficiencia energética, medio ambiente, turismo, infraestructuras e impulso de I+D, entre otras, todas ellas valorados en diez millones de euros. La línea Edusi garantizaba una cofinanciación al 50% de las actuaciones en los municipios. Es la segunda convocatoria que ha resuelto el Ministerio de Hacienda ha resuelto esta convocatoria, con la que ha distribuido 301,4 millones de euros en ayudas que se encuentran distribuidas por Comunidades Autónomas. Para Castilla y León se había asignado 14 millones de euros que han concedido al proyecto del Ayuntamiento de León, en una actuación en el norte de la ciudad para los barrios de entrevías. Ha sido el único seleccionado de los diez que se presentaron de la Comunidad, otros ocho no se han seleccionado y el de la provincia de Soria no se ha admitido, según se recoge en la convocatoria, publicada ayer en el Boletín Oficial del Estado.

Los alcaldes de los municipios solicitantes trabajaron contrarreloj a finales del año pasado para presentar de manera conjunta una petición antes del 15 de diciembre, fecha en la que se cerraba el plazo. Se presentaron un total de 185 estrategias de desarrollo urbano sostenible e integrado, por un importe total de 1.958, 94 millones, seis veces superior a la ayuda disponible. Los regidores municipales sorianos ayer desconocían esta resolución negativa y las razones por las que no ha prosperado. La resolución indica concretamente que la petición soriana no cumple con el criterio 3 del listado de admisibilidad que se incluye en la Orden HAP/2427/2015.

De acuerdo a la convocatoria podrán ser elegibles las áreas urbanas constituidas por un único municipio con una población mayor de 20.000 habitantes, las agrupaciones de municipios con una población cada uno de ellos superior a los 20.000 habitantes, áreas urbanas formadas por un municipio o conurbación de más de 20.000 habitantes y municipios periféricos de menos de 20.000 habitantes y conurbaciones de población superior a 20.000 habitantes, constituidas por agrupaciones de municipios de menos de 20.000 habitantes.

La propuesta soriana entraría dentro de la última tipología, dado que la suma de todos los núcleos supera los 20.000 habitantes.

Ayer los alcaldes sorianos de los municipios implicados desconocían las razones por la que la solicitud no ha sido admitida y esperan que en los próximos días conocer el comunicado oficial. Una vez que lo tengan estudiarán si cabe posibilidad de tramitar un recurso.

En este sentido, no descartan concurrir a la próxima convocatoria, una vez que conozcan donde ha estado el error.

El presidente de la Mancomunidad de los 150 Pueblos, Rubén Lafuente, se teme que el modelo administrativo de la mancomunidad no haya pasado los baremos para la selección, «porque no somos un ayuntamiento como tal». En este sentido agregó que la mancomunidad dio el paso para solicitar ayudas «porque no teníamos nada que perder». La petición de la institución beneficiaba a una veintena de pueblos, distribuidos en nueve objetivos de la estrategia, como la mejora de la competitividad, las nuevas tecnologías, alumbrado público, eficiencia energética en edificios públicos, recuperación y puesta en valor de recursos históricos, turismo y accesibilidad.

El alcalde de Ólvega, Gerardo Martínez, reconoció que la documentación se realizó de manera precipitada y muy ajustada en el tiempo, «pero si no nos la conceden ahora, la experiencia nos puede servir para los próximos años». Ólvega había incluido una relación de proyectos para mejora y eficiencia energética, infraestructuras turísticas, mejora de zonas verdes, apoyo a iniciativas empresariales y para la creación de empresas.

Por último, el alcalde de Ágreda, Jesús Manuel Alonso, está dispuesto a subsanar los errores y volver a presentar la convocatoria el próximo año y optar a las ayudas. «Vamos a ver lo que ha pasado y queremos presentarlo el próximo año».

Ágreda había solicitado también proyectos dentro del marco de mejora de servicios, luminarias, medio ambiente y mejoras en los edificios. El alcalde esperaba que un tercio de las ayudas revertiesen en su pueblo.

Albocabe

Relato de Pedro Sanz Lallana

A mi madre, por los recuerdos que me ha ragalado.

La vida en Albocabe se detuvo de forma fortuita un quince de julio de 1937 y ya jamás volvió a recobrar su pulso normal. Sucede a veces que un hecho trivial, insignificante en apariencia, arrastra y despeña por la torrentera de la vida a otros pequeños desastres tan simples como el primero que, anudándose unos con otros, forman esa cadena invisible pero tenaz que nos ata a lo que llamamos destino trágico. Y esto es lo que sucedió en la llanada soriana aquel julio del treinta y siete: una desgracia que arruinó definitivamente la vida del pueblo.

Dicen que la culpa de todo la tuvo el loro del jefe de la estación que no paraba de gritar lunático, verde, subversivo: «¡Viva la república! ¡Viva Azaña!», en plena guerra civil, al paso de los trenes que iban acarreando hombres y pertrechos hacia el frente de Teruel.

«¡Viva la república! ¡Viva Azaña!» , «¡A las barricadas, a las barricadas…!»

El único disparo que retumbó en los contornos de Albocabe por aquellas fechas de guerra fue el del fusilamiento del loro sobre las bardas de la estación, con jaula y todo. Y este disparo alevoso salido del pistolón de un alférez falangista fue la señal de partida para una carrera loca hacia el abandono y la muerte.

El loro era un provocador, republicano, de facción diametralmente opuesta a la de su dueño, Emeterio Garcés, que se consideraba de derechas «como toda la gente decente de por aquí, salvo cuatro ilusos bolcheviques que esperan repartirse las tierras de los demás, ¡serán sinvergüenzas!, como éste —y señalaba al Aquiniano, el guardagujas, un buen hombre, bajito, renegrido y verrugoso al que le había dado por estudiar esperanto y afiliarse a una célula anarquista dependiente de la CNT internacional— que no tiene donde caerse muerto y, la verdad, más le valdría».

—Sólo digo lo que pienso, fascistón —le aclaraba el señalado.

Entre Emeterio, jefe de la estación de Albocabe, y su loro no había buenas relaciones por culpa de la política y del Aquiniano que malmetió al loro contra su dueño enseñándole gritos subversivos y la primera estrofa de la internacional ácrata.

—¿Por qué no dejas al loro en paz y te dedicas a engrasar el cambio y la contrapesa que los tienes llenos de rumio?

El guardagujas le miraba con calma y la aceitera en la mano:

—Hay animales que son más racionales que los propios humanos. Velay al loro. Toma, anda, lee y aprende, so acémila —le dijo Aquiniano mientras le largaba al jefe de estación el último panfleto esperantista que le había llegado de la capital: Studado pri landnomoj.

No me interesa tu propaganda política —le respondió despectivo.

—Esto no es propaganda ni es política, animal; esto es cultura. Escucha: Kiam oni legas “La Faraono” sub la agradabla plumo de Kabe, oni ja bone komprenas, ke Egipto estas lando kaj Egiptanoj…

—Te van a dar para el pelo cuando vengan los de Franco —le interrumpió bruscamente Emeterio, que en ese momento se disponía a atender una llamada avisándole de la salida del mixto 325 de la estación de Alconaba.

No hizo falta esperar a que llegaran los nacionales para que de pronto Aquiniano desapareciera del pueblo sin dejar rastro.

—Se habrá ido al frente —aclaraba Emeterio cuando le preguntaban por su ayudante—, con los rojos, claro.

A Albocabe hoy han vuelto las cigüeñas. Con las aguas del último invierno las arcillas del fondo han hecho acopio y la fuente está abundosa, el pilón lleno a rebosar y la charca verdea en ranas y liazas.

Hacía tiempo que no se veían cigüeñas por aquí. La espadaña de la iglesia quedó huérfana años atrás cuando el cierzo arrancó el nido y algunas piedras del alero haciendo que los animales aborrecieron el lugar espantados por tanta sequía, y que la tierra se volviera yerma. Florecieron los cardos en lo que antaño fueran sembrados disputando el terreno a las aliagas, de forma que los hombres se vieron irremediablemente empujados a buscar cobijo en los pueblos vecinos, dejando su pasado en el olvido y los muertos sepultados en la soledad del cementerio. Al fin sólo quedaron los barbechos y las lápidas.

Desde que el último en marchar dejó puesta la llave para que entrara quien quisiera, el pueblo se fue acecinando, convirtiendo las casas en montones de adobe con grandes ojos hueros, aireando los machones de los tejados como esqueletos tendidos al sol, magros monumentos a la ruina y al abandono.

Y con la lluvia y la gente se fueron las cigüeñas. El páramo se hizo consistente y sólido, pardo: el pueblo quedó vacío, la iglesia sin santos, la estación muerta. Además de las cigüeñas y el alero, la espadaña gótica perdió las campanas, y el camino que llevaba al cruce de Gómara empezó a enterrar sus losas bajo una espesa capa de barro seco ocultando el sendero que durante siglos trajo bodas, procesiones votivas, noticias de la guerra contra el francés, gaiteros en las fiestas y algún que otro sobresalto como el de la violación y muerte de la bella Dorita a manos de un buhonero; hoy ya es camino sin retorno, quedando sólo un letrero fantasmal y herrumbroso como única señal de que allí hubo una vez vida.

Intentó que se corrigiera, que gritara: ¡viva España!, ¡viva Franco!, pero su aprendizaje lento y a contrapelo de lo que ya sabía no le dio ningún resultado:

—A ver: di «Franco».

—Krrrar…, «¡Azaña!»

—Cabezón, que digas «¡Franco!»

Y el loro:

—«¡A las barricadas…!»

—Cállate, maldito bicho —le amenazó con una estaca.

—Krrrar…, krrrar…

Entonces tomó la determinación de abandonar el loro a su suerte para evitar compromisos: le abriría la reja y lo extrañaría de su estación. «No quiero loros republicanos en mi casa, fuera». Pero en esto también anduvo un poco tardo el Emeterio.

Al loro lo fusilaron una tarde de julio, luminosa, verde como su plumaje, contra el paredón del tinglado numero uno, en aquellos días en que los trenes bajaban llenos de mulos, falangistas y camisas negras camino del frente, que saludaban a las chicas con el brazo extendido, a la romana, cantaban en italiano y traían el alma teñida de azul:

Mamma ritorna la ganceta

de la mia terra natale

che en el Africa orientale

presto il fascio fara vendetta…

Emeterio entró en agonía. Sudaba a mares. Cuando se detuvo el tren y vio bajar a la tropa, lo primero que hizo, después de arremolinar la bandera de señales, fue ir corriendo a buscar al loro y ocultarlo bajo una manta sudadera de las que tenía para abrigar al burro en las mañanas de escarcha.

«A las barricadas, a las barricadas por el triunfo del honoooor…»

Quedó hierático, rígido, como quedaban las estatuas de sal en el Antiguo Testamento. El cabello se le encaneció súbitamente. De aquella especie de túmulo mortuorio salía una voz metálica, apagada, claramente audible, que profería gritos subversivos:

«A las barricadas, a las barricadas por el triunfo del honoooor…»

—¿Dónde está esa radio comunista? —tronó alguien.

—Mi alférez, mi alférez, que eso no es una radio, que es un loro… —salió el jefe de estación de detrás de la taquilla cuadrándose espantado frente al militar.

—¿Y quién coño es el dueño del loro?

—Yo, esto…, quiero decir… que no, que no es mío —respondió atropellándosele las palabras.

—¿De quién es?, pregunto por última vez.

«A las barricadas, a las barricadas por el triunfo del honoooor…»

—¡Chist! —se revolvió Emeterio contra la voz que salía bajo la manta—. Del guardagujas, del Aquiniano…, pregúnteselo al señor cura, mi alférez. Es del Aquiniano que se ha ido con…

Iba a decir «los rojos», pero se mordió la lengua antes que pronunciar semejante palabra delante de los falangistas.

—Que lo fusilen inmediatamente.

Dos flechas negras se abalanzaron contra la jaula. El animal hizo una pirueta de espanto y se aferró con pico y patas a los barrotes de su jaula, un armatoste hecho de grueso alambre y tablas sin desbastar, mientras chillaba como un poseso.

—Ponédmelo en aquella tapia —dijo el alférez señalando el tinglado número uno al tiempo que desenfundaba una lüger enorme, con munición capaz de derribar a un caballo de un solo disparo.

«¡Pum!»

Esto está perdido. Treinta y uno de diciembre, ya. No tiene ningún sentido seguir resistiendo a base de morterazos. Desde que llegué no he visto sino miseria: muertos, hambre y piojos. «Los desastres de la guerra», que dijo alguien. ¡Y qué engañado estaba! Pensaba que desde este lado defendería la dignidad, la justicia, al pueblo. Pero no. La nuestra es una revolución de ignorantes. Nos falta cultura, mucha cultura. Y para remediarlo vamos quemando iglesias. Además, los comunistas se han convertido en pequeños burgueses, les gustan los despachos. Con qué sorna me recibieron cuando les dije que era de la CNT y que venía a luchar por la libertad: no les interesa la buena gente como yo. Un ferroviario soriano. «Vete con los tuyos», me dijeron. Y me mandaron a primera línea, aquí, a Teruel. No les culpo; no tienen ni idea de lo que es el anarquismo. Me dijeron que si no estaba a gusto que me fuera con Durruti. Ése sí que sabe poner orden por donde va. En cambio, éstos se pelean entre ellos como pequeños canallas por un poco de poder. Así que todo va manga por hombro, perdido sin remedio. Anoche cayó una nevada de aúpa. El frente está tranquilo porque el frío lo para todo. Creo que me voy a quedar como un pajarito si no llega pronto el relevo. En este picacho ya no hay nada que defender, por eso nos han dejo aquí a cuatro desgraciados como yo, para que nos congelemos. La última lata de sardinas se acabó ayer. Hoy no sé qué vamos a comer. Tengo que no siento los pies y las manos. Con la manta de nieve que hay no nos mandarán el rancho. Si apareciera un conejillo, o una ardillita… Seguro que los generales tendrán buena mesa. Año nuevo en Libros. Así se llama este pueblo. Y sería bonito si no fuera por la guerra. Está muy alto, en el Javalambre. Pinos arriba, sabinas abajo, en el valle. Barrancos de muerte a ambos lados. Desde aquí se ve el cauce helado del Guadalaviar. Lo bien que estaría yo en mi casa. Nochevieja. Qué habrá sido de mi madre, la pobre, sola como se ha quedado. Se morirá de pena. Lo malo es que no sé qué diablos pinto yo aquí, ni qué pito toco en esta fiesta. Me vine al frente porque me trajo el corazón y me veo metido en este lío, yo, que soy de natural pacífico y siempre he luchado por la hermandad de los hombres, que doy lo que tengo a cambio de nada… Y si no que le pregunten al Emeterio, que me conoce bien. Él me decía: «Aquiniano, eres un iluso comunista». Y yo: «que no soy comunista, coño». Y él: «qué más da: todos sois hijos de la misma mala madre». «Sin faltar, eh», le respondía. Aquí me llaman “camarada” y éstos no son mejores que el Emeterio: «camarada, a hacer guardia con veinte bajo cero; camarada, pega cuatro tiros a esos fachas de mierda que tienes enfrente; camarada, quema esa iglesia con todas las imágenes que haya dentro; camarada, coge esa cabra y ásala…» Y digo yo que así no se gana una guerra ni se hace patria. Las guerras se dan porque falta cultura. Ya lo decía El Trabajo, el único periódico decente de toda la provincia. «Sin cultura el hombre se vuelve irracional». Primero hay que instruir a la gente, luego ayudar a los que más lo necesiten y por último repartir las ganancias. Y no hacen falta leyes ni historias. «Hacer del hombre el verdadero rey de la naturaleza no por su fuerza bruta, sino por la fuerza de su razón». ¿Y de qué me vale tener razón con veinte bajo cero? De esta noche no paso. «Busquemos la bondad natural del hombre…» ¿Dónde está el hombre? Si somos lobos, o peor que lobos. Aquí andamos devorándonos a cañonazos. Aunque esto está perdido sin remedio. En cuanto se quite la nieve nos triturará la aviación. Luego irán cayendo el resto de los frentes: el del Ebro, Valencia, Barcelona… Acabaremos en desbandada: lo veo venir. Si dijera a los otros lo que pienso me fusilarían, me llamarían derrotista, quinto columnista, facha. ¿Fascista yo, que he dejado todo para luchar por la libertad de los pueblos de España? ¡Cuánto más me hubiera valido quedarme en Albocabe y no haber cogido aquel maldito mixto que bajaba de Soria! Pero me hubieran fusilado los otros. No tengo escapatoria. ¿Qué habrá sido del Emeterio? ¿Y del loro? ¡Hay que ver qué animal más listo! Cuando pueda volveré a verlos. Y a mi madre, claro. Aunque me maten: si tengo que morir prefiero que sea en mi pueblo, con mi gente, antes que en este maldito monte de Teruel.

Por aquel entonces, entre Almenar y Gómara había un camino de carros que con el tiempo se convirtió en carretera asfaltada y hoy casi parece una autopista. Dicen que por estas tierras anduvieron los Infantes de Lara antes de que los moros les cortaran la cabeza. Tierra estremera, de mucho trabajo y poco fruto. Campos de Gómara.

Dos accidentes cortaban este camino carretero por aquel entonces: uno era el vado del Rituerto que junto con el Araviana andaban buscando al Duero para juntos atravesar Castilla camino de Portugal. El otro era el talud de la vía del tren que venía de Santander atravesando el espinazo Ibérico para morir en Sagunto, del que Albocabe resultaba ser su punto medio; y no había más accidentes notables en esta meseta destartalada. Si acaso, algunas hileras de chopos en las riberas, algún que otro olmo suelto por las lindes y frutales chaparros entre las huertas. Nada más.

Y éste seguía siendo el paisaje cuando Aquiniano volvió al pueblo. Es decir, muy parecido a como lo dejó. Pero más seco. Más terrizo. Más olvidado. Lo importante es que él estaba de vuelta y que era el único superviviente del centenar escaso de vecinos que dejó al marchar. Ni siquiera se veían cigüeñas —volvieron más tarde, cuando las lluvias—. La estación, su estación, estaba cerrada a cal y canto. Ya no había trenes que subieran y bajaran dejando penachos de humo y carbonilla en el aire; en las vías crecían lagartos, zarzas y cardos borriqueros. La contrapesa de sus pecados que tantas veces engrasara a ruegos del Emeterio era una masa herrumbrosa que parecía ahorcada en su propia inercia.

En la pared del tinglado número uno —y único— observó un desconchado redondo, profundo, como si hubiera recibido un balazo. Y al pie de ella reconoció un amasijo de alambres oxidados que bien pudieran ser los restos de una jaula. «¿Qué habrá sido de todos ellos?», se preguntó.

El pueblo estaba bravío, abandonado. Quiso ver su casa, o lo que quedara de ella. La adivinó por el baldosín que lucía en el dintel con aquel Dios bendiga cada rincón de esta casa que su madre jamás le permitió quitar por mucho que intentó arrancarlo. Estaba hundida, irreconocible. Empujó la puerta de la cuadra y sintió el olor familiar del estiércol que todavía impregnaba las paredes. No había mucho que ver.

Luego fue donde la iglesia en busca del cementerio. Curiosamente se hallaba recogido en lo que fuera la nave central del antiguo templo gótico que se vino abajo tiempo atrás, tal vez en alguna guerra, dejando al aire nervaduras y capiteles con motivos vegetales; de aquella colosal arquitectura aprovecharon una capilla lateral que se mantuvo casi intacta para convertirla en templo parroquial con espadaña y cruz a los cuatro vientos; el resto de la iglesia quedó repartido entre el cementerio y el más absoluto de los yermos.

En un rincón del improvisado campo santo, justo en el arranque de un airoso pilar, vio una tumba florida de malezas y coronada con una cruz de palo: «Adela Sánchez Florián. Falleció el 4 de marzo de 1943. RIP», decía. Era lo que quedaba de su madre. Sintió una punzada al imaginarla agonizando en una aterradora soledad. «Le asistirían las vecinas», se dijo como último consuelo.

Han pasado cincuenta años de cuando tomó el tren y se fue al frente. Y desde entonces no ha tenido más que penas. Sentado en el poyo de la estación recordó a su amigo Emeterio, el que le llamaba comunista, y la mañana aquella que tomó el mixto escapando del miedo, camino del frente, del exilio. Teruel, el frío de las noches defendiendo una quimera; su huida en desbandada hacia Barcelona; el reguero de exiliados que iban sembrando de cadáveres las cunetas hasta llegar a Portbou; el campo de concentración de Colliure; los maltratos y el hambre infernal; allí tuvo noticia de la muerte de don Antonio, el de los Campos de Soria y La tierra de Alvargonzález, que sucedió a poco de llegar; después, la fuga del campo y el contacto con otros españoles que andaban en la resistencia contra los boches. Prendre le maquis fue lo que hizo. Le llamaban le sorianó los jefes de la partida de Alès, y ganó una medalla al valor cuando se jugó el tipo a pecho descubierto contra una columna de alemanes haciendo un montón de presos en la Grande Combe; aquella cruz le vale unas perrillas de pensión. Luego vino el maquis de verdad, en 1946, el que luchaba contra Franco pensando que los aliados les echarían una mano para derrocar al dictador. Creían que el pueblo les esperaba ansioso para sublevarse contra los nacionales. ¡Pobres ingenuos! Y se pertrecharon con restos de la guerra mundial: no querían dar tregua al fascismo.

Sólo la buena suerte hizo que saliera con vida de la encerrona que les tendieron los guardias en Camprodón. Los civiles les aguardaban disfrazados de humildes pastores con los naranjeros ocultos en el morral. Y los cazaron como a conejos. Pero él tuvo suerte, como en Teruel: cayeron todos sus compañeros y se libró de la quema por esas circunstancias de la vida en que todo depende de unos segundos mágicos que surgen de pronto creando una necesidad salvadora; se retrasó unos metros para poder tirar tranquilamente el pantalón, sin molestar al grupo, y eso le salvó la vida. Cuando vio la sarracina de sus camaradas, no paró de correr hasta llegar a Prats de Motlló, en tierra francesa, y recuperar el resuello en la cabaña del Tanque. Salvó la vida, pero la salud le quedó quebrada para los restos. Supo por los periódicos que no había habido supervivientes entre los de su partida, y fue cuando pensó seriamente en ganar la paz.

En Albocabe tampoco hubo supervivientes. Parecía un pueblo maldito, conjurado, como si hubiera sido arrebatado por una mano formidable: sólo quedaban los muertos.

La puerta de la iglesia, como todas las del pueblo, estaba abierta, forzada por un vendaval. Era la primera vez que entraba en ella desde cuando chico. Ya no la reconocía. Le pareció grande para los pocos feligreses que debían ir a misa. El Emeterio entre ellos. Estaba desierta: ni santos, ni cirios, ni olor a incienso. Sólo cagadas de pájaros y excrementos de cernícalos en los ventanales. La baranda del coro permanecía intacta y daba paso a las escaleras que se perdían por el torreón de la espadaña hacia el nicho que ocuparan las campanas. Porque tampoco había campanas. Estaba vacío. Tan solo un yugo de roble muy centenario que fuera soporte de alguna melena airosa y de un bronce rotundo quedaba anclado en el eje de donde salieran llamadas a la oración, avisos de pedrisco y anuncios de fiesta. También de entierros.

Desde arriba el paisaje se perdía por las lomas lejanas que alcanzaban los aledaños de Gómara y Almenar. Los trigos verdeaban en tablares geométricos alternando con barbechos y plantaciones de girasoles. Toda ella era tierra de secano y panllevar, aunque ahora despuntaban algunos aspersores de riego automático. El yugo le servía de parapeto y punto de apoyo para no caer. En su rodar por el horizonte descubrió a lo lejos la estación de tren que nunca antes había visto desde lo alto, junto con el brillo mate de los rieles que se perdían infinitos tierras abajo, hacia Calatayud. Y recordó en un instante toda su vida, en perspectiva. De repente se vio viejo y cansado. Tanto afán para nada. Una pequeña pensión de excombatiente francés, él, que se declaraba soriano de pura cepa, idealista y ferroviario. Y notó que todas las miserias pasadas se le agolpaban en la garganta haciéndole un nudo espeso de desesperanza.

Lo sabía. Había vuelto al pueblo a morir. Y no se iría de allí sin cumplir su promesa. «Me voy a morir a mi pueblo», dijo medio en broma, medio en serio, a sus amigos de Alès cuando se despidió de ellos.

Pensó que la iglesia era el lugar ideal para dar el último paso, el que estuvo a punto de dar muchas veces, voluntario o por fuerza, desde que salió de Albocabe: en Teruel, en el Ebro, en La Grande Combe… Y en Camprodón, claro. Siempre con la muerte en los talones; siempre jugando con fuego real; «me voy a morir a mi pueblo», dijo y aquí estaba, para cumplirlo.

Aquel yugo centenario de la espadaña de la iglesia en que se apoyaba le pareció recio y con la consistencia suficiente como para soportar el peso de un cuerpo tal que el suyo. Y entonces, con la lenta parsimonia de quien sabe lo que se hace, empezó a desenredar la soga que llevaba colgada al hombro…

* Albocabe significa en árabe “guárdate de lo blanco”

(relato publicado por la editorial Nostrum (Madrid)
junto con otros relatos del XXX Premio “Hucha de Oro”)

Blog http://www.soria-goig.org

Los pueblos se mueren

La semana pasada leí el artículo publicado por el escritor Abel Hernández, del cual soy asiduo lector, dicho artículo trata de manera muy interesante el tema de la despoblación y algunas maneras de ponerle freno. Con el permiso del autor paso a reproducirlo íntegro, así como el enlace a su blog donde cuenta interesantes historias de las Tierras Altas de Soria.

Blog de Abel Hernández  EL CANTO DEL CUCO

“La mitad de los municipios españoles están en riesgo de extinción. Lo acaba de proclamar, con los datos en la mano, la Federación de Municipios y Provincias, que, por fin, parece tomar cartas en el asunto. Por primera vez se califica de “problema de Estado” el envejecimiento del mundo rural y la galopante despoblación de la España interior. Y por fin se solicita un plan nacional, con apoyo europeo, para restablecer el equilibrio demográfico y la vertebración del país. En esta España invertebrada, las dos Castillas y Aragón, inmovilizados, tienen quebrado el espinazo mientras vascos y catalanes piden, insaciables, más dinero al Estado y mejores transportes. La desaparición de un pueblo no es menos grave que la desaparición de una rara especie animal o vegetal. Y ahora están en trance de morir, según los datos oficiales, 4.000 de los 8.000 pueblos de España entre la indiferencia general. Si uno se acerca a uno de estos pueblos y, con suerte, se tropieza con alguien en la calle y le saca la conversación, oirá enseguida la frase fatídica: “Aquí cada vez somos menos y más viejos”. Esa es la tremenda realidad.

Los datos del desequilibrio son apabullantes. En el 60 por ciento del territorio nacional sólo viven seis millones de personas. Hay una macrorregión natural que algunos expertos llaman la “serranía celtibérica”, y que bien podría considerarse el corazón de España, que se ha convertido en el mayor desierto demográfico. Se extiende por nueve o diez provincias: Soria, Teruel, Guadalajara, Cuenca, parte de Valencia y Castellón, Burgos, Segovia, la Rioja… Si no se pone remedio urgente, esta región central está condenada a la extinción. La situación más desesperada es la de Soria, que en esto se lleva la palma. Poco más de noventa mil habitantes censados en toda la provincia, disminuyendo de año en año y con peligro cierto de desaparecer administrativamente como entidad provincial. Y, sobre todo, la comarca de las Tierras Altas, poblada de pueblos despoblados -qué contradicción!- y donde el número de habitantes, menos de dos por kilómetro cuadrado, es menor que en el Sáhara. O sea, puro desierto. En la amplia extensión de la “serranía celtibérica”, con algo más de 60.000 kilómetros cuadrados -doble que Bélgica- , no viven más de 450.000 almas. Alguien ha calificado lo que está ocurriendo de “etnocidio silencioso” y puede que no le falte razón.

Esto no se arregla con habilidosos reportajillos hilvanados sobre la España vacía con pretensiones literarias. Hay que reclamar por todos los medios, como ha indicado la Federación Española de Municipios y Provincias, una política de Estado con un plan nacional completo contra la despoblación rural. Estamos ante una situación de emergencia que exige medidas extraordinarias y urgentes como en cualquier catástrofe natural. Ese plan ha de incluir exenciones fiscales a las empresas que se instalen en ese territorio, mejora sustancial de las comunicaciones por carretera y por ferrocarril, estímulos a los profesionales jóvenes -maestros, médicos, veterinarios, ingenieros agrónomos y de montes, programadores informáticos, animadores culturales, etcétera- que se trasladen allí, como hacen en Australia, reapertura de escuelas, de consultorios médicos y de cuarteles de la Guardia Civil. El reparto de la financiación autonómica ha de tener especialmente en cuenta el hecho de la despoblación. El Estado debe suplir la falta de iniciativa privada y estimularla. La brecha digital, la desaparición de líneas de autobuses, y el cierre de las tabernas, de las panaderías, de las gasolineras y de las sucursales bancarias no hacen más que acelerar la agonía de los pueblos, que se sienten abandonados del Estado y dejados de la mano de Dios. Es preciso mantener, con las subvenciones que sean precisas, los servicios esenciales de la comunidad. Un equipo de expertos, con el respaldo de las fuerzas políticas, sindicatos, entidades religiosas, empresarios, intelectuales, etcétera, deberían ponerse ya manos a la obra en busca de este gran proyecto global que evite el desastre al que nos encaminamos.

No todo está perdido. Algo se mueve. Crece la conciencia social y los más lúcidos dirigentes políticos, como el presidente de Castilla y León, principal región afectada, y los miembros de la Federación Española de Municipios y Provincias, dan muestras de empezar a hacerse cargo del problema, puede que el más grave problema de Estado ahora mismo, el que está provocando el mayor drama social. Basta con recorrer la calle de cualquiera de estos pequeños pueblos agonizantes un día de estos. Personalmente no me considero un visionario, pero creo que hay otros indicios esperanzadores. Con la revolución industrial y, más adelante, con la mecanización del campo dejó de haber trabajo en el mundo rural y ocurrió el gran éxodo de las gentes del pueblo a la ciudad. Ahora asistimos a una nueva revolución -informática, biológica, robótica…- que también va a cambiar radicalmente nuestra forma de vida. Gran parte del empleo que ha convertido a las ciudades en enjambres humanos se va a acabar. Harán el trabajo las nuevas máquinas. Con las nuevas tecnologías cada vez más se trabajará a distancia. Esto empujará a la ordenada vuelta a los pueblos, debidamente puestos al día, de miles y miles de habitantes de la ciudad. En este flujo y reflujo la vida volverá a empezar cerca de la Naturaleza. Se iniciará, si es que no está ocurriendo ya, lo que mi amigo Gustavo Martín Garzo llama hoy, en un artículo del periódico, la búsqueda del hogar perdido.”

 

Adolf, el alemán que desenterró Numancia

Artículo de MAURICIO H. CERVANTES y LEYRE IGLESIAS para El Mundo

Ver en El Mundo

Schulten, sentado en el centro, en un momento de sus excavaciones. Fotos cortesía de la exposición ‘Schulten y el descubrimiento de Numantia’ | Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid

Llegó a Soria en 1905 en busca de la ‘ciudad perdida’ que resistió a Roma. Disfrutó de las jotas, cenó con el rey… Pero lo acusaron de expolio: se llevó 12.500 objetos celtíberos

Por primera vez 478 de los tesoros del “sabio extranjero” han vuelto a España

ÁLBUM: Adolf Schulten y el descubrimiento de Numancia

El día siguiente a su llegada a Soria, una diligencia lo llevó hasta su destino. Numancia, la ciudad que no existía, lo esperaba, enterrada, a siete kilómetros de la ciudad castellana. Era el 12 de agosto de 1905 y Adolf Schulten estaba seguro de que iba a hacer historia. Allí, en el cerro de Garray, cinco obreros a sus órdenes trazaron cuatro zanjas. Y pocas horas después, excavando con pico y azada, encontraron el tesoro que andaba buscando. En medio de una base rojiza de adobes quemados y ceniza, Schulten identificó fragmentos de vasos ibéricos.

“No había duda”, escribiría después: “Bajo la ciudad romana yacía una ciudad más antigua, ibérica, destruida por el fuego. ¡Habíamos encontrado Numancia!”.

Así, en medio de un calor abrasador que le obligó a afeitarse el bigote, y atraído hasta Soria por una obsesión que lo poseería toda la vida, el “sabio extranjero” -como lo denominó la prensa soriana-, el “héroe de Numancia” -como decía de sí mismo en sus diarios-, inició las excavaciones de lo que hoy es el yacimiento que más información ha proporcionado sobre el mundo celtíbero.

Y así arrancó también el mito de un hombre aplaudido por sus descubrimientos pero perseguido por una sombra que aún hoy resuena en Soria: “Se llevó todo lo que quiso para Alemania…”. Porque buena parte de los objetos que Adolf Schulten encontró en la vieja Numancia han permanecido en un museo alemán durante décadas, y no ha sido hasta este mes cuando han pisado suelo español. Los ha reunido el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, en Alcalá de Henares, en una exposición denominada Schulten y el descubrimiento de Numantia. Por primera vez, más de un siglo después, los tesoros de Schulten regresan a casa.

Con 1.000 marcos en el bolsillo fue como el metódico alemán llegó a la mísera Soria aquel agosto de 1905. Se los había asignado, a petición suya, la Real Sociedad de Ciencias de Göttingen. Su trabajo de campo a lo largo de siete años acabaría costando hasta 40.000 marcos, según reveló en su librito Mis excavaciones en Numancia. “Casi la mitad” se los dio el káiser Guillermo II, entusiasmado por sus hallazgos; el resto, “en su mayor parte”, otras instituciones y academias alemanas. Y eso que Adolf, nacido en 1870 en Elberfeld, al oeste de Alemania, no era arqueólogo, sino filólogo, doctorado en Derecho Romano y profesor de Historia Antigua. Y la de España le apasionaba.

De pulsión romántica, como dictaba la época, Schulten había leído con fascinación la historia que los clásicos contaron de Numancia: cómo, en verano del año 133 antes de Cristo, los habitantes celtíberos de aquella ciudad resistieron, durante casi un año de hambre y enfermedades, el asedio del Imperio Romano, y la mayoría incluso prefirió el suicidio antes que entregarse. (De ahí la resistencia numantina). El alemán quería descubrir lo que España no había logrado: según María Paz Gómez Gonzalo, que ha dedicado su tesis doctoral en la Universidad de Barcelona a la figura de Schulten, los arqueólogos españoles, con Eduardo Saavedra a la cabeza, habían identificado las ruinas romanas, sí, pero no habían podido afirmar con certeza que la anterior urbe, la celtíbera, la ciudad heroica, seguía allí, debajo o al lado de la que después levantaron los conquistadores romanos. Él sí pudo.

Cabeza de lobo de Terracota. MUSEO ARQUEOLÓGICO DE LA COMUNIDAD DE MADRID

Acabamos de descubrir la ciudad ibérica -contó orgulloso en una carta-: casas construidas de adobas grandes quemadas por incendio, mucha cerámica muy característica ibérica…”. También encontró utensilios de hierro, vasos de barro pintados con figuras geométricas, arcas, cornetas, molinos de mano… Después llegó el resto de descubrimientos: los siete campamentos que los romanos comandados por Escipión levantaron alrededor de la ciudad en su largo asedio, sólidos muros de piedra bien conservados, monedas romanas, armas, ánforas…

La prensa de la época da fe de que las autoridades lo agasajaron y de que el pueblo, en un principio, lo quería. Le gustaban las jotas que cantaban los obreros mientras excavaban. Se llevaba bien con el dueño de aquellos terrenos, Luis de Marichalar y Monreal, vizconde de Eza y abuelo de Álvaro de Marichalar -que en 1917 los donaría al Estado-, y hasta compartió banquete con el rey Alfonso XIII cuando el monarca fue a inaugurar un monumento a Numancia. Aunque Schulten cometió un error imperdonable que la prensa divulgó: “desconociendo las etiquetas palatinas”, el “extranjero” asistió a la cena ataviado “con traje de americana”.

Pero pronto hubo quienes, en la España campesina, rural e ignorante que él describía en sus publicaciones, heridos quizá en su orgullo patriótico, preguntaron por qué un alemán y no un español tenía que acometer esos trabajos.

“Vergonzoso es para España que por no haber terminado las excavaciones empezadas en 1861 (…) tengan que venir arqueólogos alemanes a descubrir y estudiar los sagrados restos de la épica ciudad”, publicó la revista La Construcción Moderna. Corrió también el rumor de que Schulten había mandado “facturadas para Alemania” una docena de cajas con vasijas de cerámica y otros objetos numantinos, denuncia que acabó escuchándose en el Senado.

Empezó ahí la leyenda negra del hispanista. El mito del alemán expoliador.

Su diario, con su autorretrato como “héroe de Numancia” MARIO TORQUEMADAMUSEO ARQUEOLÓGICO DE LA COMUNIDAD DE MADRID

Lo cierto es que el contenido de aquellas primeras 13 cajas, con 231 kilos de vestigios, volvió a España enseguida, en 1906, como la cabeza de lobo de terracota que se muestra en estas páginas. De hecho, el propio Schulten dejó por escrito que su “gran gusto” era fundar en Garray un Museo Numantino. Pero hubo otra segunda remesa de piezas que salió hacia Alemania, supuestamente para ser estudiadas allí. Esas no regresaron jamás.

Una carta inédita descubierta por Gómez Gonzalo desvela que en 1929 el explorador alemán donó al Museo Central Romano-Germánico de Mainz las piezas que se había llevado, con la condición de que estuvieran en una sala propia en la que sólo podrían exponerse los hallazgos numantinos y otros del resto de España.

Pero esto “nunca” sucedió, según ha explicado el investigador del museo de Mainz Raimon Graells i Fabregat. No se han expuesto, sino que han permanecido durante 88 años guardadas en un almacén; algunas de ellas, apiladas en sacos de tela. Fueron hasta 12.500 vestigios celtíberos de Numancia -en muchos casos, fragmentos de vasijas y otros objetos-, según los cálculos de Enrique Baquedano y Marian Arlegui, comisarios de la exposición que hasta el 9 de julio podrá visitarse en Alcalá de Henares. Porque ahora, por primera vez, 478 de esas piezas han viajado de Mainz a Madrid.

¿Fue Adolf Schulten un expoliador? Los tres expertos consultados coinciden en que no. En aquella época no era extraño que los exploradores alemanes e ingleses se quedaran con parte de sus hallazgos para exhibirlos en sus países. “Los controles eran muy laxos y la legislación [contra el expolio] estaba en mantillas”, asegura Marian Arlegui.

Pero Numancia no fue la última obsesión española de Adolf Schulten, empeñado en dejar huella en un país que, a su juicio, nunca le recompensó su inmenso trabajo (la “envidia de los españolitos”, decía). Ya cuando excavaba en el cerro de Garray tenía en la cabeza su siguiente aventura: Tartessos, otra ciudad perdida que los griegos consideraron la primera civilización de Occidente. A ello se puso Schulten tras la Primera Guerra Mundial -de la que pudo librarse-, angustiado tras “cinco largos años” de espera sin poder obtener un pasaporte que le permitiera viajar a la Península. Aunque en este caso la suerte no le acompañó. Excavó el actual Parque de Doñana, cerca de la desembocadura del Guadalquivir, creyendo que allí encontraría la ciudad mítica sepultada. No lo consiguió.

Antes de la Guerra Civil también investigó en Barcelona, Cartagena, Valencia, Salou... Se jubiló de su Universidad de Erlangen en 1935, a los 65 años, con apenas 7.000 pesetas ahorradas, según contó. Aunque en pleno surgimiento del nazismo le nombrarán profesor emérito y en la España de Franco recibirá la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, acompañada de una pensión honorífica. La Segunda Guerra Mundial la vivirá entre Alicante y Tarragona con una beca del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y en sus últimos años también pasará largas temporadas en la costa mediterránea, ideal para su reúma.

Cinco años antes de morir, en 1955, Adolf Schulten viajó por última vez a España para asistir en Barcelona a un congreso arqueológico. Su propósito era aprovechar esos días para escaparse a Numancia. Volver a verla de nuevo. Pero el alzhéimer que padecía se lo impidió. El “sabio extranjero” no pudo cumplir quizá su último sueño: despedirse de la ciudad perdida que él desenterró.

 

Antonio Machado en láminas de Adolfo Gutiérrez Sánchez

By aalmazan | 21/03/2017

Si hablamos de la poética machadiana trasladada a la pintura, en Soria estamos hablando principalmente de Rafael de la Rosa del que se expone permanentemente en el Ayuntamiento de Soria la colección de 21 cuadros al óleo de temática machadiana al que ya le dedicamos en su día un artículo- Versos de Machado trasladados a lienzo por Rafael de la Rosa-, con el siguiente vídeo y entrevista.

Pero hoy, 21 de marzo, y por ser el Día Internacional de la Poesía, cabe recordar también a la colección de cuadros machadianos del pintor Adolfo Gutiérrez Sánchez que expuso en el Círculo Amistad-Numancia en 2007 dentro de los actos culturales sorianos del Centenario de la Llegada de Antonio Machado a Soria. De esta exposición surgió una carpeta artística con diez reproducciones que diversas instituciones adquirieron y que todavía puede comprarse en algunas tiendas sorianas.
Y así resumía, a la sazón, su obra machadiana: “Con motivo de los cien años de la llegada de Antonio Machado a Soria, creé una colección de oleos inspirados en la poesía de D. Antonio. El fruto de este trabajo se plasmó en exposición que se mostró en el Casino de Soria (Circulo Amistad Numancia). Se presentó como acto vivo en el cual mientras se exponía el vínculo de cada cuadro y su inspiración poética, se proyectaban imágenes en tiempo real de la ciudad de Soria, representando así lo actual de la poesía del maestro. Culminó el acto con la lectura de todos los poemas que transformé en pintura, acompañado por el sonido profundo de un Chelo que fundió poesía y pintura con la vida en la ciudad de Soria”.

 

Adolfo Gutiérrez Sánchez (Madrid, 1961, soriano por adopción) participó en septiembre de 2008 en la exposición colectiva “Cinco pintores Sorianos” que pudo verse en La Habana (los otros fueron Juan Antonio Gaspar Alcubilla, Rafael de La Rosa, Faustino Manchado Pascual y Luis Alberto Romero Hernández), gracias al intercambio cultural entre creadores de Soria y Cuba. En el catálogo, respecto a la obra de Adolfo Gutiérrez,  podía leerse: “Revela una pintura simbolista e imaginativa que corrige materiales y busca técnicas antiguas con un desarrollo mixto entre el óleo y el temple al huevo, en obras que atraen por su sólida estructura, el respeto por el oficio y el indudable talento”.

http://elige.soria.es/antonio-machado-en-laminas-de-adolfo-gutierrez-sanchez/

RESEÑA DE SEMANA SANTA 2017

Coincidiendo con los cuatro años de intensa actividad por parte de la Asociación Barderas del Moncayo, hemos celebrado la Semana Santa en un ambiente fenomenal y con un tiempo casi veraniego. La asistencia a todos los actos programados estuvo en la línea de las treinta personas y los actos se celebraron cumpliendo rigurosamente el programa establecido. En estos tiempos de vocaciones religiosas tan escasas en los que nuestro párroco José Antonio tiene que cubrir unos cuarenta pueblos, es muy de agradecer la asistencia a Torrubia de Soria el Jueves Santo, el Viernes Santo y el Domingo de Pascua.  Como años anteriores la celebración de todos los actos religiosos contó con la presencia de Antonio Callejas, que se supera de año en año, hasta el grado de ser ya como de la familia. Gracias a los dos por estar con nosotros ahora y esperamos que siempre. El Jueves por la tarde celebramos un sencillo acto religioso con repaso de la pasión de Jesús, continuando con la preparación del taller de rosquillos y con la degustación le limonada de la tierra elaborada  del día anterior. La limonada estuvo presente todos los días de la Semana Santa y fue muy bien valorada por todos. Las tertulias abundaron hasta la hora de la cena.

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El viernes por la mañana celebramos la Junta general de asociados en la que se aprobaron las cuentas de 2016, la gestión de la Junta directiva en el año, y la propuesta de presupuestos para el 2017. Por unanimidad fueron aprobados los mismos manteniéndose las cuotas existentes desde el momento fundacional. Una de las cuestiones más importantes de la asamblea fue la renovación de la Junta directiva por vencimiento de los cuatro años que marcan los estatutos y se continúa con la misma por otro periodo igual de cuatro años. Hubo también un cambio de opiniones sobre algunas de las actividades del próximo verano, entre ellas las excursiones a realizar y sus destinos. Todo ello quedó pendiente de análisis por parte de la Junta Directiva y de cuyas actividades informará en su momento, comentándose la intención de que el programa de actos sea muy completo e interesante. Se comentó la posibilidad de potenciar los museos de Torrubia y en hablar con el Ayuntamiento en ese sentido ya que se considera un aspecto fundamental para el futuro del pueblo.

Por la tarde celebramos otro acto religioso con la lectura de la pasión según San Juan con intervención de varios lectores, se veló al Santísimo en el altar habilitado en su lugar habitual y con posterioridad se realizó un Vía Crucis hasta el cementerio. Al finalizar los actos religiosos tuvimos el taller de torrijas muy bien elaboradas por parte de las magníficas expertas miembros de la asociación y por cierto riquísimas. Se continuó con las tertulias y juegos pertinentes.

El sábado se realizó una chuletada a escote a la hora de la comida, y una cata de vinos que nos ofrecieron los socios Miguel Ángel y Tica, que nos permitió continuar la tarde con varias degustaciones más. La asistencia se mantuvo en la línea ya comentada.

El domingo se celebró la procesión tradicional con el encuentro en la plaza de la Virgen con su hijo y la posterior misa. Posteriormente se celebró un aperitivo colectivo y una barbacoa para todos los asistentes.

Deseamos que todos hayáis disfrutado de nuestro encuentro y esperamos seguir en la línea de actividad que estamos empleando para mejorarla para los próximos eventos en los que contamos con todos vosotros. Os mantendremos informados y ya os pedimos vuestra colaboración activa para nuestra jornada literaria del verano. La Junta Directiva

Emilia del Hoyo: Combinando deporte y vida entre Manresa, Sacramento y Torrubia de Soria

Origen: Emilia del Hoyo: Combinando deporte y vida entre Manresa, Sacramento y Torrubia de Soria

Publicado en www.desdesoria.es el Abr 17.17
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HISTORIAS DEPORTIVAS

Hace apenas un par de semanas, el miércoles 5 de abril, Emilia del Hoyo Pérez cambió de década. Ya tiene 20 años. Es una de las combineras más prometedoras del atletismo español: Como juvenil, tiene la tercera mejor marca de siempre en pentatlón (3.811) y la cuarta en heptatlón (5.052). Como junior es la sexta española de todos los tiempos bajo techo (3.754) y la octava al aire libre (5.161). Este año estrena categoría promesa.

Aunque nació en la localidad barcelonesa de Manresa en 1997, Emilia guarda una estrecha relación con Soria, ya que su familia procede de Torrubia de Soria. De hecho, “antes iba todos los veranos por lo menos durante dos semanas, coincidiendo con las fiestas”. Pero no solo venía en esos meses de verano. Como buena ‘soriana’, “de pequeña también acostumbraba a ir en temporada de setas”.

Ahora lleva dos años sin venir. La razón fundamental es que últimamente no la separan 400 kilómetros, sino algunos pocos miles y un océano, el Atlántico. Emilia lleva viviendo un par de cursos en la ciudad estadounidense de Sacramento, en el estado de California. Allí está estudiando ‘Kinesiology or Human Science’: “Me fui básicamente para vivir una experiencia única porque una oportunidad como esta no se te pone delante todos los días”. La joven deportista se marchó allí sobre todo porque deseaba “aprender inglés y viajar por el mundo”.

Lógicamente, el aspecto deportivo también fue valorado a la hora de cambiar de Manresa por Sacramento. Reconoce Emilia que, dado el altísimo nivel de deporte que tienen los Estados Unidos, “competir allí era un sueño”. En cualquier caso, su intención es volver a España cuando termine sus estudios universitarios, dentro de dos años.

Aunque ahora está centrada cien por cien en el atletismo, la vida deportiva de Emilia del Hoyo estuvo durante largo tiempo vinculada a otra especialidad: la gimnasia. La practicó desde que tenía tres años hasta que cumplió diez. Entonces, empezó a compaginar ambos deportes. Sin embargo, “llegó un momento en el que disfrutaba mucho más corriendo que haciendo piruetas, así que decidí dejar la gimnasia. Y aquí me tienes casi diez años después, aún sigo en este mundillo”.

Dentro de las siete pruebas de las combinadas al aire libre, su favorita es el salto de longitud, “y la que mejor se me da, las vallas”. Su idea para el futuro inmediato es seguir preparando estas pruebas combinadas, sin centrarse en ninguna especialidad en concreto.

Sus mejores marcas personas son 8.71 en 60 vallas, 6,04 en longitud, 1,66 en altura, 11,04 en peso, 2:23.25 en 800, 29,41 en jabalina, 14.22 en 100 vallas, 11,74 en triple, 25.55 en 200 y los ya citados 3.754 en pentantlón y 5.161 en heptatlón.

Además, ha sido la dominadora de la especialidad en su categoría varios años. En 2015 fue campeona de España junior en pista (pentatlón) y al aire libre (heptatlón). Ese mismo año fue sexta en el Internacional de Pruebas Combinadas Promesa-Junior. En 2014, como juvenil, también hizo doblete y fue cuarta en ese mismo Encuentro Internacional. En 2013 fue campeona al aire libre y subcampeona en pista, también como juvenil, y terminó 21ª en el Mundial al aire libre de Donetsk (Ucrania). Y en 2012, cadete, también logró la medalla de oro tanto en el campeonato de invierno como en el de verano.

Para este verano que ya se avecina, confía en repetir esa marca por encima de los seis metros en longitud y darle un mordisco al 100 vallas para bajar de 14 segundos. También espera lograr marca personal en los lanzamientos de jabalina y peso. Más a largo plazo, para el global de su carrera deportiva, no se fija ninguna meta: “No me gusta pensar en lo que puedo llegar a ser, prefiero seguir mi camino y ver dónde me lleva”.

Dentro de ese futuro, seguro que está incluido regresar a Soria. Tradicionalmente, cuando venía en verano, le coincidía con el trabajo de pretemporada, todavía nada específico, “así que muchos días me iba a la Sierra a correr o me hacía el caminito de Torrubia a Portillo con mi madre en bici”. Además de su pueblo, el otro lugar que más le gusta de Soria es Valonsadero, alma de la fiesta, de la tranquilidad y cuna de grandes campeones… de atletismo.

Los Maitines

En las noches del Lunes, Martes y Miércoles Santo se celebraban, puertas adentro de la Iglesia, los maitines, a los que solía acudir mucha gente.
Más que por motivos religiosos, creo yo, por motivos profanos en los que se ponía prueba la fortaleza generacional que los viejos comparaban siempre. Costumbre ancestral está, y bárbara que bien podía perdonarse las pinceladas salvajes por lo que tenían de pintoresco.
Previamente, los mozos, en una clara manifestación de fuerza habían arrastrado las maderas. Maderas secas que golpea harían con porras de hierro y martillos de carpintero. Los chicos, encerrados en la sacristía, donde el sacristán a medio abrir la puerta, contestaba los latines que demandaba el señor cura, puesto de pie en un ángulo oscuro, entre mujeres y hombres. A la señal del último latinajo empezaba el espectáculo. Totalmente a oscuras, como cumple estar en las tinieblas, más que una casa de oración, aquello parecía la casa del demonio donde los muertos resurgieran para solicitar el perdón del Cielo, enloquecidos de dolor, trabajando en equipo. Aquella tarima, y aquellos cajones de la sacristía llenos de casullas, y motivos religiosos pendulaban sin pausa en nuestras manos, más que las carracas, a las que no hacíamos apenas caso.
El espectáculo llegaba a su fin al encenderse las luces. Las mujeres, arrugadas y como sobrecogidas de dolor. Los hombres, en especial los mayores, semejabanse a los fantasmas, conservando entera su sapiencia para medir los ruidos y compararlos. Recogían sus chaquetas los mozos y se limpiaban el sudor de la frente con el revés de sus manos encallecidas.  Camino de sus casas se comentaban las escenas:

-¿Visteis al Remigio, que por poco no aplasta la horma del señor cura?

Remigio era sordo y pobre, nunca fue a la escuela, y apuntábase siempre a disputar el primer puesto en eso que pudiéramos llamar a “hacer el burro”.

Seguramente golpeaba la injusticia. Su padre por venía de una casta ruin, y su madre, muerta ya, había estado marcada en los libros de la parroquia, y no precisamente con la cruz de santidad

Raimundo Lozano Vellosillo

“Imágenes para un retablo”

Ilustraciones de Víctor Moreno

Sara Giménez expone en el Museo Numantino para Numancia 2017

El Mirón, periódico soriano, publico el pasado domingo la noticia de la exposición temporal de Sara Giménez, que se puede ver en el Museo Numantino durante este mes de abril.
Desde la Asociación os animamos a que asistáis a este evento, ya que es una buena oportunidad de ver las obras de nuestra paisana Sara

El Museo Numantino acoge durante este mes de abril una exposición de esculturas en torno a motivos celtíberos, realizada por Sara Giménez, con motivo de Numancia 2017.

El concejal de Cultura del Ayuntamiento de Soria, Jesús Bárez, ha destacado en la inauguración que la exposición combina perfectamente el arte antiguo con el moderno.

Sara Giménez (Torrubia de Soria, 1958), autora de la muestra, es doctora en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia.

La escultora ha realizado estatuas de bronce, inspiradas en motivos celtibéricos, algunos muy conocidos como el caballo y el guerrero y otros más desconocidos.

“He intentado hacer cada pieza diferente y creo que he sacado partido a los motivos”, ha señalado en la presentación.

La mayoría de las estatuas han sido realizadas en su mayoría en el último año. Todas las esculturas están fundidas y policromadas.

“Es un trabajo que se puede hacer hoy en día con obras de hace veintidós siglos”, ha subrayado.

http://elmirondesoria.es/soria/capital/sara-gimenez-se-inspira-en-los-motivos-de-numancia

 

La curiosa historia de Lorena, la única habitante de un pueblo de Soria

Publicación: La Vanguardia

Autor: Josep Fita

Tiene 29 años y le gusta la soledad

Vive en Pobar, una pequeña entidad local en medio de la nada

Lorena, con su rebaño (L. G.)

Hay muchas personas que no conciben la idea de vivir solas. Ya sea por miedo o porque necesitan la compañía de alguien, no se imaginan a sí mismas siendo los únicos inquilinos de un inmueble. Simplemente rechazan la posibilidad. No obstante, hay otras que se encuentran a las antípodas de este pensamiento. Sin ir más lejos, la protagonista de esta historia. Ella no sólo no tiene ningún reparo en vivir sola, sino que no tiene inconveniente alguno, todo lo contrario, en ser la única habitante de un pueblo. Se llama Lorena, tiene 29 años y es la única persona que vive en Pobar, un pueblecito de Soria.

Para ser exactos, habría que decir que Lorena ha sido la única habitante de Pobar hasta hace unos meses, momento en el que su novio, Jesús, se fue a vivir con ella. Pero hasta entonces, ella había pasado los últimos tres inviernos absolutamente sola en un pueblo que se podría tildar de semi fantasma.

Pobar es una pequeña localidad que pertenece al municipio de Magaña, en la provincia de Soria. Con la llegada del buen tiempo, esta entidad local –que es la calificación que recibe Pobar- incrementa su población. Pero en invierno, el pueblo se queda vacío. Sin embargo, desde marzo de 2012 Pobar tiene un habitante fijo en esta estación: Lorena, que aterrizó en este lugar cuando tan sólo contaba con 24 años.

Su familia, originaria de Jaca, siempre ha vivido de las ovejas. Ella tenía claro que después de acabar sus estudios –cursó el grado superior de gestión de empresas agropecuarias y de recursos naturales y paisajísticos- seguiría con la tradición familiar. Pero hacerlo en el Pirineo aragonés no era viable, por las abundantes nevadas del invierno. Así que decidió buscar un lugar en el que pudiera estar fija todo el año. “Había que encontrar un sitio en el que no hubiera otros ganaderos con ovejas, donde no hubiera mucha gente y que fuera bueno para los animales. Y me vine a Pobar”, explica a La Vanguardia.

Lorena ha pasado muchos inviernos absolutamente sola en Pobar (L. G.)

A Lorena no le asusta la soledad. Todo lo contrario, le gusta. “Hoy en día con el whatsapp tampoco estás del todo sola”, apunta. Y lo dice sabiendo que la cobertura de móvil que hay en Pobar, donde evidentemente no hay wifi, es más que precaria. Asegura que “nunca” se ha aburrido en el pueblo, ni tan siquiera cuando hace dos inviernos se tuvo que pasar casi dos semanas encerrada en casa por una gran nevada. “Me tiré unos 10 días sin ver a nadie”, recuerda.

A excepción de este último invierno, en el que ha estado acompañada de su novio, los tres anteriores los pasó sola en el pueblo. Era la única persona pernoctando en Pobar. “De día a veces veía algún agricultor”, relata, como el alcalde del pueblo, que vive en Ágreda, a 36 kilómetros. Pero muchos días los pasaba sin ver a nadie. “No lo echaba en falta”, asevera.

Explica que el trabajo no le deja “mucho tiempo para pensar”. Cuando está en la cuadra, incluso se desprende del móvil. “No le hago caso en todo el día”. Y cuando sale a pastar con las ovejas, momento en el que tiene más tiempo para meditar, se lleva un libro para leer “cuando hace buen tiempo”. A veces se distrae sólo viéndolas comer –“disfruto con ello”, asegura- o observando a los animales (ciervos, liebres…) que se encuentra por el monte.

Las primeras ovejas que tuvo en Pobar las compró a su llegada al pueblo. “Unas las traje andando desde Garray –municipio situado a unos 25 kilómetros-, y las otras me las trajeron en camión”. Ahora cuenta con unos 600 ejemplares, 1.200 si sumamos los que tiene su pareja.

A Lorena nunca le dio miedo vivir sola en un pueblo vacío. Y eso que no sólo era la única habitante del lugar, sino de las pocas personas que había en bastantes kilómetros a la redonda. Al este de Pobar, yendo por la carretera SO-P-1001, se llega a Villarraso -que también pertenece a Magaña- después de recorrer unos cinco kilómetros. “Pero ahí no vive nadie”. Si se coge la dirección opuesta, hacia el oeste, a otros cinco kilómetros y transitando por la misma carretera, uno se encuentra con La Losilla, “donde vive una pareja con una niña pequeña, pero nadie más”.

Tampoco es que en Magaña, situada a unos 9 kilómetros de Pobar, la cosa esté para tirar cohetes. “Allí viven unas cinco personas”, advierte Lorena. Pero ni rodeada de ese contexto de despoblación absoluta llegó a sentir algún temor. “Si yo fuese un ladrón, a la última casa que iría a robar sería a la mía”, explica entre risas. Cuando se enteraba de que en alguna población vecina habían robado, a lo sumo se llevaba los dos perros mastines que tiene a casa para sentirse algo más segura. “No pienso en ello, de lo contrario no viviría”, subraya.

Los perros hacen mucha compañía a Lorena (L. G.)

Aunque parezca mentira, a su novio lo conoció viviendo ya en Pobar, cuando ella era la única persona que residía en el pueblo. Fue gracias a las nuevas tecnologías. “El que nos esquila las ovejas hizo un grupo de whatsapp de pastores. Pero todos eran del norte, así que yo no iba a las cenas que organizaban. Hasta que un día me enteré de que Jesús, el que ahora es mi novio, y yo comprábamos el ganado en el mismo sitio”. Ahí fue cuando entraron en contacto “para comprar un lote conjuntamente”, fórmula que usaron para que las ovejas les salieran más baratas. Y a partir de ahí empezaron a hablar. “Hasta que un día me lo traje para el pueblo”.

Cuando ya era oficialmente novio de Lorena pero no vivía todavía con ella, Jesús sufría por el hecho de saber que su pareja estaba absolutamente sola en Pobar, sin nadie a quien poder acudir en caso de necesidad. “Todo el mundo me decía que estaba loca perdida”, rememora ella. También su madre. “Pero al final yo era feliz”, subraya esta aragonesa, y ante eso “poco podían decir los demás”.

Vivir aislado, casi en medio de la nada, puede resultar a veces pintoresco, pero en realidad comporta toda una serie de problemas logísticos. Entre éstos, de abastecimiento. Y es que no es fácil hacerse con todos los víveres necesarios que garanticen tu subsistencia cuando todo lo que alcanzan a ver tus ojos es monte.

“El pan lo tengo a 9 kilómetros. Lo compro en Almajano. Ahí tienen una escuela y farmacia”, relata Lorena. Para “la compra grande”, ella y Jesús suelen desplazarse hasta Ágreda. Ambos saben que en Almajano, que está más cerca, “pasan camiones algunos días que venden carne y fruta”. “Pero no sé qué día van y aunque lo supiera, seguramente tampoco podría ir cuando pasan por allí”, reflexiona esta pastora.

Tampoco tienen a mano ningún tipo de servicio sanitario. “En verano suele venir un enfermero rural dos días por semana. Pero en invierno no viene”, esgrime Lorena. Sin embargo, no le preocupa. Incluso se podría decir que casi lo prefiere. Y es que afirma que “cuando vas te saca muchos males”. Defiende que no se suele “poner enferma”. “Suelo coger una gastroenteritis al año. Cuando estaba sola y me ponía mala, el alcalde me sacaba a pastar a las ovejas”, recuerda.

A pesar de las dificultades, Lorena tiene la intención de echar raíces en Pobar. “¿Qué haría yo en una ciudad?”, se pregunta. Paradójicamente, dice que se “aburriría”, que “no sabría qué hacer”. Y sabe de lo que habla; llegó a vivir seis años en Zaragoza.

Varios ejemplares del rebaño de Lorena (L. G.)

De momento, ya le han dicho en Pobar que le renovarán el alquiler, que está a punto de expirar, para usar los pastos del pueblo (2.000 hectáreas) y la cuadra en la que tiene los animales durante los próximos cinco años. “Quiero comprarme una ruina, una construcción semiderruida, para hacerme una casa poco a poco”, asegura. También se ve teniendo hijos en Pobar. “No me da miedo”, concluye.

 

http://www.lavanguardia.com/vida/20170324/421123614892/curiosa-historia-unica-habitante-pueblo-soria.html

Actos de Semana Santa de 2017

Queridos socios, estas son las actividades que tiene previsto realizar la Asociación Barderas del Moncayo para la Semana Santa de 2017.

Pedimos a quien quiera participar en las mismas, se lo comunique a algún miembro de la Junta Directiva, por teléfono o correo electrónico, a ser posible antes del día 7 de Abril, para poder llevar a cabo una buena organización de los talleres. Esperamos que estas actividades sean del agrado de los socios.

Teléfono o WhatsApp: 644135526

Correo electrónico: barderasdelmoncayo@gmail.com

Jueves 13/04/2017 a) Degustación de limonada soriana
b) Lectura de la Pasión según San Juan. Horario por determinar
c) Taller de Roscos
d) Tertulia, juegos.
e) Sorteo para velar al Cristo yacente
Viernes 14/04/2017 Asamblea General Ordinaria de Socios a las 11:00 horas
a) Vía Crucis. Horario por determinar
b) Degustación de limonada soriana
c) Taller de Torrijas
d) Tertulia, juegos.
Sábado 15/04/2017 a) Degustación de limonada soriana
b) Comida o Merienda por decidir
c) Tertulia, juegos.
Domingo 16/04/2017 a) Procesión y Misa. Horario por determinar
b) Aperitivo de despedida

 La Junta Directiva

 

CONVOCATORIA DE ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA

“ASOCIACION CLUB BARDERAS DEL MOCAYO”

En cumplimiento del capítulo III, artículos 17, 18, 19, 20 y 21 de los Estatutos de la Asociación, el 14 de Abril se convoca a los señores socios a la Asamblea General Ordinaria que se celebrará en el local de la asociación de Torrubia de Soria, en primera convocatoria a las 11:00 horas o, en su caso, en segunda convocatoria, a las 11:30 horas en el mismo lugar, con el siguiente:

 

ORDEN DEL DIA

  1. Aprobar, en su caso, la gestión de la Junta Directiva.
  2. Examinar y aprobar las cuentas, en su caso, del ejercicio 2016 y presupuesto para 2017.
  3. Renovación de miembros de la Junta Directiva
  4. Fijación de cuotas par a el ejercicio 2017
  5. Aprobar o rechazar las propuestas que se presentan, en orden a las actividades de la asociación para 2017.
  6. Ruegos y preguntas

 

En virtud de lo dispuesto, se informa a los asociados sobre los derechos que le asisten según los estatutos y especialmente de lo previsto en el artículo 20 de los mismos.

(TODA LA DOCUMENTACION ESTÁ A DISPOSICION DE LOS SOCIOS PARA SU CONSULTA)

 

Torrubia de Soria, 21 de Marzo de 2017.

P.P.

 

 

 

 

El Presidente.

 

 

_________________________________________________________________

 

Sr. Presidente de la Asociación Club Barderas del Moncayo

 

Muy Sr. Mío: Ante la imposibilidad de asistir a la asamblea convocada por Vd., para el próximo 14 de Abril de 2017, le participo haber otorgado mi representación al acto y a todos los efectos, al socio portador/a de la presente

 

 

D/Dª _________________________________________________________

 

Atentamente:

 

Firmado: ______________________________