JOSE MARÍA PALACIO GIRÓN (VI)

Sexta entrega de la biografía de José María Palacio Girón un oscense enamorado de Soria.

En el año 1905 escribe como corresponsal en “El Heraldo de Madrid” y en “La Gaceta Secretarial” de Zaragoza. Aparece como Director de Gestoría Ultramar en Soria y compartiendo con su empleo de funcionario de Montes.

Se casa el 21 de octubre de 1907 en la Iglesia del Salvador de Soria con Heliodora Acebes natural de Berlanga de Duero, y prima carnal de la que será esposa de Antonio Machado, Leonor Izquierdo.

Durante 1905 y 1907 obtiene licencia de Montes para presentarse a oposiciones de sobrestantes.

Como articulista fijo deja el “Avisador Numantino” comenzando en el periódico “Tierra Soriana.”

El artículo que hoy publicamos es para conocer cómo se trataba a Soria por parte  del Gobierno en la década de 1910. No mejor que ahora. Fue publicado en Madrid de donde era corresponsal, en el periódico “La Correspondencia de España”

Heliodora (propiedad de Carmen Sanz Palacio)
Heliodora (propiedad de Carmen Sanz Palacio)

LA PROTESTA DE SORIA

Anteayer, el gobernador civil de esta provincia, Sr. Lueje, convocó a una reunión en su despacho oficial a los señores diputados provinciales, al señor alcalde de la capital y a diferentes representaciones de entidades activas sorianas.

Exigió el Sr. Lueje los proyectos financieros del Sr. Alba, la labor del Sr. Gasset la obra de conjunto del actual Gobierno a cuya obra debieran sumarse cuantos sintieran anhelos de engrandecimiento y de prosperidad para la Patria. Y de seguida, el propio Sr. Lueje excitó a los presentes  para que enviasen su felicitación a los señores conde de Romanones, Alba y Gasset, al mismo tiempo que concretaban ante el Gobierno aquellas aspiraciones de mayor trascendencia en obras públicas  para esta provincia, a fin de que pudieran ser tenidas en cuenta en el presupuesto ordinario o en el de reconstitución nacional.

Entre los reunidos cristalizó muy pronto un pensamiento contrario al que se pretendía; se recordó que no hace mucho, cuando más de cincuenta pueblos de las comarcas sorianas quedaron con sus cosechas destruidas y con daños que fueron calculados en más de dos millones de pesetas, una Comisión que fue a Madrid en representación de las fuerzas vivas que también celebraron por entonces otra reunión en el Gobierno Civil, oyó de labios autorizados promesas solemnes que no han tenido cumplimiento. La misma Comisión partió para Madrid a decir la cuantía de los daños y á exponer los remedios pertinentes  merced a indicaciones oficiales que en ningún caso podían merecer una descortesía.

Fuimos, pues, una vez más corteses los sorianos y con cortesía, con razón y con justicia expusieron los delegados autorizados una situación angustiosa que yo reflejé con verdad en telegramas publicados en estas columnas e hicieron patente el apremio , la perentoriedad de atender a la demanda de socorro de los que habían quedado en la miseria y solicitaban una mano generosa, la del Estado en tales ocasiones, que les remidiera en algo de su infortunio.

Los representantes del Poder público oyeron con mucha atención y bien explicita solicitud las demandas de los sorianos; pero en cuanto estos dijeron los que estimaban remedios adecuados, salieron pronto al paso las formas legales, el no haber créditos autorizados, todo el embarullado fárrago de nuestra administración.

De momento no se puede hacer nada; tendremos en cuenta las peticiones de Soria, para el plan general de obras públicas; las revisaremos allá en octubre y veremos lo que podemos hacer.” Esto se dijo, poco más o menos, por personalidades autorizadas.

Los pobres labradores arruinados pedían entretanto no más que simientes para sembrar y facilidades para utilizar debidamente su crédito en establecimientos bancarios. Se inició una concesión extraordinaria de Pósitos, y yo no sé si dificultades legales ó por qué, es lo cierto que dio resultados nulos.

El tiempo avanzaba, y hasta retraso las operaciones de la sementera una pertinaz sequía. Cada labrador, cuyas cosechas había destruido el pedrisco, tuvo que renunciar a todo apoyo ajeno y valérselas como Dios le diera a entender.

Solo los periódicos locales trataban de cuando en cuando de sus penurias.

Y en estas condiciones vino la reunión de anteayer en el Gobierno Civil. Las felicitaciones interesadas por el Sr. Lueje pasaron enseguida a segundo término y se impuso un nuevo espíritu de demanda justiciera, y en esta ocasión hasta de protesta por los vejamentes sucesivos y las expoliaciones repetidas inferidas a esta provincia  por los Poderes públicos.

Parece que la táctica de pagar, sufrir y callar, va a tener una fulminante transformación.

Se pedían felicitaciones por lo mismo que era motivo de enojo general aquí. En los planes de Fomento, en la aplicación del presupuesto de reconstitución no figuran ni la inmediata construcción del ferrocarril Soria Castejón, ni la del estratégico Burgos- Soria- Calatayud, ambos de un anhelo antiguo y fervoroso en la provincia.

Solo en muy secundario término se habla de esos planes de construcción  del pantano  denominado de la Cuerda del Pozo, que interesa  a varia provincias, proyectado para regular el curso del Duero.

Para su ejecución tendrán que aportar esas provincias cuanto el Estado determine.

“El Porvenir Castellano” pide que el presupuesto de reconstitución sea aplicado en proporción al volumen contributivo de cada provincia, y teniendo en cuenta  el caudal de mercedes que hasta la fecha le hayan correspondido.

En esas condiciones Soria podría tener una legítima participación en los mil y pico de millones.

Porque esta provincia, generosa hasta en pedir, no quiere su prosperidad a costa de otras, sino que sea España entera la que gradualmente prospere.

 Pero no puede conformarse  con la negación absoluta  y a fe  de que no se conforma, ha hecho una vez más, patentes sus aspiraciones a su representación en Cortes, y ha solicitado por conducto del insigne D. Miguel Moya, el apoyo de la Prensa madrileña.

Esta carta demuestra que “La Correspondencia de España” no desatiende los legítimos deseos de los sorianos, y que en apoyarlos debidamente ha tenido y tiene singular complacencia.

Lo que se pide de los representantes en Cortes por la provincia, lo que se ruega  a la Prensa madrileña, es la defensa para que el Gobierno patrocine la pronta construcción de los ferrocarriles Burgos-Soria-Calatayud y Soria- Castejón, del pantano de la Cuerda del Pozo, y la repoblación de los montes.

El ferrocarril estratégico B-S-C tiene ya una historia larga, no sé si la he referido alguna vez, y, en caso contrario no es el momento de contarla.

Esa historia se refiere al deseo vehemente de cuatro provincias por verlo construido. Se trata de una línea de gran importancia estratégica, que pondría en comunicación el Mediterráneo con el Cantábrico.

 ¿Habrá alguna, entre las llamadas secundarias más importante?.

Cuanto a la prolongación del Soria-Castejón, es un proyecto ultimado desde 1882, en que el valimiento y el esfuerzo del senador soriano D. Ramón B. Aceña consiguió la construcción Torralba- Soria, en un trazado general  titulado de Baides a Castejón.

Se consiguió también, con el apoyo del llorado y eminente Canalejas, que recordaba con cariño su primera representación parlamentaria por esta provincia, el que fuese aumentada la subvención, por kilómetro de 40.000 a 60.000 pesetas.

No sé qué leyes podrán afectar ahora ese ferrocarril, aquí donde tanto se legisla. Lo que sé es que por su ejecución trabajan en vano, desde hace mucho tiempo, Soria y Navarra.

A juzgar por las actitudes determinadas, Soria no está dispuesta a sufrir más postergaciones. La conminación es terminante: si ahora no se estiman sus solicitudes, la provincia adoptará actitudes extremas.

¿Cuáles serán esas actitudes? Ya la iremos viendo.

                               JOSE MARÍA PALACIO

                               Soria 19 noviembre 1916

 

 

En “El Porvenir Castellano” del 07/11/1912 se publica esta poesía

 La tarde llora en sus dolientes transparencias

nostalgias reales. Mecen los cipreses un brillo

verde oro, preñado de agonías y ausencias

este olor de arrayan! este sol amarillo!

El palacio es de oro; es aurea la fragancia;

dorados sean los montes…. y el corazón de oro

arrastra por las piedras de la imparcial estancia

la dulce pompa lírica de su otoñal tesoros.

Sueños con alas son las aves del paisaje

y en troncos abrazados con rosas hacen hilo

mientras en un ocaso de armonía y de encaje

arden ciudades viejas de ilusión y de olvido.

                               Juan R. JIMENEZ

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La primera pensión de Antonio Machado en Soria

Regina Cuevas Acebes, hermana de Isabel Cuevas y tía de Leonor. Dueña de la primera pensión donde se hospeda Antonio Machado, Collado 54, justo encima del conocido Bar Torcuato.
Antonio Machado, recomendado por su amigo Agustín Santodomingo, llega a Soria en Octubre de 1907 para impartir clases de lengua francesa en el instituto general y técnico y se aloja aquí. La pensión la regenta Isidoro Martínez, practicante de profesión y su mujer Regina Cuevas. Allí también hay otras personas, el doctor Iñiguez, Federico Zunón y un delineante de obras públicas. A finales del año 1907, corría ya el mes de Diciembre, los dueños de la pensión deciden cerrarla por un traslado laboral de Isidoro Martínez a San Pedro Manrique. Los huéspedes son trasladados muy cerca de allí. A la calle Estudios 7, esquina Teatinos donde los patronos son Ceferino Izquierdo, cinco años mayor que Machado, cabo de la guardia civil retirado, de un metro y sesenta centímetros de alto, hombre de cabellos castaños y ojos del mismo color, violento y con síntomas de alcoholismo y su mujer Isabel Cuevas. Tiene el matrimonio tres hijos. Leonor, de 13 años nacida el 12 de Julio de 1894 en Almenar, Sinforiano de 10 años y Antonia, de apenas dos años de edad.
Y será allí, en esta pensión, donde comienza el romance entre la niña y el poeta. La familia de Leonor espera a que esta alcance la mayoría de edad que en aquel tiempo estaba establecida en 15 años y al cumplirlos se celebra la boda el día 30 de Julio de 1909 en Santa María la Mayor de Soria. Tiene Antonio 34 años y Leonor próximos los 16.
Ceferino Izquierdo es el padrino y Ana Ruiz, madre de Machado la madrina. Oficia la ceremonia Isidro Martínez, cura párroco de la Mayor, quien tres años después también oficiaría la misa de honras fúnebres por el alma de Leonor Izquierdo, fallecida de tuberculosis el primero de Agosto de 1912.

En la fotografía Regina Cuevas, Concha Vinuesa e Isidoro Martínez patronos de la primera pensión en la que se hospedó Machado en Soria, en 1907.
Publicada por primera vez en la Revista IDIOMAS de Soria 2007, gracias a Carmelo Pérez Fernández de Velasco.
Cortesía de Jesús Bozal Alfaro director de la Escuela Oficial de Idiomas de Soria.

Jose Javier Romera Molina

 

Almenar de Soria y Leonor Izquierdo Cuevas

Por Jose Javier Romera Molina

El 12 de Junio de 1894, nace Leonor Izquierdo, esposa breve y musa permanente de Antonio Machado, como reza esta placa, en las dependencias acuarteladas de la guardia civil dentro del castillo de la villa de Almenar, siendo bautizada a los pocos días en la Iglesia de San Pedro apóstol. Su padre, Ceferino Izquierdo Caballero, natural de Cubo de la Solana, cabo, que no sargento de la guardia civil como erróneamente se escribe en algunas biografías, estaba allí destinado. Posteriormente, el 29 de diciembre de 1903, pasa al puesto de la capital de Soria para cumplir seguramente en los calabozos un arresto de dos meses, donde finalizó el año, por causas que se desconocen. La familia no lo debió pasar muy bien, porque un arresto, indirectamente también lo pagan los miembros de dicha familia. Cumplido el arresto de los dos meses el 29 de febrero de 1904 pasó destinado al puesto de Gómara.

En 1906 volvió a pedir un reenganche de otros cuatro años más. Hallándose en el puesto de Gómara, cansado de tantos destinos y de la dura y sacrificada vida militar de aquellos años, y mala paga, y viendo poco porvenir para sus tres hijos: Leonor de 13 años, Sinforiano, de 10 años y Antonia de pocos años, pide la licencia absoluta y se la conceden el 31 de agosto de 1907. Queda seguramente Ceferino jubilado con 37 años y con una ridícula pensión y a partir de entonces con casi toda posibilidad su tarea se reduce a conserje de la pensión que regenta en 1907 su mujer Isabel Cuevas Acebes. Será en Soria donde Machado llega aquel mismo año a tomar posesión de la cátedra de lengua francesa del Instituto general y técnico y será también allí, a principios de 1908 en la calle Estudios número 7 esquina Teatinos donde surge el romance entre la niña y el poeta. Tiene Leonor 13 años y Antonio 32. Romance que dos años después termina en boda en la Iglesia de Santa María la Mayor el 30 de Julio de 1909. Tres años después, a la vuelta de París del matrimonio, Leonor fallece de tuberculosis el primero de Agosto de 1912. Tenía solo 18 años. Descanse en la paz del Señor. La muerte de Leonor, hunde al poeta en una inmensa tristeza y deja profundas heridas sin cicatrizar en su alma y en su pluma. Machado, acompañado de su madre, abandona Soria una semana después. Su próximo destino, Baeza. Fue inhumada doña Leonor Izquierdo Cuevas en el cementerio católico municipal el día 3 de Agosto de 1912 y en la sepultura nº 432 grado 2º, 1º Norte. El día 13 de Mayo de 1938 exhumados estos restos, se trasladaron a la sepultura nº 810 grado 1º, 2º Norte de este mismo cementerio, con su lápida primitiva, donde actualmente permanecen.

JOSE MARÍA PALACIO GIRÓN (II)

Como continuación de su biografía decir que nació a las 5 de la mañana del 18/01/1880, le bautizo el mismo día su párroco D. Carlos Monreal y fueron sus padrinos Luis Casamayor y Vicenta Palacio de profesión sastres del pueblo sus abuelos paternos Francisco Palacio y María Fenero y los maternos Emilio Girón y Severina Estallo.

Foto Propiedad de su nieta María del Carmen Sanz Palacio
Foto Propiedad de su nieta María del Carmen Sanz Palacio

En 1912 nos deja escrito J.M. Palacio ” Antonio Machado”:

De Soria se va Machado contra su voluntad, dejando aquí trozos de su alma y de su corazón que recordará siempre como poeta y como hombre en el que caben todos los afectos hondos y sanos.

Machado quiere a Soria mucho, y se va de ella, porque se tiene que ir fatalmente.

Sus sentimientos nobles, delicados y tiernos, como los de un niño grande, capaz de sentir los dolores con una fuerza tan solo reservada a los espíritus escogidos, sufrirían demasiado en esta tierra de sus amores, y cree que no podría resistir a ese sufrimiento que no será menor desde lejos, pero ya estará sometido a otro ambiente menos torturador. Por eso se va a Baeza.

(José  María Palacio, “Antonio Machado”)

Publicado por Jesús Rubio en “Palacio, Buen Amigo, Ed. La fuente de los Incrédulos, Zaragoza 2018.”

Recordamos que Leonor la esposa de Machado había nacido en Almenar en 1894 en el castillo que en aquel momento era casa cuartel de la Guardia Civil, su padre era suboficial.

Se casó en 1909 con Antonio Machado siendo una adolescente de 15 años y falleció el 1 de Agosto de 1912 con 18 años. Después del fallecimiento A. Machado se marcha de Soria a Baeza donde imparte clases de francés en el Instituto.

Propiedad de Fundación Española Antonio Machado
Propiedad de Fundación Española Antonio Machado

Palacio le recuerda a su amigo con este escrito, que nos parece muy interesante, como expresa el sentimiento de Antonio Machado.

 

José Gil Santander

El Tren Campos de Castilla

El tren llamado Campos de Castilla parte de Madrid hacia Soria recordando los paisajes que en su día, más de 100 años atrás, el poeta Antonio Machado recorriera y plasmara en sus versos. Este literario viaje se puede realizar algunos fines de semana desde mayo y hasta mediados de noviembre. Además del trayecto de ida y vuelta, la propuesta incluye una noche de alojamiento en Soria y diversas actividades durante el sábado y domingo. A la media hora de comenzar el viaje tiene lugar la primera parada y la primera sorpresa con una animación teatral en Sigüenza. Además del bello paisaje de meseta que se contempla a través de las ventanillas del tren, al llegar a Sigüenza, los pasajeros se trasladan a la época de Antonio Machado gracias a la representación teatral sobre la vida del poeta y su obra Campos de Castilla que tiene lugar en los mismos vagones del tren. Y llegada a Soria, donde el viajero es recibido con una degustación de productos sorianos. A partir de ahí las visitas por la ciudad y los escenarios de Antonio Machado se suceden. La ermita barroca de San Saturio que se levanta sobre una antigua gruta eremítica visigoda y el monasterio de San Juan de Duero del que se conservan su espléndido claustro y su iglesia del siglo XIII, ambos son dos de las paradas ineludibles de la Ruta Machadiana. La excursión hasta las Fuentes del Duero y la Laguna Negra para conocer los paisajes que inspiraron al poeta para escribir La leyenda de Alvargonzález y la visita a la antigua ciudad de Numancia son otras dos propuestas de cada fin de semana en el tren Campos de Castilla.

El Tren Campos de Castilla 02La mayoría de los sábados, desde mayo hasta noviembre de 2016 puedes venir a Soria y pasar un fin de semana entre poetas, cultura y gastronomía. Regreso el domingo.

Fechas para 2016:

14 y 28 de mayo
11 y 25 de junio
9 y 23 de julio
3, 10, 17 y 24 de septiembre
1, 8, 15 y 22 de octubre
5 y 12 de noviembre
Otras fechas, para grupos cerrados, consultar.

Precio desde 110 € por persona, en base a habitaciones dobles, en hoteles/hostales de 2* y desde 130 € por persona, en base a habitaciones dobles, en hoteles de 4*

El precio incluye:
– Billete de tren regular Madrid-Soria-Madrid
– Degustación de productos típicos sorianos
– Amenización teatral en el trayecto Sigüenza-Soria
– Traslado en bus y visita guiada a la ermita de San Saturio y San Juan de Duero
– Traslado en bus al hotel
– Visita guiada al centro histórico de Soria
– Visita exclusiva al aula de Machado
– Visita guiada a la Laguna Negra
– Visita guiada a Numancia
– 1 noche de alojamiento en establecimiento elegido
– Desayuno
– Seguro de viaje
– Entrada al Museo Casa de los Poetas

Opcionalmente puedes completar tu paquete con otros servicios a disposición en esta web.
Si desea coger el tren en Alcalá de Henares o en Guadalajara infórmenos una vez realizada su reserva: 975 232 252

 SÁBADO
Presentación en la estación de tren de Madrid CHAMARTIN, con tiempo suficiente para coger el tren de las 08:14 horas con destino Soria. Buscar en los paneles informativos el tren Madrid-Soria y dirigirse a la vía indicada. Nuestro coche es el 1.
08:35 horas Parada en Alcalá de Henares. 08:50 hrs parada en Guadalajara. En la estación de Sigüenza, subirán los amenizadores del viaje.
11:15hrs Llegada a la estación de tren de Soria y degustación de algunos de los productos típicos sorianos, entre otros: Vino de la Bodega Castillejo de Robledo, Agua Montepinos y Torrezno de Soria.
El restaurante que colabora preparando la degustación es el Red Lion teléfono 975 213 935 en Pº del Espolón 4. Este restaurante ha preparado un menú especial, para los clientes del tren Campos de Castilla, por si fuera de su interés.
11:30 horas Traslado en bus, para visita con guía oficial a San Saturio, patrón de la ciudad. Continuación a los Arcos de San Juan de Duero.
Al terminar, traslado en bus a los hoteles. Tiempo libre.

17:30 horas Presentación delante de la iglesia de Santo Domingo (plaza Condes de Lérida, esquina calle Santo Tomé), para iniciar la visita a pie, con guía, por el centro de la ciudad. La visita termina en el aula de Antonio Machado
18:30 horas visita privada al aula de Antonio Machado y asistir a un recital de poesía. Al terminar, tiempo libre.

Disponen de entrada al Museo Casa de los Poetas (horario de 17:00 a 21:00 hrs)
Alojamiento

El Tren Campos de Castilla 01DOMINGO
Desayuno
en el hotel y maletas al bus.

08:45 horas se recoge en Parador Nacional Antonio Machado
08:50 horas se recoge en Hotel Alfonso VIII,
08:55 horas se recoge frente hotel Leonor Centro a los clientes de H. Alvi, Leonor Centro y Casa Diocesana.
09:00 horas se recoge en Leonor Mirón

El bus nos recoge en los hoteles para, siguiendo el recorrido que hiciera Machado, visitar las Fuentes del Duero y, emulando ese viaje que inspiró la Leyenda de Alvargonzález, llegar a Vinuesa y a la Laguna Negra. De la mano de un guía nos adentraremos en este singular espacio natural protegido descubriendo así sus valores naturales y culturales. (Subida a la Laguna Negra sujeta a condiciones meteorológicas). Se recomienda calzado cómodo para andar por caminos y algo de ropa de abrigo para la Laguna Negra. Al terminar, regresamos por el Valle, hasta el yacimiento de Numancia.
12:45 horas Visita incluida a Numancia
Regreso a Soria, zona centro y tiempo libre. Pueden aprovechar para hacer uso de su entrada incluida al Museo de los Poetas (horario de 17:00 a 21:00 horas) o admirar nuestro magnífico parque, Alameda de Cervantes, comúnmente llamado por los sorianos La Dehesa.

El bus les recoge a todos:
18:45 horas s El bus recoge a todos en Avda. Duques de Soria (junto a Rincón de Bécquer). Se ruega puntualidad. No olviden entregar al chófer la encuesta de calidad.
19:06 horas Salida del TREN CAMPOS DE CASTILLA, con destino Madrid CHAMARTIN. Llegada sobre las 22:00 horas

Para mas información en

Soria Vacaciones

10 Razones para subirse al Tren Camos de Castilla

 

Antonio Machado en Soria

Machado 1938El pasado día 22 de Febrero, se realizó en Soria el último de los actos que conmemoraron el 75 aniversario de la muerte de Antonio Machado (Sevilla, 26 de julio de 1875-Colliure, 22 de febrero de 1939). El acto consistió en la colocación de una placa con la efigie en bronce de Antonio Machado, colocada en la que fue Casa del Común en Soria, enfrente del Ayuntamiento.

Desde la Asociación Barderas de Moncayo queremos rendirle un pequeño homenaje publicando su biografía. Empezamos por la autobiografía que escribió en Baeza en 1913.

Nací en Sevilla el año de 1875 en el Palacio de la Dueñas. Anoto este detalle no por lo que tenga de señorial (el tal palacio estaba en aquella sazón alquilado a varias familias modestas) sino por la huella que en mi espíritu ha dejado la interior arquitectura de ese viejo caserón. En mi próximo libro hablo de él, sin más datos que mis recuerdos infantiles.
Desde los ocho a los treinta y dos a
ños he vivido en Madrid con excepción del año 1899 y del 1902 que los pasé en París. Me eduqué en la Institución Libre de Enseñanza y conservo gran amor a mis maestros: Giner de los Ríos, el imponderable Cossío, Caso, Sela, Sama (ya muerto), Rubio, Costa (D. Joaquín a quien no volví a ver desde mis nueve años). Pasé por el Instituto y la Universidad, pero de estos centros no conservo más huella que una gran aversión a todo lo académico. He asistido durante veinte años, casi diariamente a la Biblioteca Nacional. En 1906 hice oposiciones a cátedras de francés y obtuve la de Soria donde he residido hasta agosto de 1912, con excepción del año 10 que estuve en París, pensionado para estudiar filología francesa. Estudié en el Colegio de Francia dos cursos (Bedier y Meillet). En 1909 me casé en Soria (Iglesia de Santa María la Mayor) y enviudé en 1912. En 1º de noviembre del mismo año fui trasladado a Baeza donde actualmente resido. No tengo vocación de maestro y mucho menos de catedrático. Procuro, no obstante, cumplir con mi deber. Mis lecturas han sido especialmente de filosofía y de literatura, pero he tenido afición a todas las ciencias. Creo conocer algo de literatura española. Tengo una gran aversión a todo lo francés, con excepción de algunos deformadores del ideal francés, según Brunetière. Recibí alguna influencia de los simbolistas franceses, pero ya hace tiempo que reacciono contra ella.
Tengo un gran amor a Espa
ña y una idea de España completamente negativa. Todo lo español me encanta y me indigna al mismo tiempo. Mi vida está hecha más de resignación que de rebeldía; pero de cuando en cuando siento impulsos batalladores que coinciden con optimismos momentáneos de los cuales me arrepiento y sonrojo a poco indefectiblemente. Soy más autoinspectivo que observador y comprendo la injusticia de señalar en el vecino lo que noto en mí mismo. Mi pensamiento está generalmente ocupado por lo que llama Kant conflictos de las ideas trascendentales y busco en la poesía un alivio a esta ingrata faena. En el fondo soy creyente en una realidad espiritual opuesta al mundo sensible. Siento una gran aversión a todo lo que escribo, después de escrito y mi mayor tortura es corregir mis composiciones en pruebas de imprenta. Esto explica que todos mis libros estén plagados de erratas.
Mi gran pasi
ón son los viajes. Creo conocer algo algunas regiones de la Alta Castilla, Aragón y Andalucía. No soy muy sociable, pero conservo afecto a las personas. He hecho vida desordenada en mi juventud y he sido algo bebedor, sin llegar al alcoholismo. Hace cuatro años que rompí radicalmente con todo vicio. No he sido nunca mujeriego y me repugna toda pornografía. Tuve adoración a mi mujer y no quiero volver a casarme. Creo que la mujer española alcanza una virtud insuperable y que la decadencia de España depende del predominio de la mujer y de su enorme superioridad sobre el varón. Me repugna la política donde veo el encanallamiento del campo por el influjo de la ciudad. Detesto al clero mundano que me parece otra degradación campesina. En general me agrada más lo popular que lo aristocrático social y más el campo que la ciudad. El problema nacional me parece irresoluble por falta de virilidad espiritual; pero creo que se debe luchar por el porvenir y crear una fe que no tenemos. Creo más útil la verdad que condena el presente, que la prudencia que salva lo actual a costa siempre de lo venidero. La fe en la vida y el dogma de la utilidad me parecen peligrosos y absurdos. Estimo oportuno combatir a la Iglesia católica y proclamar el derecho del pueblo a la conciencia y estoy convencido de que España morirá por asfixia espiritual si no rompe ese lazo de hierro. Para ello no hay más obstáculos que la hipocresía y la timidez. Ésta no es una cuestión de cultura se puede ser muy culto y respetar lo ficticio y lo inmoral sino de conciencia. La conciencia es anterior al alfabeto y al pan. Admiro a Costa, pero mi maestro es Unamuno.”

Como bien dice Machado se presentó en abril de 1906 a unas oposiciones para profesor a las que optaban 125 candidatos para siete plazas, quedando quinto, con lo que pudo elegir entre Soria, Baeza y Mahón. Antonio se decantó por Soria, porque era el destino más próximo a Madrid, donde residía su familia y que estaba entonces a nueve horas en tren, ahora está a casi tres horas

En diciembre de 1907, al cerrarse la pensión en la que vivía Machado, los huéspedes se trasladaron a un nuevo establecimiento sito en la entonces llamada plaza de Teatinos. En la nueva pensión, regida por Isabel Cuevas y su marido Ceferino Izquierdo, sargento de la Guardia Civil jubilado, quiso el destino que el poeta conociera a Leonor Izquierdo, la hija mayor, y aún apenas una niña de 13 años. El embeleso de Machado fue tan intenso que por primera vez quizá en su vida se mostró impaciente, y cuando tuvo la certeza de que su amor era correspondido acordó el compromiso con la madre de Leonor. Había pasado poco más de un año, y los novios aún tuvieron que esperar otro hasta que ella alcanzase la edad legal para casarse. Y así, el 30 de julio de 1909 se celebró la ceremonia en la iglesia de Santa María la Mayor de Soria. Hace un mes que Leonor ha cumplido los 15 y el poeta ya tiene 34. Y contra todo pronóstico, el matrimonio fue modelo de entendimiento y felicidad, hasta tal punto que la novia niña se apasionó por el trabajo del poeta con toda la ilusión de su juventud. Así lo han referido todos los testigos de este episodio de la vida de Antonio Machado.

En Soria, el espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, siempre vivo en el poeta, le llevó a emprender una serie de excursiones por la sierra de Urbión y sus pinares, hasta las fuentes del río Duero y la Laguna Negra, escenario trágico de La tierra de Alvargonzález, el más largo poema de Machado. De Soria también fue su amistad con José María Palacio, redactor de Tierra soriana, el periódico local, y uno de los pocos con los que compartió inquietudes e ideologías en el rudo páramo castellano.

En diciembre de 1910, Leonor y Antonio viajaron a París, con una beca concedida al poeta por la Junta para la Ampliación de Estudios para perfeccionar sus conocimientos de francés durante un año. Durante los seis primeros meses, la pareja viajó, visitó los museos e intimaron con Rubén Darío y Francisca Sánchez, su compañera. Machado aprovechó para asistir al curso que Henri Bergson impartía en el Colegio de Francia.

El 14 de julio, cuando el matrimonio va a partir hacia la Bretaña francesa de vacaciones, Leonor sufre una hemoptisis y tiene que ser ingresada. Los médicos, impotentes en aquella época contra la tuberculosis, recomendaron el regreso al aire sano de Soria. Una engañosa mejoría dio paso a un fulminante final. La niña Leonor murió el 1 de agosto de 1912. Su última alegría fue tener en sus manos, publicado al fin, el libro que ella había visto crecer ilusionada día a día: la primera edición de Campos de Castilla.

Nada más morir Leonor, Antonio pidió el traslado a Madrid, pero como no había plaza, lo destinaron a Baeza, aunque él había salido de Soria ocho días después de la muerte de Leonor, el 8 de agosto de 1912, y no había vuelto hasta entonces, agradeció con sencillez el homenaje, y visitó la tumba de su mujer en ‘El Espino’.

Los alumnos del instituto Machado leen poemas del poeta ante la tumba de Leonor todos los 22 de febrero desde 1967, aunque el origen de este homenaje al poeta se remonta a 1924, cuando varios amigos del poeta, entre ellos José Tudela y Mariano Granados, decidieron depositar un ramo de flores en la lápida donde descansa la que fue esposa de Machado.

El homenaje que Soria rindió al poeta en 1932 en la plaza de San Saturio, a los pies de la ermita del patrón de la ciudad, Machado reconoció que aprendió mucho en Soria de lo que es “una escuela de ciudadanía, de participación y de democracia”.

firma

La Tierra de Alvargonzález

http://www.ivoox.com/tierra-alvargonzalez-antonio-machado_md_1594286_wp_1.mp3″

 

Una mañana de los primeros días de octubre decidí visitar la fuente del Duero y tomé en Soria el coche de Burgos que había de llevarme hasta Cidones. Me acomodé en la delantera del mayoral y entre dos viajeros: un indiano que tornaba de Méjico a su aldea natal, escondida en tierra de pinares, y un viajero campesino que venía de Barcelona donde embarcara a dos de sus hijos para el Plata. No cruzaréis la alta estepa de Castilla sin encontrar gentes que os hablen de Ultramar.
Tomamos la ancha carretera de Burgos, dejando a nuestra izquierda el camino de Osma, bordeado de chopos que el otoño comenzaba a dorar. Soria quedaba a nuestra espalda entre grises colinas y cerros pelados. Soria mística y guerrera, guardaba antaño la puerta de Castilla, como una barbacana hacia los reinos moros que cruzó el Cid en su destierro. El Duero, en torno a Soria, forma una curva de ballesta. Nosotros llevábamos la dirección del venablo.
El indiano me hablaba de Veracruz, mas yo escuchaba al campesino que discutía con el mayoral sobre un crimen reciente. En los pinares de Duruelo, una joven vaquera había aparecido cosida a puñaladas y violada después de muerta. El campesino acusaba a un rico ganadero de Valdeavellano, preso por indicios en la cárcel de Soria, como autor indudable de tan bárbara fechoría, y desconfiaba de la justicia porque la víctima era pobre. En las pequeñas ciudades, las gentes se apasionan del juego y de la política, como en las grandes, del arte y de la pornografía —ocios de mercaderes—, pero en los campos sólo interesan las labores que reclaman la tierra y los crímenes de los hombres.

— ¿Va usted muy lejos? —pregunté al campesino.
—A Covaleda, señor —me respondió—. ¿Y usted?
—El mismo camino llevo, porque pienso subir a Urbión y tomaré el valle del Duero. A la vuelta bajaré a Vinuesa por el puerto de Santa Inés.
—Mal tiempo para subir a Urbión. Dios le libre de una tormenta en aquella sierra.

Llegados a Cidones, nos apeamos el campesino y yo, despidiéndonos del indiano, que continuaba su viaje en la diligencia hasta San Leonardo, y emprendimos en sendas caballerías el camino de Vinuesa.
Siempre que trato con hombres del campo, pienso en lo mucho que ellos saben y nosotros ignoramos, y en lo poco que a ellos importa conocer cuánto nosotros sabemos.
El campesino cabalgaba delante de mí, silencioso. El hombre de aquellas tierras, serio y taciturno, habla cuando se le interroga, y es sobrio en la respuesta. Cuando la pregunta es tal que pudiera excusarse, apenas se digna contestar. Sólo se extiende en advertencias inútiles sobre las cosas que conoce bien, o cuando narra historias de la tierra.
Volví los ojos al pueblecillo que dejábamos a nuestra espalda. La iglesia, con su alto campanario coronado por un hermoso nido de cigüeñas, descuella sobre unas cuantas casuchas de tierra. Hacia el camino real destacase la casa de un indiano, contrastando con el sórdido caserío. Es un hotelito moderno y mundano, rodeado de jardín y verja.
Frente al pueblo se extiende una calva serrezuela de rocas grises, surcadas de grietas rojizas.
Después de cabalgar dos horas, llegamos a la Muedra, una aldea a medio camino entre Cidones y Vinuesa, y a pocos pasos cruzamos un puente de madera sobre el Duero.

—Por aquel sendero —me dijo el campesino, señalando a su diestra— se va a las tierras de Alvargonzález; campos malditos hoy; los mejores, antaño, de esta comarca.
— ¿Alvargonzález es el nombre de su dueño? —le pregunté.
—Alvargonzález —me respondió— fue un rico labrador; mas nadie lleva ese nombre por estos contornos. La aldea donde vivió se llama como él se llamaba: Alvargonzález, y tierras de Alvargonzález a los páramos que la rodean. Tomando esa vereda llegaríamos allá antes que a Vinuesa por este camino. Los lobos, en invierno, cuando el hambre les echa de los bosques, cruzan esa aldea y se les oye aullar al pasar por las majadas que fueron de Alvargonzález, hoy vacías y arruinadas.

Siendo niño, oí contar a un pastor la historia de Alvargonzález, y sé que anda escrita en papeles y que los ciegos la cantan por tierras de Berlanga.
Roguéle que me narrase aquella historia, y el campesino comenzó así su relato:
Siendo Alvargonzález mozo, heredó de sus padres rica hacienda. Tenía casa con huerta y colmenar, dos prados de fina hierba, campos de trigo y de centeno, un trozo de encinar no lejos de la aldea, algunas yuntas para el arado, cien ovejas, un mastín y muchos lebreles de caza.
Prendóse de una linda moza en tierras del Burgo, no lejos de Berlanga, y al año de conocerla la tomó por mujer. Era Polonia, de tres hermanas, la mayor y la más hermosa, hija de labradores que llaman los Peribáñez, ricos en otros tiempos, entonces dueños de menguada fortuna.
Famosas fueron las bodas que se hicieron en el pueblo de la novia y las tornabodas que celebró en su aldea Alvargonzález. Hubo vihuelas, rabeles, flautas y tamboriles, danza aragonesa y fuego al uso valenciano. De la comarca que riega el Duero, desde Urbión donde nace, hasta que se aleja por tierras de Burgos, se habla de las bodas de Alvargonzález, y se recuerdan las fiestas de aquellos días, porque el pueblo no olvida nunca lo que brilla y truena.
Vivió feliz Alvargonzález con el amor de su esposa y el medro de sus tierras y ganados. Tres hijos tuvo Alvargonzález, y, ya crecidos, puso el mayor a cuidar huerta y abejar, otro al ganado, y mandó al menor a estudiar en Osma, porque lo destinaba a la Iglesia.
Mucha sangre de Caín tiene la gente labradora. La envidia armó pelea en el hogar de Alvargonzález. Casáronse los mayores, y el buen padre tuvo nueras que antes de darle nietos, le trajeron cizaña. Malas hembras y tan codiciosas para sus casas, que sólo pensaban en la herencia que les cabría a la muerte de Alvargonzález, y por ansia de lo que esperaban no gozaban lo que tenían.
El menor, a quien los padres pusieron en el seminario, prefería las lindas mozas a rezos y latines, y colgó un día la sotana, dispuesto a no vestirse más por la cabeza.
Declaró que estaba dispuesto a embarcarse para las Américas. Soñaba con correr tierras y pasar los mares, y ver el mundo entero.
Mucho lloró la madre. Alvargonzález vendió el encinar, y dio a su hijo cuanto había de heredar.

—Toma lo tuyo, hijo mío, y que Dios te acompañe. Sigue tu idea y sabe que mientras tu padre viva, pan y techo tienes en esta casa; pero a mi muerte, todo será de tus hermanos.

Ya tenía Alvargonzález la frente arrugada, y por la barba le plateaba el bozo de la cara azul de la cara. Eran sus hombros todavía robustos y erguida la cabeza, que sólo blanqueaba en las sienes.
Una mañana de otoño salió solo de su casa; no iba como otras veces, entre sus finos galgos, terciada a la espalda la escopeta. No llevaba arreo de cazador ni pensaba en cazar. Largo camino anduvo bajo los álamos amarillos de la ribera, cruzó el encinar y, junto a una fuente que un olmo gigantesco sombreaba, detúvose fatigado. Enjugó el sudor de su frente, bebió algunos sorbos de agua y acostóse en la tierra.
Y a solas hablaba con Dios Alvargonzález diciendo: «Dios, mi señor, que colmaste las tierras que labran mis manos, a quien debo pan en mi mesa, mujer en mi lecho y por quien crecieron robustos los hijos que engendré, por quien mis majadas rebosan de blancas merinas y se cargan de fruto los árboles de mi huerto y tienen miel las colmenas de mi abejar; sabe, Dios mío, que sé cuanto me has dado, antes que me lo quites».
Se fue quedando dormido mientras así rezaba; porque la sombra de las ramas y el agua que brotaba la piedra, parecían decirle: Duerme y descansa.
Y durmió Alvargonzález, pero su ánimo no había de reposar porque los sueños aborrascan el dormir del hombre.
Y Alvargonzález soñó que una voz le hablaba, y veía como Jacob una escala de luz que iba del cielo a la tierra. Sería tal vez la franja del sol que filtraban las ramas del olmo.
Difícil es interpretar los sueños que desatan el haz de nuestros propósitos para mezclarlos con recuerdos y temores. Muchos creen adivinar lo que ha de venir estudiando los sueños. Casi siempre yerran, pero alguna vez aciertan. En los sueños malos, que apesadumbran el corazón del durmiente, no es difícil acertar. Son estos sueños memorias de lo pasado, que teje y confunde la mano torpe y temblorosa de un personaje invisible: el miedo.
Soñaba Alvargonzález en su niñez. La alegre fogata del hogar, bajo la ancha y negra campana de la cocina y en torno al fuego, sus padres y sus hermanos. Las nudosas manos del viejo acariciaban la rubia candela. La madre pasaba las cuentas de un negro rosario. En la pared ahumada, colgaba el hacha reluciente, con que el viejo hacía leña de las ramas de roble.
Seguía soñando Alvargonzález, y era en sus mejores días de mozo. Una tarde de verano y un prado verde tras de los muros de una huerta. A la sombra, y sobre la hierba, cuando el sol caía, tiñendo de luz anaranjada las copas de los castaños, Alvargonzález levantaba el odre de cuero y el vino rojo caía en su boca, refrescándole la seca garganta. En torno suyo estaba la familia de Peribáñez: los padres y las tres lindas hermanas. De las ramas de la huerta y de la hierba del prado se elevaba una armonía de oro y cristal, como si las estrellas cantasen en la tierra antes de aparecer dispersas en el cielo silencioso. Caía la tarde y sobre el pinar oscuro aparecía, dorada y jadeante, la luna llena, hermosa luna del amor, sobre el campo tranquilo.
Como si las hadas que hilan y tejen los sueños hubiesen puesto en sus ruecas un mechón de negra lana, ensombrecióse el soñar de Alvargonzález, y una puerta dorada abrióse lastimando el corazón del durmiente.
Y apareció un hueco sombrío y al fondo, por tenue claridad iluminada, el hogar desierto y sin leña. En la pared colgaba de una escarpia el hacha bruñida y reluciente.
El sueño abrióse al claro día. Tres niños juegan a la puerta de la casa. La mujer vigila, cose, y a ratos sonríe. Entre los mayores brinca un cuervo negro y lustroso de ojo acerado.

—Hijos, ¿qué hacéis? —les pregunta.

Los niños se miran y callan.

—Subid al monte, hijos míos, y antes que caiga la noche, traedme un brazado de leña.

Los tres niños se alejan. El menor, que ha quedado atrás, vuelve la cara y su madre lo llama. El niño vuelve hacia la casa y los hermanos siguen su camino hacia el encinar.
Y es otra vez el hogar, el hogar apagado y desierto, y en el muro colgaba el hacha reluciente.
Los mayores de Alvargonzález vuelven del monte con la tarde, cargados de estepas. La madre enciende el candil y el mayor arroja astillas y jaras sobre el tronco de roble, y quiere hacer el fuego en el hogar, cruje la leña y los tueros, apenas encendidos, se apagan. No brota la llama en el lar de Alvargonzález. A la luz del candil brilla el hacha en el muro, y esta vez parece que gotea sangre.

—Padre, la hoguera no prende; está la leña mojada.

Acude el segundo y también se afana por hacer lumbre. Pero el fuego no quiere brotar.

El más pequeño echa sobre el hogar un puñado de estepas, y una roja llama alumbra la cocina. La madre sonríe, y Alvargonzález coge en brazos al niño y lo sienta en sus rodillas, a la diestra del fuego.

—Aunque último has nacido, tú eres el primero en mi corazón y el mejor de mi casta; porque tus manos hacen el fuego.

Los hermanos, pálidos como la muerte, se alejan por los rincones del sueño. En la diestra del mayor brilla el hacha de hierro.
Junto a la fuente dormía Alvargonzález, cuando el primer lucero brillaba en el azul, y una enorme luna teñida de púrpura se asomaba al campo ensombrecido. El agua que brotaba de la piedra parecía relatar una historia vieja y triste: la historia del crimen en el campo.
Los hijos de Alvargonzález caminaban silenciosos, y vieron al padre dormido junto a la fuente. Las sombras que alargaban la tarde llegaron al durmiente antes que los asesinos. La frente de Alvargonzález tenía un tachón sombrío entre las cejas, como la huella de una segur sobre el tronco de un roble. Soñaba Alvargonzález que sus hijos venían a matarle, y al abrir los ojos vio que era cierto lo que soñaba.
Mala muerte dieron al labrador, los malos hijos, a la vera de la fuente. Un hachazo en el cuello y cuatro puñaladas en el pecho pusieron fin al sueño de Alvargonzález. El hacha que tenían de sus abuelos y que tanta leña cortó para el hogar, tajó el robusto cuello que los años no habían doblado todavía, y el cuchillo con que el buen padre cortaba el pan moreno que repartía a los suyos en torno a la mesa, hendido había el más noble corazón de aquella tierra. Porque Alvargonzález era bueno para su casa, pero era también mucha su caridad en la casa del pobre. Como padre habían de llorarle cuantos alguna vez llamaron a su puerta, o alguna vez le vieron en los umbrales de las suyas.
Los hijos de Alvargonzález no saben lo que han hecho. Al padre muerto arrastran hacia un barranco, por donde corre un río que busca al Duero. Es un valle sombrío lleno de helechos, hayedos y pinares.
Y lo llevan a la Laguna Negra, que no tiene fondo, y allí lo arrojan con una piedra atada a los pies. La laguna está rodeada de una muralla gigantesca de rocas grises y verdosas, donde anidan las águilas y los buitres. Las gentes de la sierra en aquellos tiempos no osaban acercarse a la laguna ni aun en los días claros. Los viajeros que, como usted, visitan hoy estos lugares, han hecho que se les pierda el miedo.

Los hijos de Alvargonzález tornaban por el valle, entre los pinos gigantescos y las hayas decrépitas. No oían el agua que sonaba en el fondo del barranco. Dos lobos asomaron, al verles pasar. Los lobos huyeron espantados. Fueron a cruzar el río, y el río tomó por otro cauce, y en seco lo pasaron. Caminaban por el bosque para tornar a su aldea con la noche cerrada, y los pinos, las rocas y los helechos por todas partes les dejaban vereda como si huyeran de los asesinos. Pasaron otra vez junto a la fuente, y la fuente, que contaba su vieja historia, calló mientras pasaban, y aguardó a que se alejasen para seguir contándola.
Así heredaron los malos hijos la hacienda del buen labrador que una mañana de otoño salió de su casa, y no volvió ni podía volver. Al otro día se encontró su manta cerca de la fuente y un reguero de sangre camino del barranco. Nadie osó acusar del crimen a los hijos de Alvargonzález, porque el hombre del campo teme al poderoso, y nadie se atrevió a sondar la laguna, porque hubiera sido inútil. La laguna jamás devuelve lo que se traga. Un buhonero que erraba por aquellas tierras fue preso y ahorcado en Soria, a los dos meses, porque los hijos de Alvargonzález le entregaron a la justicia, y con testigos pagados lograron perderle.
La maldad de los hombres es como la Laguna Negra, que no tiene fondo.
La madre murió a los pocos meses. Los que la vieron muerta una mañana, dicen que tenía cubierto el rostro entre las manos frías y agarrotadas.
El sol de primavera iluminaba el campo verde, y las cigüeñas sacaban a volar a sus hijuelos en el azul de los primeros días de mayo. Crotoraban las codornices entre los trigos jóvenes; verdeaban los álamos del camino y de las riberas, y los ciruelos del huerto se llenaban de blancas flores. Sonreían las tierras de Alvargonzález a sus nuevos amos, y prometían cuanto habían rendido al viejo labrador.
Fue un año de abundancia en aquellos campos. Los hijos de Alvargonzález comenzaron a descargarse del peso de su crimen, porque a los malvados muerde la culpa cuando temen el castigo de Dios o de los hombres; pero si la fortuna ayuda y huye el temor, comen su pan alegremente, como si estuviera bendito.
Mas la codicia tiene garras para coger, pero no tiene manos para labrar. Cuando llegó el verano siguiente, la tierra, empobrecida, parecía fruncir el ceño a sus señores.
Entre los trigos había más amapolas y hierbajos, que rubias espigas. Heladas tardías habían matado en flor los frutos de la huerta. Las ovejas morían por docenas porque una vieja, a quien se tenía por bruja, les hizo mala hechicería. Y si un año era malo, otro peor le seguía. Aquellos campos estaban malditos, y los Alvargonzález venían tan a menos, como iban a más querellas y enconos entre las mujeres. Cada uno de los hermanos tuvo dos hijos que no pudieron lograrse, porque el odio había envenenado la leche de las madres.
Una noche de invierno, ambos hermanos y sus mujeres rodeaban el hogar donde ardía un fuego mezquino que se iba extinguiendo poco a poco. No tenían leña, ni podían buscarla a aquellas horas. Un viento helado penetraba por las rendijas del postigo, y se le oía bramar en la chimenea. Fuera, caía la nieve en torbellinos. Todos miraban silenciosos las ascuas mortecinas, cuando llamaron a la puerta.

—¿Quién será a estas horas? —dijo el mayor—. Abre tú. Todos permanecieron inmóviles sin atreverse a abrir. Sonó otro golpe en la puerta y una voz que decía:
—Abrid, hermanos.
—¡Es Miguel! Abrámosle.

Cuando abrieron la puerta, cubierto de nieve y embozado en un largo capote, entró Miguel, el menor de Alvargonzález, que volvía de las Indias.
Abrazó a sus hermanos, y se sentó con ellos cerca del hogar. Todos quedaron silenciosos. Miguel tenía los ojos llenos de lágrimas, y nadie le miraba frente a frente. Miguel, que abandonó su casa siendo niño, tornaba hombre y rico. Sabía las desgracias de su hogar, mas no sospechaba de sus hermanos. Era su porte, caballero. La tez morena, algo quemada, y el rostro enjuto, porque las tierras de Ultramar dejan siempre huella, pero en la mirada de sus grandes ojos brillaba la juventud. Sobre la frente, ancha y tersa, su cabello castaño caía en finos bucles. Era el más bello de los tres hermanos, porque al mayor le afeaba el rostro lo espeso de las cejas velludas, y al segundo, los ojos pequeños, inquietos y cobardes, de hombre astuto y cruel.
Mientras Miguel permanecía mudo y abstraído, sus hermanos le miraban al pecho, donde brillaba una gruesa cadena de oro.
El mayor rompió el silencio, y dijo:

—¿Vivirás con nosotros?

—Si queréis —contestó Miguel—. Mi equipaje llegará mañana.

—Unos suben y otros bajan —añadió el segundo—. Tú traes oro y nosotros, ya ves, ni leña tenemos para calentarnos.

El viento batía la puerta y el postigo, y aullaba en la chimenea. El frío era tan grande, que estremecía los huesos.
Miguel iba a hablar cuando llamaron otra vez a la puerta. Miró a sus hermanos como preguntándoles quién podría ser a aquellas horas. Sus hermanos temblaron de espanto.
Llamaron otra vez, y Miguel abrió.
Apareció el hueco sombrío de la noche, y una racha de viento le salpicó de nieve el rostro. No vio a nadie en la puerta, mas divisó una figura que se alejaba bajo los copos blancos. Cuando volvió a cerrar, notó que en el umbral había un montón de leña. Aquella noche ardió una hermosa llama en el hogar de Alvargonzález.
Fortuna traía Miguel de las Américas, aunque no tanta como soñara la codicia de sus hermanos. Decidió afincar en aquella aldea donde había nacido, mas como sabía que toda la hacienda era de sus hermanos, les compró una parte, dándoles por ella mucho más oro del que nunca había valido. Cerróse el trato, y Miguel comenzó a labrar en las tierras malditas.
El oro devolvió la alegría al corazón de los malvados. Gastaron sin tino en el regalo y el vicio y tanto mermaron su ganancia, que al año volvieron a cultivar la tierra abandonada.
Miguel trabajaba de sol a sol. Removió la tierra con el arado, limpióla de malas hierbas, sembró trigo y centeno, y mientras los campos de sus hermanos parecían desmedrados y secos, los suyos se colmaron de rubias y macizas espigas. Sus hermanos le miraban con odio y con envidia. Miguel les ofreció el oro que le quedaba a cambio de las tierras malditas.
Las tierras de Alvargonzález eran ya de Miguel, y a ellas tornaba la abundancia de los tiempos del viejo labrador. Los mayores gastaban su dinero en locas francachelas. El juego y el vino llevábanles otra vez a la ruina.
Una noche volvían borrachos a su aldea, porque habían pasado el día bebiendo y festejando en una feria cercana. Llevaba el mayor el ceño fruncido y un pensamiento feroz bajo la frente.

—¿Cómo te explicas tú la suerte de Miguel? —dijo a su hermano.

«La tierra le colma de riquezas, y a nosotros nos niega un pedazo de pan.»

—Brujería y artes de Satanás —contestó el segundo.

Pasaba cerca de la huerta, y se les ocurrió asomarse a la tapia. La huerta estaba cuajada de frutos. Bajo los árboles, y entre los rosales, divisaron un hombre encorvado hacia la tierra.

—Mírale —dijo el mayor—. Hasta de noche trabaja.

—¡Eh!, Miguel —le gritaron.

Pero el hombre aquel no volvía la cara. Seguía trabajando en la tierra, cortando ramas o arrancando hierbas. Los dos atónitos borrachos achacaron al vino que les aborrascaba la cabeza el cerco de luz que parecía rodear la figura del hortelano. Después, el hombre se levantó y avanzó hacia ellos sin mirarles, como si buscase otro rincón del huerto para seguir trabajando. Aquel hombre tenía el rostro del viejo labrador. ¡De la laguna sin fondo había salido Alvargonzález para labrar el huerto de Miguel!
Al día siguiente, ambos hermanos recordaban haber bebido mucho vino y visto cosas raras en su borrachera. Y siguieron gastando su dinero hasta perder la última moneda. Miguel labraba sus tierras, y Dios le colmaba de riqueza.
Los mayores volvieron a sentir en sus venas la sangre de Caín, y el recuerdo del crimen les azuzaba al crimen.
Decidieron matar a su hermano, y así lo hicieron.
Ahogáronle en la presa del molino, y una mañana apareció flotando sobre el agua.
Los malvados lloraron aquella muerte con lágrimas fingidas, para alejar sospechas en la aldea donde nadie les quería. No faltaba quien les acusase del crimen en voz baja, aunque ninguno osó llevar pruebas a la justicia.
Y otra vez volvió a los malvados la tierra de Alvargonzález.
Y el primer año tuvieron abundancia, porque cosecharon la labor de Miguel, pero al segundo la tierra se empobreció.
Un día, seguía el mayor encorvado sobre la reja del arado que abría penosamente un surco en la tierra. Cuando volvió los ojos, reparó que la tierra se cerraba y el surco desaparecía.
Su hermano cavaba en la huerta, donde sólo medraban las malas hierbas, y vio que de la tierra brotaba sangre. Apoyado en la azada contemplaba la huerta, y un frío sudor corría por su frente.
Otro día, los hijos de Alvargonzález tomaron silenciosos el camino de la Laguna Negra.
Cuando caía la tarde, cruzaban por entre las hayas y los pinos.
Dos lobos que se asomaron a verles, huyeron espantados.
Al llegar a la laguna contemplaron un momento el agua tranquila.
¡Padre!, gritaron, y cuando en los huecos de las rocas el eco repetía: ¡padre!, ¡padre!, ¡padre!, ya se los había tragado el agua de la laguna sin fondo.

Antonio Machado

He andado muchos caminos

Este poema pertenece a su primer libro “Soledades” (1899-1902),  es escrito cuando Antonio Machado, de vuelta a Madrid, entabla una relación con Juan Ramón Jiménez y lo publica en 1903. Después, en 1907 publica “Soledades, Galerías y Otros poemas”, que es una versión ampliada del primero.

He andado muchos caminos  01
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares
y atracado en cien riberas.

En todas partes he visto
caravanas de tristeza,
soberbios y melancólicos
borrachos de sombra negra.

Y pedantones al paño
que miran, callan y piensan
que saben, porque no beben
el vino de las 03tabernas.

Mala gente que camina
y va apestando la tierra…

Y en todas partes he visto
gentes que danzan o juegan,
cuando pueden, y laboran
sus cuatro palmos de tierra.

Nunca, si llegan a un sitio
preguntan a dónde llegan.
Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja.02

Y no conocen la prisa
ni aun en los días de fiesta.
Donde hay vino, beben vino,
donde no hay vino, agua fresca.

Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sueñan,
y un día como tantos,
descansan bajo la tierra.

Antonio Machado.

 

En el año 1969, Joan Manuel Serrat, le puso música a este poema de Antonio Machado.