Nos ha dejado Nieves Vellosillo

Estamos asistiendo a la llegada a la meta de muchas personas que han convivido con nosotros muchos años y que han tenido algo o mucho que ver con nuestras vivencias personales. El implacable paso del tiempo nos llena de dolor y deja un importante vacío en nuestras vidas. En este momento nos ha dejado Nieves.

Nieves, te recuerdo cuando yo era muy niño y ya pertenecías a ese grupo de escolares que daban el salto a la mayoría de edad y que todos los pequeños envidiábamos. Cierro los ojos y veo la casa de tu padre Zacarías llena de mozos y mozas de vuestra edad, veo a tu madre Fructuosa con vosotras en el andén esperando la llegada de tren y os veo a todas las amigas (Julita, Mary, Pili, Remedios, etc) muy felices paseando por la carretera los días de fiesta por la tarde unas horas antes de ir al baile. Caminabais lento para disfrutar de las conversaciones sobre vuestros sueños y que a nosotros no nos permitíais acercarnos a escuchar. Erais realmente felices. 

Perteneciste asociada con tu marido Nicolás a nuestra asociación Barderas del Moncayo. La junta directiva y todos los asociados queremos trasladar a tu marido Nicolás, a tus hijos Alberto y Pilar, a tus nietos, a tus hermanos Fortunato, Soler y Avelina y al resto de la familia, nuestros sentimientos de dolor y solidaridad en estos amargos momentos. Rezaremos por ella y desde el cielo cuidará de nosotros.

El funeral será mañana día 8 a las 12,30 h en Torrubia de Soria.

La Junta Directiva

Loteria de Navidad 2022

Desde la Junta Directiva de la Asociación Barderas del Moncayo queremos comunicaros que ya está a vuestra disposición las participaciones de la Lotería de Navidad del 2022. Animaros, y si estáis interesados en hacer una reserva o adquirir participaciones, no dudéis en poneros en contacto con algún miembro de la Junta Directiva por teléfono, WhatsApp o e-mail. Este año sí que toca.

Actividades del Verano 2022

Estimados socios:

Volvemos a ponernos en contacto para comunicaros los actos que tenemos previstos realizar en el mes de Agosto. Desde la junta directiva de la Asociación Cultural y Gastronómica “Club Barderas del Moncayo” deseamos que sean de vuestro agrado y pedimos la máxima participación para fortalecer los lazos de unión y amistad entre nuestros asociados.

Felicidades a Jesús y Loli

Queremos felicitar a Jesús Lozano y a Loli por el nacimiento de su nieto Martín. Celebramos con vosotros el feliz acontecimiento y deseamos desde la Asociación Barderas del Moncayo compartir vuestra inmensa alegría. También felicitamos a los padres de la criatura y al resto de la familia, que estarán muy satisfechos de ver crecer, con salud la familia.

ACTIVIDADES DEL JUNIO Y JULIO

La Asociación Barderas del Moncayo realizara unos talleres y charlas divulgativas en los meses de junio y julio abiertos al público en general.

Esperamos que sean de vuestro agrado.

– 17 de junio a las 10 horas mañana

«TALLER DE RISOTERAPIA»

Organizador: Federación de Asociaciones de Mayores de Soria

-5 de julio a las 11’30 horas mañana

CHARLA DE LA «ASOCIACIÓN CONTRA EL CÁNCER»

Exposición del 5 al 8 de julio en el salón de las escuelas

-6 de julio a las 11 horas mañana

TALLER: «MAYORES SALUDABLES CON MÚSICA»

Cierre de las escuelas en Soria

Este artículo es una muestra de cómo avanzo la despoblación en la provincia de Soria en el último cuarto del siglo pasado, de esa despoblación de la que todos hablan en época electoral, pero luego ya nadie se acuerda.

Datos de la Dirección Provincial de Educación y de http://soria-goig.com/

Curso 1967/68, se cerraron 27 escuelas: Acrijos, Aldealcardo, Aldehuela del Rincón, Arbujuelo, Arévalo de la Sierra, Armejún, Fuentelárbol, Las Fuesas, La Mallona, Peñalcázar, Peralejo de los Escuderos, Pinilla del Olmo, Portelruibo, Rabanera del Campo, Rebollosa de los Escuderos, La Revilla de Calatañazor, Sauquillo de Boñices, Sauquillo de de Paredes, Sauquillo del Campo, Señuela, Ures de Medinaceli, Valdelavilla, Valdemoro, Valladares, Velasco, Ventosa del Ducado, Verguizas.

En el curso 1968/69, fueron 28: Almántiga, Ambrona, Azcamellas, Ballúncar, La Barbolla, Benamira, Borchicayada, Calderuela, Castil de Tierra, Ciadueña, Fuentecantos, Fuentelaldea, Hoz de Abajo, Jodra de Cardos, Ledrado, Montaves, Nieva de Calderuela, Nódalo, Ojuel, Ontalvilla de Valcorba, Quintanilla de Nuño Pedro, Quiñonería, Sagides, Sarnago, Tardesillas, Villar del Ala, Villarejo y Zamajón.

En el curso 1969/1970, se cerraron 18: Abanco, Barcebal, Barcebalejo, Canredondo de la Sierra, Cantalucia, Castejón del Campo, Corvesín, Estepa de San Juan, Esteras de Lubia, Fuentebella, Fuentecantales, Miranda de Duero, Nafría la Llana, La Olmeda, Paredesroyas, Valdanzuelo, Valdelubiel y Villalba.

El curso de 1970/1971 fue grave para las escuelas sorianas, se llegaron a cerrar 41 escuelas: Aguilar de Montuenga, La Alameda, Alcoba de Torre, Aldehuela de Ágreda, Arancón, Aylagas, Aylloncillo, Blocona, Bordejé, Bretún, Centenera del Campo, Cobertelada, Chavaler, Diustes, Escobosa de Calatañazor, Las Fraguas, Fuencaliente de Medinaceli, Izana, Lodares de Osma, Los Llamosos, Molinos de Razón, Montenegro de Ágreda, Moñux, Mosarejos, Nafría de Ucero, Neguillas, Nograles, Orillares, Pedro, Perdices, La Rubia, Santiuste, Sepúlveda de la Sierra, Torreandaluz, Valdeavellano de Ucero, Valdegrulla, Valdelinares, Valdenegrillos, Villar del Campo, Valtueña y Velilla de Medinaceli.

Al año siguiente, en cambio, sólo se cerraron tres. Curso 1971/72: Conquezuela, Herrer de Soria y Jubera.

Curso 1972/73, 15 centros cerrados: Aguaviva de la Vega, Alentisque, Aliud, Andaluz, Buberos, Cortos, Chaorna, Chércoles, Iruecha, Judes, Laina, Mezquetillas, Miño de Medinaceli, Torremocha de Ayllón y Valdeprado.

En el curso 1973/74 fueron 25 las escuelas cerradas: Borjabad, Cabrejas del Campo, Camparañón, Cañamaque, Caracena, Cascajosa, Cirujales, Fuensaúco, Fuentes de San Pedro, Herreros, Ledesma, Maján, Osona, Osonilla, Pedrajas, Portillo de Soria, Salinas de Medinaceli, La Seca, Taniñe, Valverde de Ágreda, Velilla de los Ajos, Villanueva de Gormaz, Villaverde del Monte, Vizmanos y Yanguas.

Curso 1974/75, en este curso se cerraron 15 centros educativos: Abión, Ciruela, Fuentestrún, Mazalvete, Momblona, Monasterio, Navalcaballo, Omeñaca, Quintanas Rubias de Abajo, Rebollo, Somaén, Torralba del Burgo, Trébago, Valdelagua del Cerro y Valderrueda.

El curso 1975/76 fue también, como el 1970/71, nefasto para las escuelas sorianas, 30 echaron el cierre: Alaló, Alcubilla del Marqués, Aldea de San Esteban, Ausejo, Blacos, Bliecos, Bocigas de Perales, Castilruiz, Cubo de la Sierra, Fresno de Caracena, Fuentegelmes, Ines, Lumías, Madruédano, Marazovel, Matasejún, Miño de San Esteban, Nomparedes, Noviales, Oteruelos, Peñalba de San Esteban, Piquera de San Esteban, Quintanas Rubias de Arriba, La Riba de Escalote, Santa Cruz de Yanguas, Segoviela de la Sierra, Tejado, Valdanzo, Viana de Duero y Villaseca de Arciel.

En el curso 1976/77 se cerraron 16: Alcubilla de Avellaneda, Carazuelo, Cardejón, Fuentecambrón, Ligos, Martialay, Mazaterón, Morcuera, Narros, Navabellida, Olmillos, Torraño, Torreblacos, Torrubia de Soria, Valtajeros y Valvenedizo.

Curso 1977/78, 8 centros cerrados: Alcozar, Alpanseque, Cubo de la Solana, Cuevas de Ayllón, Nolay, Rebollosa de Pedro, Sotos del Burgo y Torralba del Moral.

En el curso 1978/79 13 fueron las eliminadas: Aldealseñor, Las Aldehuelas, Arguijo, Barriomartín, Calatañazor, Covarrubias, Frechilla de Almazán, Peroniel del Campo, La Póveda, Santa María del Prado, Tardajos de Duero, Velilla de San Esteban y Villaciervos.

En el curso 1979/80 se cerraron 16: Almenar, Boos, Carrascosa de Arriba, Golmayo, Gormaz, Huérteles, Ituero, Recuerda, Valdegeña, Valdemaluque, Valdenarros, Valloria, Ventosa de San Pedro, Vildé, Villar del Río y Vozmediano.

A partir de este curso la tendencia va a bajar, hasta 1995. En el curso 1980/81, se cerraron 5 escuelas: Galapagares, Monteagudo de las Vicarías, Palacio de San Pedro, Rebollar y Tarancueña.

En el curso 1981/82, se cierran 6: Aldelafuente, Castilfrío, Hinojosa del Campo, Ontalvilla de Almazán, San Andrés de San Pedro y Velilla de la Sierra.

Sólo 2 se cerraron en el curso 1982/83: Pobar y Yelo.

Curso 1983/84, echan el cierre 7: Adradas, Cuéllar de la Sierra, Lubia, Quintanilla de Tres Barrios, Taroda, Torrevicente y Valderromán.

Curso 1984/85, 5: Candilichera, Espeja de San Marcelino, Magaña, Ocenilla y El Quintanarejo.

Curso 1985/86, cierran 4 escuelas: Alcubilla de las Peñas, Los Campos, Cueva de Ágreda y Velamazán.

En el curso de 1986/87, dejan de funcionar 6: Almarail, Carabantes, Oncala, San Felices, Suellacabras y Villabuena.

En el curso 1987/88, son 3 las que cierran: Bayubas de Arriba, Carrascosa de Abajo y Valdenebro.

En el curso 1988/89, dejan de funcionar 7 escuelas: Alparrache, Cerbón, Cihuela, Liceras, Morales, La Perera y Romanillos de Medinaceli.

En el curso 1989/90, dejan de funcionar 4: Carbonera de Frentes, Cigudosa, Ciria y Coscurita.

La década de los años noventa sigue la misma tendencia que la de los ochenta. Son 58 las escuelas que se cierran en estos diez años, con un constante goteo. Hay que destacar el cierre de 14 centros en el curso 1995/96: Atauta, Barca, Buitrago, Castillejo de Robledo, Cenegro, Cidones, Cubilla, Garray, Montejo de Tiermes, Los Rábanos, Reznos, El Royo, Valderrodilla y Villasayas. Las otras 44 escuelas, por fecha de cierre, son: Almaluez, Berzosa, Caltojar y Las Casas; Alconaba, Débanos, Fuentes de Magaña, Fuentetoba, Rello y Torrearévalo; Fuentepinilla y Los Villares; Barahona, Deza, Muriel de la Fuente y Muriel Viejo; Añavieja, Cuevas de Soria, Fuencaliente del Burgo, Nepas, Rejas de San Esteban, Tajueco, Utrilla y Zayuelas; Almazul, Barcones, Gallinero, Retortillo, Talveila y Ucero; Fuentelmonge, Guijosa, Medinaceli, Montenegro de Cameros, Montuenga de Soria, Renieblas y Zayas de Torre; por último, en el curso 1999/00, se cierran Fuentearmegil, La Rasa, Sotillo del Rincón, Soto de San Esteban y Tera.

FELICIDADES A MELISA Y ÁNGEL

Ha nacido Lucía. Nos alegra mucho la llegada de vuestra hija. Queremos celebrar con vosotros el feliz acontecimiento y deseamos desde la Asociación Barderas del Moncayo compartir vuestra inmensa alegría. También felicitamos a sus abuelos que estarán muy satisfechos de ver crecer, con salud la familia.

Un beso muy fuerte para toda la familia.

La Junta Directiva de Barderas del Moncayo

Semana Santa 2022

Los dos años anteriores no hemos podido celebrar nuestra Semana Santa en Torrubia de Soria.  Es una prueba durísima para todos nosotros que amamos a nuestro pueblo. Y en un momento super crítico desde el punto de vista poblacional. Nos ha tocado vivir el triste papel de ser exclusivamente cronistas de una dinámica de ausencias que no cesa y que nos duele sobremanera.

 Esperamos que la Semana Santa del 2022 podamos retomar las actividades de la Asociación y que sea el punto de inflexión que nos lleve a recobrar la ilusión que teníamos antes del inicio de la pandemia.

 El tiempo perdido hay que empezar a ganarlo este año. Comienza un nuevo desarrollo cultural y un nuevo futuro muy ilusionante que nos hará sentirnos muy orgullosos a todos lo torrubianos.

Con estas líneas, la Asociación Club Barderas Del Moncayo invita a todos los socios y amigos a que vayan a Torrubia estos días para participar de las actividades y actos religiosos que vamos a organizar.

La Junta Directiva

XX Jornadas Becquerianas en Noviercas

Informamos a todos los socios que el fin de semana del 23 y 24 de Abril se celebrara en Noviercas las XX Jornadas Becquerianas en las cuales nuestro socio José Gil Santander dará una conferencia sobre la vida de nuestra paisana Casta Esteban. Os animamos a que acudáis a los eventos que se celebraran en dichas jornadas.

El grafito de Gustavo Adolfo Bécquer en San Clemente

TOLEDO OLVIDADO Blog de Eduardo Sánchez Butragueño

En fechas recientes y por vías diferentes, de la mano de los siempre inquietos Manuel Palencia y Luis Rodríguez Bausá (o viceversa, tanto monta), ha recobrado vida el desde hace tiempo conocido grafito que Gustavo Adolfo Bécquer firmase en la soberbia portada del Convento de San Clemente hacia 1857.
Este hecho, del que se han oído versiones algo diferentes, desde la que dice que fue Valeriano —el hermano de Bécquer— quien aupó sobre sus hombros al genio sevillano para que alcanzara a escribir sobre la portada renacentista, hasta la que cuenta que utilizaron una escalera de las que usaban los serenos para encender los candiles de la ciudad, ha deambulado siempre entre la rumorología toledana sin ser nunca comprobado fehacientemente (a excepción del análisis grafológico realizado por Valle García que asevera que es auténtico). El grafito ha sido recientemente fotografiado por el genial David Utrilla para el proyecto Toledo Secreto en el que está inmerso junto a Juan Luis Alonso:

David Utrilla Hernández

Como véis, el grafito es legible, el análisis de Valle García es riguroso y el libro de Jesús Cobo Alejandra (y otros temas becquerianos) ha desvelado muchos de los misterios que rodeaban el hecho. Sin embargo faltaba la prueba, la evidencia definitiva de que nadie hubiera inventado la leyenda escribiendo el nombre a comienzos del siglo XX cuando se redescubre la figura de Bécquer. Y esa prueba sólo podía llegar de la mano de la fotografía histórica. Ese era mi reto, mi pequeño grano de arena que completara estas entusiastas y brillantes investigaciones.
Comencé a repasar las primeras fotografías de esta portada en el siglo XIX, y pronto hallé la más antigua, sin duda valiosísima. El Museo Victoria and Albert de Londres conserva una toma de Charles Clifford datada nada menos que en 1853, tan solo un año posterior a las fotografías más antiguas conocidas de la ciudad. Esta imagen fue revelada por el galés al revés (yo os la ofrezco ya invertida) y ha sido recientemente digitalizada por el museo inglés (recomiendo pinchar para admirar los detalles). Su datación, anterior a 1857 que es la fecha en la que los últimos estudios ya citados datan el grafito, podría aportar luz pues debería no aparecer en la imagen. Sin embargo, por milímetros, Clifford dejó fuera de la toma la zona donde se sitúa la firma del poeta:

Portada del Convento de San Clemente en 1853 fotografiada por Charles Clifford. Victoria and Albert Museum, London

Había que seguir indagando entre las fotografías de los pioneros que retrataron la ciudad. La búsqueda en imágenes estereoscópicas resultó infructuosa. También fracasó la búsqueda de alguna fotografía de la portada tomada por Jean Laurent. Había que abordar el archivo del gran fotógrafo toledano del XIX: Casiano Alguacil. Este fotógrafo hizo al menos tres fotografías de la portada. El archivo municipal de Toledo me facilitó una copia en alta resolución de la que ofrecía mayores posibilidades de éxito dada su perspectiva. Sin embargo, de nuevo la mala suerte impedía salir de dudas: la zona del grafito estaba desenfocada.

Portada del Convento de San Clemente hacia 1880. Fotografía de Casiano Alguacil. Ayuntamiento de Toledo

Las posibilidades se agotaban. Hasta que una noche, entre sueños, me vino a la cabeza una fotografía inexplorada. La colección de la casa Léon & Lévy tomada en Toledo hacia 1875-1880 incluía una vista de esta portada con la particularidad añadida de estar hecha a media altura. Con esas siglas —Léon & Lévy— fueron conocidos en París los fotógrafos Moisé Léon y Jules Georges Lévy, establecidos en la década de 1860 en la capital de Francia. A partir de 1873 fueron los hijos de Lévy —Lucien, Jules y Ernest— quienes se hicieron cargo de la empresa, que pasó a llamarse Lévy & Cie, aunque mantuvieron la marca comercial L. L. Por la datación de las imágenes de Toledo, debió ser alguno de los hijos de Lévy —probablemente Lucien— quien tomase la instantánea. Había que conseguir a toda costa una copia en alta resolución de la placa. El fondo es propiedad en la actualidad de la casa Roger Viollet, con quien me puse en contacto. Finalmente, 35,40 € después, pude con enorme alegría comprobar que, efectivamente, la leyenda era cierta: ya hacia 1875-1880 podía verse el grafito de Bécquer escrito en la portada:

Portada del Convento de San Clemente hacia 1875-80. © Léon et Lévy / Roger-Viollet
Portada del Convento de San Clemente hacia 1875-80. © Léon et Lévy / Roger-Viollet (detalle)
Grafito de Gustavo Adolfo Bécquer fotografiado hacia 1875-80. © Léon et Lévy / Roger-Viollet (detalle)
Grafito de Gustavo Adolfo Bécquer en la Portada del Convento de San Clemente en 2012. Fotografía de David Utrilla para Toledo Secreto

Dado que el sevillano murió en 1870 sin ser demasiado valorado por la sociedad del momento («Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo»), y puesto que el hecho del grafito no fue conocido hasta que su amigo José Casado del Alisal lo narrase en julio de 1886 en el Balneario de Uberuaga de Ubilla muy poco antes de morir, es impensable que nadie hubiese podido falsificar el grafito antes de la fecha de la imagen.

La figura de Bécquer fue en gran medida redescubierta a comienzos del siglo XX. En esa época fue cuando saltó a la luz pública la existencia del grafito de Toledo. Sucedió el 25 de febrero de 1915 en las páginas de El Eco Toledano de la mano de Juan Moraleda y Esteban, presente en aquel balneario de Uberuaga 29 años antes. Moraleda no quiso citar el lugar exacto por preservar el grafito:

Noticia del grafito de Bécquer en Toledo por Juan Moraleda publicada en el Eco Toledano el 25 de febrero de 1915 2
Juan Moraleda y Esteban

Sin embargo, al día siguiente, un anónimo en el Diario Toledano desvelaba el secreto para indignación y disgusto de Moraleda:

Noticia del grafito de Bécquer en Toledo publicada en el Diario Toledano el 26 de febrero de 1915

Desde entonces, el grafito fue conocido por las minorías culturales de Toledo (nunca hasta ahora por el gran público), siempre envuelto en ese halo de misterio de las cosas no del todo confirmadas. Hoy 21 de marzo de 2012, en el día internacional de la poesía, creo que es una buena ocasión para decir bien alto que, en Toledo, las leyendas a veces son totalmente reales.

Se trata sin duda de un lugar lleno de encanto que nunca ha pasado desapercibido a los intelectuales, quien sabe si atraídos por esta historia. Buñuel hizo que Catherine Deneuve paseara delante de esta portada en su Tristana:

Calle de San Clemente, Toledo, en 1969 (Captura de "Tristana" de Buñuel)

Esperando haber contribuido a reivindicar la fotografía histórica como una utilísima herramienta para desentrañar el pasado, os dejo con el vídeo donde Manuel Palencia explica la historia del grafito:



José María Palacio Girón XII

José Gil Santander

Acabo de recibir de la Editorial Instituto de Estudios Alto aragoneses, el libro que estábamos esperando gracias a Jesús Rubio Jiménez a quién cedí todos los documentos encontrados en la investigación de este personaje importante para los sorianos para ayudar a escribir un gran libro, el título es » José María Palacio Girón. Un regeneracionista aragonés en Castilla·»

El libro con más de 400 páginas y de las dedicadas a su biografía superan las 180 páginas, ha sido publicado por la Diputación de Huesca y esperamos la presentación por el autor en Soria.

Lo dejamos en el año 1915 por lo tanto continuaremos con situaciones del año 1916 en la que es nombrado Delegado del Sindicato de Promoción de Negocios Industriales y Financieros según noticia publicada en El Porvenir Castellano, crea El Comité Provincial del Montepío de Aseguradores Españoles, el sigue con todos los cargos y trabajos que tenía anteriores no olvidemos que era Director de un periódico y profesor en la Escuela Normal de Soria, además de ser corresponsal de un montón de periódicos ., le nombran corresponsal en Soria del periódico del Día de Madrid.

En el año de 1917 le nombran corresponsal de El Día Gráfico de Barcelona y de La Tribuna de Barcelona y además crea La Academia Normalista para estudiantes de Magisterio a todo esto, le nombran Habilitado en la Escuela Normal de Soria

En 1918 Deja de ser profesor de las asignaturas de Física y Química en la Normal, consigue el ascenso en su trabajo de Montes a 4º Oficial, deja la dirección del periódico “El Porvenir Castellano” para preparar oposiciones y obtiene licencia para opositar como profesor en Historia al Magisterio. Le cesa el director como auxiliar interino de letras de forma injusta, para colocar a un amigo, el revuelo que se arma en prensa de Soria y de Madrid y reclaman el Alcalde y el Gobernador, hace que un diputado de Soria pida explicaciones al Ministro en las Cortes y a los pocos días lo reponen en su puesto, pero como profesor de otras asignaturas, aunque después le cesan como auxiliar interino de Ciencias, tomando posesión a los dos días de Letras. Lo dejamos en el final de 1918.

El artículo pertenece a sus «Crónicas íntimas».

“Precisamente hoy, mi entrañable amigo y poeta, hace un año que murió mi Rosario, aquella hija de mi alma que a pesar de su corta edad supo mucho del dolor y del sufrimiento.

¡Pobre hija mía! Murió en Sábado de Gloria y su cuerpecito enfermo fue a la huesa en el día de Pascua de Resurrección. ¡Qué significativo! Un año de gloria para ella ¡Quién lo duda! y de dolor para sus padres. Después de ese tiempo el dolor ni mengua ni crece. Es siempre igual; será siempre lo mismo. Quizás el dolor es el sentimiento más puro y más hondo de nuestra alma.

Pocos días hace que usted me envío una tarjeta de felicitación en mi santo. En ella escribía usted que nada sabe de mi vida en larga temporada. Y esa vida es invariable de lucha de cansancio a ratos, de hastío en otros, de amargura algunas veces de sufrimiento siempre. ¡Quién sabe si tienen razón los pesimistas cuando dicen: ¡ se vive y se sufre!. Así tiene que ser.

En esta fecha triste quiero dirigir a usted estos renglones desde este periódico de nuestros cariño. A usted mi gran amigo, poeta de las almas del dolor.

En estas tierras pardas y rocosas poetizadas por su lira inmortal, en las que tenemos afectos comunes, hemos rendido y rendimos nuestros dolores. El alma angelical de una mujer inteligente y bonísima, digna de usted, trunco en un día aciago su felicidad. Y en otro día aciago, la fatalidad, el Supremo hacedor, clavó en el corazón de una madre y en el mío una espina perenne.

Sobre las tumbas sagradas de nuestros seres queridos flota mucho más que un recuerdo.

¡Leonor! ¡Rosario! Usted, mi excelente amigo puede hacer de su poesía trozos de rosas, de jazmines, de azucenas blancas, de lirios azules.

Yo no puedo hacer otra cosa que coger materialmente esas flores del natural y cubrir unas tumbas Gloriosas, sí, porque están nimbadas por la inocencia, por el candor y por la bondad.

¡Un año! ¡Cuatro años! Qué largo es el tiempo a veces.

¡Pobre hija mía! Un día cogimos muchas rosas, su madre y yo, y las colocamos sobre la sepultura. Pero las esparcimos con lágrimas y mientras ellas asomaban en las mejillas de sus padres, sus hermanas, mis otras hijas, rezaban de rodillas con una religiosidad grandiosa. Rezaba hasta María Antonieta cuando no había cumplido tres años. ¡ Y como (…..) de estos angelitos !. Vea usted si tengo razones para invocarle en esta crónica que siente el corazón y la pluma no puede escribir cumplidamente.”

José María Palacio

¿Un año! A don Antonio Machado

 El Porvenir Castellano 3 de abril de 1916

Edificio CHD donde trabajo José María en Valladolid desde 1929

Poesía

I

Ya habrá cigüeñas al sol,

mirando la tarde roja

entre Moncayo y Urbión.

II

Se abrió la puerta que tiene

gonces en mi corazón,

y otra vez la galería

de mi historia apareció.

Otra vez la plazoleta

de las acacias en flor,

y otra vez la fuente clara

cuenta un romance de amor.

III

En la parda encina

y el yermo de piedra.

Cuando el sol trasmonta

el río despierta.

¡Oh montes lejanos

de malva violeta!

En el aire en sombra

solo el río suena.

¡Luna amoratada

de una tarde vieja,

en un campo frío,

más luna que tierra.

ANTONIO MACHADO

El porvenir Castellano 26 de junio de 1924.

La Carta

Raimundo Lozano Vellosillo

   Vestida siempre de negro, como metida dentro de un equipo hacia la muerte. Refajos y sayales. Toquilla de lana gruesa envolviendo sus hombros, y la cabeza, cubierta siempre con pañoleta, aquella gruesa pañoleta de lino, regalada el día de su santo por una amiga que vivía en Badalona.

   Flaca, morena, más bien baja y nada torpe, tía Eloísa hubiese pasado desapercibida a no ser por sus grandes ojos, abiertos, vidriosos y, sin embargo, vacíos, muertos hacía ya muchos años, consecuencia de un abandonado desprendimiento de retina.

    Acomodada en una silla de anea, en la puerta de su casa hacia punto con gran soltura, hablaba y callaba. O andando deprisa, de arriba para abajo, sin salirse nunca de la calzada. Sus visitas a la familia solían ser improvistas, aunque frecuentes, excepto cuando el mal tiempo, que permanecía quieta, silenciosa dentro de su casa. Tristorra. Como si el viento y la lluvia le afectasen.

   Sorda y totalmente ciega, se impuso la obligación de ser útil, no ser un estorbo para la familia ni para nadie. Adquirió la costumbre y el tacto de las cosas: hacer fuego, aderezar las comidas, fregar, abrasadas las puntas de sus dedos, sin protestar nunca. Como una verdadera y eficiente ama de casa.

   -Necesito hablar – decía algunas veces.

   Sabía exactamente el año, mes y día de la semana que su hijo partió para el Servicio Militar. Llovía mucho y, sin embargo, no falto a su despedida en la estación, al pie del vagón de madera de aquel tren que daba resoplidos entre los terraplenes.

   Hacia largos silencios y, de pronto, lloraba. Y pensaba. ¿Por qué tanta desgracia sobre ella?  ¿Por qué la muerte inesperada de su marido, y ahora su hijo que no volvía de la guerra? ¡Dios, Dios! Exclamaba con alguna frecuencia.

   Así pasaron muchos días, meses, años. Preocupada siempre y siempre pensando. Como pegada a las desgracias. Llorando, hablando, sola, haciéndose la señal de la cruz sobre la boca no pocas veces.

   Sebastián, su marido, tirando a sentimental, un hombre honrado, leal, mas con algo de cobardía, fue amenazado de ser llevado a los juzgados de la capital si no devolvía el dinero más los intereses a su debido tiempo. El día exacto del vencimiento. El préstamo no era mucho, no era importante, más si la avaricia del prestamista. Un tipo gordo, llamado Miquelón, que gozaba asustando a la gente, haciéndoles la puñeta. Prestándoles dinero a intereses de escándalo.

   Sebastián, asustado, no cesaba de pensar en ese día, funesto día de septiembre, el vencimiento de la deuda. Y de sufrir. Trabajando sobre los terrones de una tierra reseca por aquel otoño que no llovía nunca. Y él amenazado por el juicio en la capital, acaso destinada a la cárcel. No conseguía serenar su cerebro. No hablaba nada en casa, menos aun con la familia.

   Y la tragedia

   El hombre que atendía las barreras del paso a nivel dio la noticia.

  – He visto a un hombre arrojarse al tren en marcha, embozado en una manta a cuadros.

   Era Sebastián.

   Cinco años después llegaba la guerra. Nada sabíamos de las verdaderas causas, cuál era el motivo, ni tampoco la gravedad de aquellos momentos. Lejos de los tanques y de las bombas, sólo de tarden en tarde llegaban noticias a través de algún soldado que militaba en la retaguardia, o por el boticario, que poseía un aparatejo que hablaba solo, decía, y daba noticias del frente: de los muertos, que solían ser siempre del lado contrario, del enemigo. Del bando que denominaban rebeldes.

   Pero el boticario y el médico vivían en otro lugar, a cinco leguas de camino de herradura, y allá sólo llegaban los familiares amigos de un enfermo que precisaba medicinas.

   Adolfo, el hijo mayor de tía Eloísa, cuatro años de casado, hubo de incorporarse al frente sin nunca haber disparado un tiro, sin nunca haber poseído una escopeta de verdad. ¡Y vaya bien que lo pasaba al principio!

  “Estamos estupendamente. Somos veintiséis carabineros defendiendo el pueblo. Como no hay mozos, paseamos y bailamos con las mozas, jugamos con los chavales y los viejos a las cartas. Hacemos guardia de doce en doce horas. De tarde en tarde, algún “rojillo” sobre las montañas, al que hacemos blanco si no sabe retirarse a su debido tiempo”

   Era domingo cuando mi padre nos leía en tono grave, no exento de alegría, tan simpática carta. Más ya la realidad, en esos precisos momentos era otra. Adolfo y sus veintitantos compañeros habían sido fusilados.

   Cercados en una torre, casa de campo, los del otro bando se habían hecho con el teléfono. Así supieron cuántos estaban, de que armamento disponían. Si estaban o no estaban bien preparados.

  -Disparad hasta el último cartucho, la última bala. Dentro de unas horas estaremos con vosotros…

   ¡Ya lo creo que estuvieron!

   Sin viático y sin nadie que cantara los latines. Un pañuelo ajustado a la nariz y a la boca, el culetazo, la asfixia. Y el tiro de gracia.

   Era jueves y dábamos geografía en la escuela. Sobre un mapa de varios colores, don Modesto, el maestro, rubio, alto y con los ojos azules, que había nacido en Calatañazor, como la señora Petra, nos explicaba el macizo de los picos de Urbión, la Laguna Negra, el pantano de la Muedra, el nacimiento de los ríos Araviana y Rituerto, nuestros ríos, que después de regar tierras fértiles engrosarían el rio Duero, para finalmente morir en el Atlántico, siendo navegable en su desembocadura por Oporto.

   Qué hermoso estudiar aquello tan nuestro. Desde luego, mucho más cercano que el Guadalete, que estaba lejísimos, allá en la baja Andalucía, donde los moros derrotaron a don Rodrigo. Y donde después los moros, después,  fueron derrotados por los nuestros. Don Modesto era muy castellano, y bien que se notaba.

   Nosotros vivíamos, ni envidiados ni envidiosos, como nos decía algunas veces don Modesto, que para eso era un poco sabio, o mucho, mas alguien se llevaba a nuestros mozos a tierras que no conocían, a matar así, por las buenas, como se matan las liebres y las perdices en el monte, o por el campo abierto.

   Sin pasar la guerra por aquí, sin oír un solo disparo, ya eran cuatro los jóvenes por los que se rezaba en la misa de doce de cada domingo. La iglesia se invadía de humos y toses con aquella cera barata, a todas luces falsificada su elaboración, que a veces chisporroteaba por el salpicar próximo y continuado de las lágrimas.

   La prensa, aquel periódico provinciano, llegaba cada dos días llenas sus páginas de muertos y prisioneros. La llegada del hombre de los pantalones de pana roya, que es el que repartía las cartas y los telegramas, se esperaba con verdadera impaciencia. Era el cartero rural de varios pueblos.

   -Oiga, señor cartero, por favor, ¿no hay carta para mí? Me engaña, me engaña.

   Era un día de mucho sol y mucho viento, y tía Eloísa no cesaba de hablar y de reír.  Por el portal de su casa cacareaban las gallinas con el pescuezo pelado. Parecían estar muy contentas.

   Las comadres creían en las adivinadoras, en los moscardones y en las mariposas. Opinaban alegres, frotándose las manos.

 -Mañana habrá carta con buenas noticias…

   Prueba de que el moscardón, que rozaba con sus alas el cristal de la ventana, era de colores alegres. No negro, el de las malas noticias. Poseían, también, mucha fe en el “chillido” de los oídos. Alegres noticias, si es el derecho. Tristes, si es el izquierdo.

   Tía Eloísa, ciega y sorda, vivía pendiente de sus oídos, o de aquellas suaves mariposas que solían abundar, libremente, por aquellos pueblos clavados en la propia naturaleza, de donde los huertos familiares se llenaban de flores y árboles frutales. No las veía, más si sentía la seda natural de sus alas abiertas.

   La carta venia escrita con tinta negra, letras despatarradas, renglones torcidos. Como de una mano nerviosa, redactada a barullo sobre un papel de cuaderno con rayas azules, como aquel que anotaba las cuentas el que suministraba la carne y el que vendía las legumbres y las patatas.

   Analizada despacio, la carta decía así:

    “Muy señores míos: Tengo a bien escribirles para darles una mala noticia: Adolfo ha muerto. Él y sus compañeros han sido fusilados dentro de una casa de campo en la que estaban parapetados. Cayeron en manos de los “rojos” y solo pudieron escapar tres. Sabemos que sus restos fueron enterrados en una zanja, debajo de los olivos, fuera del camposanto. Cualquier día nos tocará a nosotros. Descanse en paz nuestro compañero Adolfo, un buen amigo. Reciban ustedes mi más sincero pésame”

   Fechada en Boltaña, Huesca, la carta la firmaba Feliciano, un desconocido Feliciano del que ya nunca llegamos a saber nada.

   Basilio, hermano menor de Adolfo, iba haciéndose mozo. Era un mocete ya. Aún a pesar de tan profunda tristeza por aquel hermano suyo desaparecido para siempre.  Y que sin embargo, había que ocultar a su madre, dolorosamente pensando en sus noches de soledad, desesperadas y largas noches de vigilia.

   Ya la guerra había terminado, aunque para tía Eloísa aún continuaba, y continuaría varios años más, justificada la ausencia de Adolfo, hecho que requería mucha imaginación, y valor. Inventarse y leerle cartas imaginarias, de mentira, que ella entendía solo por señas junto al candil de aceite o a plena luz del día.

   Así pasaron diez, doce años.

   Aunque la guerra ya había terminado, pues nunca una guerra podía durar tanto, tía Eloísa continuaba con su “chillar” de oídos y el sedoso pasar de las mariposas, a la espera de esa nueva carta que el hombre de los pantalones de pana roya le seguiría entregando con extrema puntualidad. Porque así estaba pasando.

   Como en años anteriores, también hubo en las vísperas de Semana Santa unas misiones. Frailes que predicaban a fondo para despertar la conciencia de los pecadores, con terribles frases y ponderados ejemplos de desahucios, desdichas, manifiestos para todos aquellos que , descarriados, permanecían pasivos, rehuyendo voluntariamente el rebaño de Cristo.

   Todos asentían, hombres y mujeres. Movían afirmativamente las manos, la cabeza, les parecía que aquellos ejemplos, a modo de reprimenda, eran de sentido común. Aquellos frailes defendían la comunidad, recomendaban la lectura diaria del Evangelio. Y la confesión. Eso, la confesión de los pecados, única forma de morirse en paz.

   La última noche, en el último sermón, intervenía también el párroco, don Severiano. Habló de los muertos en la guerra, de cómo los buenos vencieron a los malos, a los enemigos de Dios. Aquellos que fueron invitados a la mesa del Señor y, sin embargo, no quisieron, voluntariamente no quisieron, acaso porque carecían de fe y de esperanza para salvarse.

   Basilio, ya en casa, lloraba y callaba. ¿En qué lado esta su hermano? Murió sin que las campanas tocaran a muerto. Sin poderse confesar, acaso sin ese preciso momento de paz que alivia y recubre al moribundo, que le da opción a salvarse mediante el oportuno arrepentimiento. En Gracia de Dios.

   Allí estaba otra vez la carta. Aquella carta con los renglones torcidos, fría, sobada, que ya tanto conocía tía, y que ahora, más que nunca, se le presentaba aguda y dolorosa, cada vez más dolorosa.

   Basilio que se acuesta tarde aquella noche. Tembloroso.  Tiembla, también, el humo sucio de la vela amarilla. Quiere dormir, hace grandes esfuerzos por dormir, pero no puede. Ni siquiera reza, acostumbrado a rezar siempre.

   Larguísima noche, que dura ya más de diez años, sufriendo los mismos insomnios, leyendo la misma carta, las mismas mentiras.

   -Mañana, mañana se lo descubro todo. No pasará nada. Un lloro, tal vez muchos lloros. Más lutos, más velas, unas misas y después paz, esa bendita paz que tanto precisamos todos, incluso ella, insatisfecha y preocupada como suele estar siempre.

   Y sucedía que al día siguiente nunca pasaba nada.

   Ella, tía Eloísa, con los puntos y la calceta en la puerta de su casa, dicharachera y alegre. Entre nubes y claros, bronceada al sol, con melancolía, radiografiando el ambiente. Momento en que ella, bostezando en el aire, sonrió, como dibujando una ligera mueca. Dirigiendo se a su hijo:

   -Pues yo te digo que hoy habrá buenas noticias. Me chilló mucho el oído toda la noche, el oído de las noticias buenas, y he rezado a Santa Rita, que es la que más sabe en eso de buscar cosas. Ella es quien mejor sabe dónde está mi hijo.

   Basilio la escucho parado. Se levantó, saco la carta del fondo de un jersey de lana gris, aquel jersey confeccionado primorosamente por su madre. Aquella carta amarilla, muy sobada por el uso. Pero, una vez más le pudo el miedo, y, con ella en las manos, sintió temblores, sensación de angustia. Pensó que tal vez era más prudente guardársela de nuevo en el bolsillo. ¿O eliminar de una vez la nostalgia de la aventura? Balbuceo:

   -No, no puede ser. Mejor callar, Puede enfermar mi madre y complicársenos aún más la vida, ya bastante complicada.

   Se lo decía así mismo, en aquellas circunstancias tan especiales, aun pensando en aquellos silencios los tenía que soportar como un gran suplicio. Soportando no poca bilis.

   Tía Eloísa, pasados unos meses, cayó enferma, muy enferma. No dormía algunas noches, en la somnolencia no cesaba de suspirar, de decir disparates, trapicheos de muertos, brujas y aparecidos. Por sus manos descarnadas, huesudas, afloraban las arterias azules, moradas, verdes. Abría y cerraba los puños, quizás golpeada por la fiebre. De pronto, empezó a gritar, diciendo:

— Su traje de primera comunión. Un niño pleno de bondad, un mozo guapo, fuerte, lleno de inocencia. Y aquella maldita guerra. Pero, ¿por qué aquella manía de hacerse carabinero? ¡Señor, Señor, tanto tiempo sin verlo!

   Basilio pensó que el momento había llegado.

   Reunida la familia más íntima, Basilio mostro la carta a su madre, aquella carta con los ribetes oscuros, muy negros, que era la carta de la VERDAD, escrita y firmada por un desconocido Feliciano, y que aún ella percibió su negrura al trasluz de la ventana entreabierta a la calle soleada.

   -¡Ha muerto mi hijo!… Ha muerto, ¿verdad? Y ¿cuándo fue?

   -Ayer. Fue ayer…

   Basilio, como aturdido, se esforzaba en mover la boca despacio, echándole bocanadas de aliento, que es como ella mejor entendía.

   Hubo un breve silencio, profundo.

   Basilio se separó de la cama, donde tía Eloísa tiritaba como sumergida ya en los últimos delirios. Sin esperanzas, pues su pulso, descontrolado y roto, anunciaba que a la anochecida tocarían a muerto las campanas de la parroquia.

   -¿Por qué no me lo dijiste ayer?…

   Fueron sus últimas palabras.

   Y a la muerte pasó, pensativa y serena, suave como el roce de las mariposas.

La carta y otros cuentos

Raimundo Lozano Vellosillo.

ACOTADO DE CAZA OJO

Por Juan A. Gómez-Barrera

No sabemos si Josemi Lorenzo Arribas, que mantiene abierta esclarecedora página sobre «grafitos históricos» en la sección Rinconete del Instituto Cervantes, estará de acuerdo con la categoría otorgada a la célebre pintada, ya inexistente, de ‘Peña Somera’. Es este uno de los abrigos más bellos de cuantos pueblan Valonsadero, y durante muchos años sus pinturas compartieron espacio con la inscripción que aquí se escribe. Pero hasta una cosa así, tan destructiva, tiene su aquél o su gracia.

Hace ya muchos años que escribimos que entre la treintena larga de abrigos con pinturas rupestres esquemáticas del Monte Valonsadero [de la Edad del Bronce, que no neolíticas] destacó siempre el llamado ‘Peña Somera’, mas no lo hacía tanto por su contenido –una clara muestra pastoril con la representación de un pequeño rebaño de doce cuadrúpedos, un esteliforme y un antropomorfo a modo de pastor– como por el desgraciado anuncio que sobre él alguien, en algún momento, pintó. Lo curioso es que de tan brutal destrozo siempre sacamos el lado bueno: enseñar a cuantos lo visitaran lo que nunca debía hacerse sobre una obra de arte, cualquiera que fuera su valor o interés.

José María Martínez Laseca y el autor, en fotografía tomada por E. Baquedano, ante la pintada de ‘Peña Somera’ hace ya cuarenta años.

El Servicio Territorial de Cultura de la Junta de Castilla y León en Soria, atento a nuestras investigaciones y demandas, dio, el ya lejano 15 de julio de 2014, un paso de gigante en la custodia, protección y conservación del arte prehistórico de Valonsadero al encargar limpiar, por fin, el panel artístico de aquella estación, «ilustrada» desde hacía más ochenta años con el célebre «Acotado de caza ojo». Aquel día, las gestiones iniciadas tiempo años atrás por Elena Heras dieron su fruto y el experto en conservación Eudald Guillamet consiguió dar por eliminado tan inocente, inoportuno y desagradable rótulo.

La historia la hemos contados muchas veces y en absoluto se remonta al 25 de noviembre de 1973, cuando fue denunciada por Marcos Molinero en su columna de ‘Soria-Hogar y Pueblo’. Seguramente ya lo vio Bruno Orden, descubridor sin saberlo de las pinturas, y desde luego lo conoció, aunque jamás la citase en sus escritos, Teógenes Ortego. De este puede resultar significativo que nunca publicase imagen directa del panel, pese a lo excepcional del conjunto, lo que hace pensar que ya existía el grafiti, y que, por sus cargos, a la sazón Inspector de Enseñanza Primaria y Comisario Provincial de Excavaciones Arqueológicas, se «avergonzase» tanto del hecho que no creyera oportuno hacer público algo que podría empañar la fama de cultos que tenían

[y tenemos] los sorianos. Más aún, cuando José Camón Aznar necesitó iluminar su libro ‘Las artes y los pueblos de la España primitiva’ [Madrid, 1954] con alguna figura de los entonces recientes y afamados hallazgos de Valonsadero, eligió entre otras los motivos de ‘Peña Somera’, pero no publicó fotografía de su panel sino su calco, en el que no constaba rasgo alguno de semejante barbarie. Por lo demás, salvo referencias concretas a la pérdida de algún tema por lascado natural de la roca, acción del fuego de las hogueras o efectos erosivos del clima, nada escribió Ortego en sus artículos –editados entre 1951 y 1983– que hiciera la más mínima referencia al estado de conservación en que se encontró las pinturas y, menos aún, al modo de protegerlas. Es verdad que Ricardo Apraiz, que actuó de cronista en la prensa soriana del «descubrimiento» tan solo cinco días después de producirse [11 de agosto de 1951], pidió en su artículo que «no se acotase el terreno con cerramientos metálicos, ni con otros de madera, ni tampoco con los más resistentes de ladrillo o mampostería» y sí que se estudiasen y se instalase un letrero en términos parecidos a estos: «Las pinturas de estas rocas datan de tiempos neolíticos. Cerca de mil inviernos de este clima rudo que a tantos venció no lograron destruirlas; ahora que conocemos su valor, su conservación queda encomendada a la cultura de los que las visitasen». No sabemos si tan sugerente cartel llegó a emplazarse alguna vez a la entrada del monte o en las proximidades de las covachas; de lo que sí tenemos constancia es del deterioro antrópico que estas muestras artísticas han sufrido a lo largo de su historia, en la mayoría de los casos más por ignorancia que por vandalismo. Con todo: ¿llegó a conocerlo Ricardo Apraiz?; ¿se lo enseñó Teógenes Ortego a Severo Ochoa cuando el Premio Nobel visitó el monte en los primeros días de junio de 1967?; y, puestos a preguntar, ¿por qué nunca publicó Ortego una fotografía directa de este abrigo y sí del vecino, ‘El Peñón de la Solana, del que poco se ve?; y, más aún, ¿por qué no honró la gentileza de Bruno Orden que fue quien le mostró las pinturas?; ¿o es que ya las conocía Marino Zaforas que las fotografió en 1940? Hoy sospechamos que, incluso antes de esa fecha, pastores y jornaleros del monte, y tal vez algún que otro ganadero de La Verguilla, sabían de la existencia de pinturas en las rocas de Valonsadero sin conocer su valor.

Siempre pensamos que el irreverente grafito al que nos referimos cubría ya el panel de ‘Peña Somera’ cuando en 1951 se vio, por vez primera, con ojos científicos.

Creímos, hasta el 21 de septiembre de 2021, que debió figurar en el abrigo desde mediada la década de los veinte del pasado siglo y que su responsable último no sería otro que Ricardo Maíz y Velarde [más conocido por el «Bilbaíno», por residir en Bilbao aunque fuera mejicano nacido en Monterrey], subarrendatario del aprovechamiento de la caza del monte Valonsadero y a quien, en enero de 1923, el Ayuntamiento «autorizó a construir una casa en el monte Valonsadero [la actual Casa del Guarda] con la condición de que terminado aquel contrato quedase el edificio en beneficio de la finca». Aquella explotación cinegética [especialmente de conejos] la llevó a cabo el admirado industrial [cuya fama procedía de su generosidad, ora donando un buen número de aquellas piezas al Hospicio para que con ello se obsequiase a los asilados, ora regalando los «toretes» necesarios para que la Cruz Roja llevase a cabo sus benéficas becerradas] entre 1922 y 1932, y al expirar este se encargó de aquella la Sociedad de Ganaderos, que, entre otras cosas, tendría que luchar contra las cacerías furtivas. La pintada de ‘Peña Somera’ sería una consecuencia del «Coto de Valonsadero» controlado por aquel.

 Pero, como se dice, el 21 de septiembre pasado, nuestro pensamiento varió por completo: no en la «ignorancia supina», en lo que a la pintada se refiere, de Ortego Frías; sí en su autoría. Y es que, en la mañana de ese día, con los cuadrúpedos de ‘Peña Somera’ como testigos, tuvimos la suerte de escuchar la verdad del asunto por boca de Poldo [Leopoldo Corces Rodríguez, nacido en 1930 en el pueblecito burgalés de Gumiel de Hizán] quien siendo niño acompañó a su padre, provisto de un bote de pintura negra y de una brocha de tasugo adquirida en la droguería de Clemente Valladares, a la tarea que se le había encomendado: indicar en aquel lugar del monte que aquellas tierras, de Valonsadero y no de Pedrajas, estaban «acotadas de caza». Poldo vivió en Valonsadero con sus padres, en la Casa de la Ciudad, de los cuatro [1934] a los 12 años [1942] y en ese tiempo,en el que se llevaría a cabo el acto «pictórico», el aprovechamiento de la caza ya no estaba en manos de Ricardo Maíz sino de la Sociedad de Ganaderos presidida por Martín Gonzalo.

Juan A. Gómez-Barrera es Doctor en Geografía e Historia, Catedrático jubilado de Instituto y Académico Correspondiente por Soria en la Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona.

Zapatería, 18

Por Juan A. Gómez-Barrera

UN LUGAR PARA SALVAGUARDAR

El Plan Especial de Reforma Interior y Protección del Casco Histórico del Excmo. Ayuntamiento de Soria, de mayo de 1994, dice de este edificio que es un “espacio libre a mantener” y que en él pueden llevarse a cabo obras de restauración, rehabilitación y reforma. Nuestras investigaciones más recientes añaden al interés municipal que entre 1868 y 1872 vivió en él Francisco Bécquer y, a lo largo de 1888, Ricardo España

Visto hoy, a pie de calle, el lugar no parece tener más atractivo que el arco de medio punto, dovelado y de grandes sillares en sus jambas, que da forma a su puerta de acceso y el cuerpo superior sobre él, segunda y tercera planta, que sustituye la sillería de la primera

por un rojizo tapial de ladrillo de tejar. El maderamen del portón continúa en los ventanales y en un prolongado alero de notables, aunque sencillas zapatas; y sobre las hojas de la puerta y vanos, el hierro forjado instruye cerradura, tirador, grilletes y, de forma especial, rejería y balcones. El informe técnico lo sitúa en la manzana 47.393 del conjunto urbano, en la referida calle de la Zapatería, entre medianeras.

 De tres plantas, de propiedad particular y uso habitacional, el siglo XVII, como fecha aproximada en su construcción, le aporta un grado de interés «histórico» por encima de que presente «mejor nivel» que la media de los edificios de la calle, que resalte en su tramo de la vía, y que mantenga con decoro algunos de sus elementos atípicos. Una mayor descripción, a falta de la visualización de su arruinado interior en el que destaca el

hueco de la escalera según testimonio del arquitecto Julián Gallardo, nos habla de siete dovelas en el arco de entrada, de marcada línea de imposta con sendos bloques horizontales, y de cuatro grandes sillares en cada una de sus jambas, sillares que se dejan ver también en la pequeña ventana que se abre a la derecha de la puerta. El revoque de cemento cubre, en el resto de la planta, el sillarejo o, quizá, la mampostería que lo forma,

mientras una baldosa en blanco ofrece en negro el referido 18. Encima, en la primera planta de ladrillo, en simetría con el azulejo numerado, una placa de lata o chapa denuncia que en otro tiempo disfrutó el edificio de seguro contra incendios, en tanto que la forja del balcón salido, retorcido en uno de sus lados y sin suelo, desvencija ahora el carácter de su espacio. Mientras, el tercer piso, segundo de ladrillo, guarda simetría de huecos, pero reduce el ancho de la balconada.

 Es de creer que los arquitectos del concejo no precisen de relato alguno, y menos de este calado, para salvaguardar inmueble tan singular. De hecho, si en la situación en que se encuentra ha llegado hasta aquí, se deberá, seguro, a sus propios dictámenes. Mas, por si acaso, hay un argumento documental, guardado en los propios legajos del Archivo Municipal y hasta hoy desconocido, que nos confirma con absoluta rotundidad que en el segundo piso vivió, entre 1868 y 1872, Francisco Bécquer, el tío «Curro» de Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer. Más aún, en 1888, habitó en esa misma casa, como huésped, Ricardo España Migueltorena, quien, algunos años después, «en su prestigiosa escuela» situada primero en los números más altos de la calle Puertas de Pro y más tarde en el 13 de Aduana Vieja, sería maestro muy querido de personajes tan significativamente sorianos como Eduardo García Ballenilla, Aurelio Rioja de Pablo, Félix Sánchez Malo, Mariano Granados Aguirre, Agustín Ruiz Cabriada o nuestro inefable Blas Taracena Aguirre.

  Por nadie de ellos -ni por el singular maestro venido de Burgos ni por estos u otros discípulos que aquí pudieran citarse- haríamos campaña para instalar una placa de homenaje de habitabilidad, pues otros deberían ser los honores a ellos reservados, pero sí lo haríamos por Francisco Bécquer Domínguez que, aunque no fue la causa de la llegada de los Bécquer a Soria, ni estos pusieron nunca sus pies en Zapatería 18, fue vecino de este lugar y no de la plaza de Herradores y a Soria llegó, en noviembre de 1866, instalándose en el número 6 de la plaza de Teatinos, seguramente para servir de apoyo a su sobrino Valeriano que arrastraba a dos hijos [Alfredo y Julia] de corta edad y gozaba de una beca cortesana para inmortalizar con sus pinceles los tipos de la España romántica.

 Queda así todo dicho, pero los fastos que vienen -conmemoración del 150 aniversario

del fallecimiento de Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer- tal vez exija más precisión. Y

es que para muchos estudioso de la obra de los Bécquer, al menos para los que han investigado su relación con Soria, la estancia en esta del tío «Curro» fue determinante. Con todo, apelamos a lo que en su día recogimos en el artículo «El solar donde vivieron los Bécquer» [HDS, 10.02.2020] para recordar que entonces se hizo público el contenido de la ficha 479 del padrón municipal de Soria de 1867 que, a la sazón, venía firmada a 10 de agosto de aquel mismo año por Francisco Bécquer, rubricando con ella que, de naturaleza sevillana y de estado en viudedad, residía en el número 6 de la plaza Teatinos desde hacía 10 meses [es decir, desde noviembre de 1866], y que lo hacía en compañía de su hijo Emilio, de 25 años de edad y soltero.

Detalle fotográfico de la casa núm. 18 de la Calle de la Zapatería (Imagen, JAGB, 2020).

 A los pocos días de la edición de estos datos dimos con tres nuevas fichas de empadronamiento, muy determinantes. La primera, en el conjunto de hojas del padrón de 1867 correspondientes a vecinos que habían cambiado de domicilio al formarse el nuevo censo de noviembre de 1868, está reseñada con el número 613 y se refiere a la casa número 18 de la calle de la Zapatería que dice estar «desalquilada», pero bajo esa indicación aparece el nombre de «D. Francisco Vequer», como si este tuviera ya reservada dicha vivienda. La segunda, la número 654, es la «hoja de padrón de vecinos y familias domiciliadas y residentes» en Soria, en el año 1872 y en el 18 de la calle de la Zapatería, donde figuran, por este orden, Francisco Bécquer Insausti, Emilio Bécquer García y Antonia Pascual Camarero, con sus fechas y lugar de nacimiento [04.10.1814, Sevilla; 05.05.1844, Sevilla; y 17.01.1852, Soria], su estado y profesión [viudo y cesante; soltero y estudiante; y soltera y sirvienta] y el tiempo de residencia en el lugar, en cuya casilla

del cabeza de familia figura el dato de «5 años». Y la tercera y última ficha, hallada entre las rectificaciones al padrón de 1872, que reproduce los datos de este, pero con los nombres tachados, nos aporta la fecha 31 de diciembre de 1872 bajo ellos y, en caligrafía diferente, nos informa que el empadronado «se traslada a Madrid».

 En plena redacción de esta página, el investigador José Ignacio Esteban Jáuregui nos ofreció un elemento hasta ahora desconocido en la biografía del tío de los Bécquer: la profesión de Francisco era la de «Oficial de la Sección de Fomento», otra cosa es saber si en Soria llegó o no a ejercerla.

 Pero hablábamos del inmueble «Zapatería, 18», que, pese a algunos vestigios góticos impostados a la vía, pudiera ser el más antiguo de la calle, con particularidades arquitectónicas muy respetables y, desde ahora, con un componente simbólico que nuestras autoridades harían bien en aprovechar para reconvertir aquella en la «Casa de los Bécquer».

Juan A. Gómez-Barrera es Doctor en Geografía e Historia, Catedrático jubilado de Instituto y Académico Correspondiente por Soria en la Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona.

RESUMEN DE UN AÑO COMPLICADO

Fotografia cedida por Jesús Lozano

Estamos concluyendo un año lleno de luces y sombras. La Junta directiva de nuestra Asociación Barderas del Moncayo quiere transmitir una muy calurosa felicitación navideña a los asociados y a todos los que de una u otra forma quieren para nuestro pueblo Torrubia de Soria un futuro lleno de oportunidades e ilusión.

Este segundo año de la pandemia ha vuelto a limitar de forma muy importante nuestros auténticos deseos de encontrarnos, como es habitual, en los eventos que programamos, en semana santa, en verano, en nuestras fiestas del Pilar y en la antesala de navidad con las hogueras de Santa Bárbara. Deseamos que pase pronto esta pesadilla y que el próximo año, que será el noveno de la vida de nuestra institución, podamos ya desarrollar con normalidad nuestras actividades.

Si pasamos revista a los hechos que han acontecido en nuestro en nuestro entorno los dividiremos en grupos:

 1-Los familiares y amigos que nos han dejado aquí para guiarnos desde el cielo.  Recordamos a Nicolás Enciso, Marina Vellosillo, Emiliana Gaya, Enrique Pérez, Dolores Santamaría, Gloria Gaya, Raimundo Lozano y Rober Gaya. A todos nuestro recuerdo y nuestras oraciones.

2- Los que han venido a traernos ilusión y esperanza. Nos congratulamos y abrazamos a sus familiares especialmente a sus padres. A los recién nacidos los acogemos con mucha ilusión, deseamos lo mejor para ellos y que sepan que siempre tendrán nuestro apoyo:

Día 20/11/2021 Mateo, hijo de Oscar y Marta y nieto de Benito y Marce.

Día 22/11/2021 Ainara, hija de Víctor y Ana y nieta de Serafín y Pili

Día 13/12/2021 Carlos, hijo de Luis y Rosa y nieto de Carlos y Rosa y a su vez, bisnieto de Marcelo y Puri.

3- Los eventos que pudimos realizar en verano fueron tres.

– Una velada literario-musical con la obra de teatro “Mi mal cortada pluma”, escrita para nuestro pueblo como homenaje a nuestra paisana Casta Esteban y Navarro, esposa de Gustavo Adolfo Bécquer. Se realizó al aire libre junto a la iglesia en un entorno ideal.

– Conferencia sobre Casta Esteban a cargo de nuestro torrubiano y asociado José Gil Santander. Nos deleitó con su ingente y exitoso trabajo de investigación. Sus trabajos tienen para Torrubia de Soria un valor incalculable y se apreciará en no muy largo plazo.

-Concierto de música de cámara a cargo del Grupo Cinema Trio en nuestra maravillosa iglesia de San Miguel Arcángel.

4-Los trabajos de investigación realizados por nuestros asociados José Gil y José Carlos Martínez Gil se han centrado en Casta Esteban y su familia que afecta muchísimo a nuestro pueblo y en la elaboración de los árboles genealógicos de un gran número de apellidos de los habitantes de Torrubia de Soria. Trabajo enorme que podemos afirmar sin duda a equivocarnos que es único. ¿Qué institución elabora árboles de todos los apellidos de su pueblo?

5- Obras realizadas en nuestro municipio. Se ha inaugurado recientemente el camino natural que transcurre por la antigua vía del tren que cruza el término municipal de Torrubia de Soria (el de mayor km. de recorrido tiene) y que apoyará el desarrollo cultural de nuestro pueblo. También se han arreglado paredes y tejado de la casa-museo de Casta Esteban.

Os deseamos a todos una Feliz Navidad y un mejor Año 2022. 

La Junta Directiva

Diciembre 2021

Entra en servicio el camino natural entre Ciria y Valcorba

Noticia por gentileza del Heraldo-Diario de Soria

El trazado, en la antigua Santander-Mediterráneo, discurre por 11 municipios y tiene 43,5 kilómetros / Sufragado por el MAPA, el proyecto ha costado 2,4 millones

P. PÉREZ SOLER 16 de diciembre de 2021, 8:03

El trayecto por el que un día pasaron viajeros de la antigua línea ferroviaria Santander Mediterráneo entre Valcorba y Ciria es hoy un nuevo camino natural, abierto desde ayer para el uso del público. Son 43,5 kilómetros que discurren por 11 localidades, reconvertidos para ofrecer «nuevas posibilidades de ocio», según destacó la delegada del Gobierno, Virginia Barcones, durante la puesta en servicio de este nuevo tramo del Camino Natural Santander-Mediterráneo. 

Las obras, ejecutadas por Tragsa, han supuesto una inversión de 2,4 millones, cofinanciados por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, a través de la Dirección General de Desarrollo Rural, y el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural, y se enmarcan en el Plan Nacional de Desarrollo Rural. 

El camino discurre por las localidades de Alconaba, Candilichera, Cabrejas del Campo, Almenar de Soria, Aliud, Buberos, Villaseca de Arciel, Portillo de Soria, Torrubia de Soria, Reznos y Ciria

El acondicionamiento de este trazado ha consistido en actuaciones de adecuación de la plataforma, con el saneo y la estabilización de taludes, así como la ejecución de las obras de drenaje necesarias. También se han restaurado y acondicionado antiguos puentes ferroviarios y el túnel situado en el municipio de Ciria, que tiene 245 metros de longitud. Además, se ha dotado al camino de mobiliario y señalización, así como áreas de descanso, como la que se encuentra a la altura de Martialay, donde ayer tuvo lugar la presentación.

Turismo

Barcones puso a este camino como ejemplo de turismo sostenible y ecológico «que, además, está teniendo gran receptividad a mayores de quienes aquí vivimos».  Destacó en este sentido las posibilidades de ocio que suponen al ofrecer además al usuario una forma de turismo alternativa y respetuosa con el entorno. «Significa fomentar la practica de actividades deportivas, la educación ambiental y la interpretación de la naturaleza», indicó la delegada del Gobierno incidiendo en la riqueza que debe generar para la zona el atractivo que este camino ofrece a los usuarios y las posibilidades de desarrollo que genera.  

Para la representante del Gobierno en la comunidad «la práctica del cicloturismo, del senderismo y de otras actividades vinculadas con la naturaleza y la salud, son la base de un turismo ecológico al alza que tenemos que saber aprovechar como instrumento de impulso para nuestros pueblos en una zona, en una provincia y una comunidad autónoma que tiene como principal reto ganarle la batalla a la despoblación». 

El itinerario forma parte del gran corredor que es el Camino Natural Santander-Mediterráneo, «de gran interés tanto por su longitud como por conectar con otros recorridos de la Red de Caminos Naturales, y con la red europea EuroVelo, así como con los caminos de Santiago y del Cid», según fuentes del MAPA. 

El tramo acondicionado se suma a los más de 170 kilómetros del mismo camino puestos ya en servicio en Castilla y León, en las provincias de Soria y Burgos.

 A la puesta en servicio asistieron alcaldes de los municipios por los que discurre este tramo, así como los senadores Luis Rey y Gerardo Martínez, y el subdelegado del Gobierno en Soria, Miguel Latorre. Barcones destacó la «implicación» de los representantes municipales en el proyecto de este camino natural, de cuyo mantenimiento se encargará la Diputación, a la que hace unos días se entregaron las obras. Entre los presentes, no se encontraba ningún representante de la institución provincial, aunque sí estaba invitada al acto, según la Delegación del Gobierno. 

NOS HA DEJADO ROBER GAYA GARCÉS

En éste horroroso mes de noviembre, acabamos de conocer esta mala noticia que nos llena de tristeza y pesar a todos los torrubianos y amigos. A veces la vida nos trata de una manera muy cruel robándonos a un ser querido y con toda la vida por delante. Estoy seguro que en el cielo tendrá una recompensa importante porque es de justicia. A Rober lo había tratado muy poco al igual que a su hermano Juli, pero sí guardo muy buenos recuerdos de toda su familia. Recuerdo con mucho cariño a su padre Julio Gaya Almajano (se llamaba igual que mi hermano) que era una magnífica persona, alegre y generosa. Estaba siempre dispuesto a ayudarnos en nuestras correrías juveniles aportándonos algunos medios muy escasos entonces, por ejemplo, siempre ponía a nuestra disposición su vehículo para trasladarnos a las fiestas de pueblos cercanos o de otros asuntos que fuera necesaria su ayuda.  De la familia de su madre Felisa siempre recordaré a sus abuelos Macario y Petra, así como sus tías Josefina y Sol con mucho cariño. En mis años colegiales en Soria me trataron como de la familia.

En nuestra Asociación Barderas del Moncayo tu marcha ha producido un gran dolor y tu ausencia es muy sentida. Todos nuestros miembros transmiten a toda la familia y en especial a su madre Felisa y a su hermano Julio sus condolencias, quieren que sepáis que estaremos siempre con vosotros, que rezaremos por Rober y que desde el cielo él siempre velará por nosotros.

El velatorio se instalará a partir de las 17 h de hoy día 29 en el Tanatorio Municipal de Soria Sala 5 Premium.

Avelino Gaya

ADIOS RAIMUNDO LOZANO VELLOSILLO AMIGO Y AMANTE DE LA CULTURA

Se nos ha marchado Raimundo. Estamos muy tristes porque hemos perdido una gran persona, un amante de Torrubia de Soria, un hombre con grandes virtudes y un gran colaborador habitual con nuestra Asociación Barderas del Moncayo. Siempre ha estado aportando sus trabajos y sensatas opiniones. Su sensibilidad está presente en todas sus obras y para nosotros son la mejor obra de nuestras bibliotecas. Se ha marchado:

“Aquel niño que soñaba

Y soñaba cantando.

Soñaba con tantas cosas…

¡soñaba tanto!

Resuena en mi mente con claridad tu poema TORRUBIA. Que sentimiento tan profundo y qué dolor produce dejar lo amado e iniciar caminos con un futuro desconocido. Decías:

” Qué lento, pero qué deprisa

El tren cortaba la llanura

Rasgando ese velo que

Tapaba aún la incertidumbre

De las cosas venideras”

Has dejado una huella imborrable en nosotros. Has sabido transmitir y perpetuar los auténticos sentimientos sobre nuestras raíces y costumbres. Que placer produce leer tu obra tanto en poesía como en prosa y recordar la dureza de nuestra tierra y la humildad de nuestros paisanos. Como se ha soñado y luchado por mejorar el estatus de vida y el de nuestras familias.

Pero la vida compensa, a veces, en ese paso tan difícil como es dejar lo que conoces, lo que quieres e iniciar una senda nueva, muy difícil e incierta. Tiene que premiar al que utiliza los fundamentos mamados en su infancia: la humildad, el esfuerzo por aprender, el trabajo bien hecho, la responsabilidad, el sentido común, y el deseo de superación y de progreso. Y en tu caso es evidente. Sufriste mucho porque eras un joven inteligente, de profundos sentimientos, un poco reservado y muy observador. Y supiste sufrir en silencio.

Y en esa lucha, en el camino surgió el amor. Tu encuentro con Berta, persona sensible, amante también de la cultura y buena persona dio sentido a tu vida. Desde aquí, todos los miembros de nuestra Asociación Barderas del Moncayo, te transmiten los profundos sentimientos de dolor que nos produce su marcha, que rezamos por él, que estamos contigo y que deseamos seguir contando con tu gran ayuda y apoyo. Raimundo desde el cielo seguirá apoyando a nuestro pueblo y nosotros recordándolo siempre. Hasta siempre paisano y amigo.

El funeral “corpore insepulto” tendrá lugar el día 27 a las 12,30h en la capilla 3 de los Servicios Funerarios de Torrero en Zaragoza. El velatorio se encuentra instalado en la sala 4 de los mencionados Servicios Funerarios.

Avelino Gaya

GLORIA GAYA ALMAJANO SE MARCHÓ CON TEODORO

Un poco más de dos años y medio después de dejarnos tu marido Teodoro Sanz te has reunido en el cielo con él. Para mí Gloria has sido una persona importante y que con tu marido habéis influido bastante en la forma de abordar muchos aspectos de mi infancia y juventud. Vecinos mejores es difícil de tener. Se conjugaban en vosotros una serie de valores fundamentales como el trabajo, esfuerzo, espíritu emprendedor, generosidad, amor a vuestro proyecto familiar y sobre todos destacaba siempre vuestro buen carácter, simpatía y espíritu de colaboración. No he visto nunca una situación que no fuese abordada de manera positiva.

Cuando nos dejó Teodoro ya dejé constancia de lo que valoraba de él. Pero la verdad es que todo lo que exprese en aquel momento es extensible a ti Gloria. Erais una auténtica pareja y que os complementabais de una manera perfecta.

Quiero mencionar también a vuestros hijos a los que traslado mi pesar personal, así como a vuestros yernos, nietos y resto de la familia. Habéis tenido unos padres ejemplares y os debéis sentir muy orgullosos de ellos. Os recuerdo a todos cuando erais muy niños y teníamos mucha relación sobre todo en el verano que era cuando yo más tiempo estaba en Torrubia.

Nuestra Asociación Barderas del Moncayo también se une a vuestro dolor y queremos deciros que estaremos siempre a vuestro lado, que rezamos por Gloria y que siempre estará en nuestros corazones. Nuestra Asociación trabaja incansablemente por fortalecer esas huellas tan profundas que han dejado en todos nosotros y estamos seguros de que no les defraudaremos porque tendremos su ayuda desde el cielo que tanto necesitaremos.

Se podrán dar las condolencias a la familia esta tarde en el tanatorio Pallejero de Calatayud de 17:00 horas a 20:00 horas y la misa será mañana a las 11:00 horas en la iglesia de San Antonio.

Avelino Gaya